Claudia Valcárcel no improvisa, no se permite grietas y no deja que nada —ni una crisis pública, ni un cliente poderoso, ni una mujer demasiado brillante— escape a su control.

Vega Serrano no ha venido a obedecer. Ha venido a decir la verdad, aunque incomode, aunque queme y aunque la mujer que dirige la sala la mire como si fuera un riesgo imposible de clasificar.

Cuando una campaña audiovisual sobre representación sáfica estalla en plena Gran Vía, Claudia y Vega quedan atrapadas en una guerra de reputación, secretos corporativos, testimonios robados y decisiones que pueden destruir carreras. Entre salas de crisis, hoteles en la Sierra, reuniones a puerta cerrada y noches demasiado largas en Madrid, la tensión profesional empieza a convertirse en algo mucho más peligroso.

Porque el deseo no debería mezclarse con el poder.

Porque una cláusula de confidencialidad no puede encerrar lo que ya arde.

Y porque algunas mujeres no llegan para salvarte la reputación, sino para obligarte a mirar de frente todo lo que llevas años evitando sentir.

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