ICE QUEEN DE MADRID (Amores de proximidad forzada nº 1)
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CAPÍTULO 1. LA SALA DE CRISTAL
La sala de juntas de Valcárcel conflicto, no. Diversidad, sí; factura moral, preferiblemente no.
Nerea cruzó las piernas bajo la mesa.
—Necesitaremos acceso completo al material descartado —dijo—. También a contratos, cesiones y correos de validación.
—Naturalmente —respondió Rodrigo con una rapidez poco natural.
Claudia inclinó apenas la cabeza.
—Y necesitaremos refuerzo estratégico especializado.
Rodrigo parpadeó.
—¿Refuerzo?
—Alguien que lea la dimensión comunitaria y cultural del conflicto desde dentro, no desde una gráfica de sentimiento.
—Tenemos informes de escucha social.
—La escucha social no escucha. Cuenta ruido.
Nerea no sonrió, pero algo en su mandíbula indicó que le habría gustado.
—Ya hemos contactado con una consultora externa —añadió—. Estrategia creativa, cultura queer, campañas audiovisuales. Llega en unos minutos.
Rodrigo perdió una fracción de comodidad.
—Habría preferido revisar perfiles antes.
—Yo habría preferido que la crisis no llegara maquillada de oportunidad —dijo Claudia—. Estamos todos adaptándonos.
La reunión siguió durante veinte minutos más.
Rodrigo mostró gráficos, Claudia encontró huecos.
Rodrigo habló de percepción, Claudia preguntó por hechos.
Rodrigo insistió en el valor cultural de Todas las Luces, Claudia pidió nombres, fechas, permisos, importes.
El aire de la sala se fue volviendo más frío, o quizá era solo que nadie se atrevía a respirar con entusiasmo.
Cuando la puerta se abrió, Rodrigo estaba diciendo:
—Lo importante es no sobredimensionar una conversación que todavía puede reconducirse.
La mujer que entró llevaba un abrigo camel ligeramente mojado por la lluvia, el pelo oscuro recogido de cualquier manera y una carpeta bajo el brazo que parecía haber vivido más que algunos directores de marketing.
No pidió perdón por interrumpir. Miró primero la sala, luego la pantalla, luego a Rodrigo. Al final miró a Claudia.