CAPÍTULO 5 #2
Male se dobló de risa.
—¡Soltame!
Teo la sostuvo lejos de la pelota como si hubiera agarrado a un gato por el arnés.
Lia siguió corriendo en el lugar durante dos segundos.
Después se dio por vencida.
—Odio a los híbridos.
Teo la soltó.
—Sí.
Lia se acomodó la remera y le hizo una mueca.
Se sentaron otra vez cuando empezó a oscurecer.
El ejercicio había dejado a Lia con algunos mechones pegados a las sienes. Se hizo una cola alta y apoyó los codos sobre las rodillas mientras recuperaba el aire.
Male estaba revisando el teléfono.
—León subió algo.
Lia levantó la cabeza antes de recordar que no tenía ningún motivo particular para interesarse.
Male giró la pantalla.
Era una foto de la Casa del Precipicio.
O, más precisamente, de una pared medio despintada.
Había una puerta apoyada contra ella.
AVANCES , decía arriba.
Male pasó a la siguiente.
La pileta verdosa.
Una rana estaba subida sobre algo flotante.
JEFA DE ObrA.
Lia se rio.
—No hicieron nada.
—Capaz la rana es nueva —dijo Male.
Teo miró la foto.
—Eso sería un avance.
Male siguió pasando historias.
Apareció León mostrando una lámpara antigua que habían encontrado.
Después Ortega desde muy lejos, de espaldas, claramente sin saber que lo estaban filmando.
Galo no aparecía.
Lia notó ese dato y lo dejó pasar.
—León es más divertido de lo que parecía —dijo Male.
Teo asintió.
—Habla mucho.
En Teo, eso podía significar cualquier cosa entre elogio y diagnóstico.
Lia se recostó sobre las manos.
—El otro habla lo justo para molestar.
Male levantó los ojos del teléfono.
Otra vez esa expresión.
Lia la conocía.
La comisura de Male apenas se movió; estaba archivando información.
Male bloqueó el teléfono, todavía con esa cara de estar archivando información.
Se quedaron un rato escuchando el ruido de una moto en la avenida.
Después Male comentó algo de uno de los vampiros que había visto en una historia de León. No Galo. Otro. Muy lindo, según ella.
Eso derivó en quién de los recién llegados parecía más lindo y luego, inevitablemente, en Galo.
Lia arrancó un pedacito de cemento flojo con la zapatilla.
—Lindo es.
No tenía sentido negarlo.
Male sonrió un poco.
—Mucho.
Lia la miró.
—No significa nada.
Male se encogió de hombros.
No estaba discutiendo.
Eso resultó extrañamente más incómodo.
Lia volvió a mirar la cancha.
El hombre de los auriculares ya se había ido.
—Además yo nunca saldría con un vampiro.
Lo dijo bastante casualmente.
Teo estaba inclinado hacia adelante, ajustándose el cordón de una zapatilla.
Se quedó así medio segundo.
Male no dijo nada.
Lia tardó en registrar el silencio.
Miró a Teo.
Él terminó el nudo y levantó la cabeza.
No parecía ofendido.
Eso casi empeoraba las cosas.
Lia hizo una mueca.
—Vos sabés que no estoy hablando de vos.
Teo la observó.
Ella movió una mano, buscando algo más preciso.
—Vos sos vos.
Teo apoyó la espalda contra la mesa.
—Buen argumento.
No había ironía evidente. Eso también era muy Teo.
Lia se quedó un poco incómoda.
—Tu mamá tampoco. Obviamente.
—También es vampira.
—Ya sé.
La frase salió más suave.
Lia bajó la vista hacia sus propias manos.
No había querido decir que todos los vampiros fueran malos. Ni siquiera pensaba eso. Hacía años que sabía perfectamente que una especie entera no podía reducirse a las cosas que algunos habían hecho.
Pero había una parte de ella que seguía organizando el mundo con categorías más viejas y bastante menos sofisticadas.
Teo era Teo desde antes de que ella entendiera muchas cosas.
Su madre había sido la mujer que le daba helado cuando iban a jugar a su casa.
Baltasar...
Baltasar era imposible de colocar en ninguna clasificación humana o vampírica razonable.
Galo, en cambio, había llegado siendo primero un vampiro y después todo lo demás.
Y a Lia todavía le resultaba cómodo que siguiera así.
—Quise decir que no me metería en algo así —dijo al fin.
Teo asintió.
Nada más.
Male tampoco intentó discutirle.
Unos segundos después le alcanzó la botella naranja.
Lia la aceptó.
Tomó un sorbo.
Seguía siendo horrible.
La conversación se fue hacia otra cosa.
Volvieron a jugar un rato bajo las luces.
Después Teo acompañó a Male hasta su bicicleta y revisó la rueda trasera porque ella decía que hacía un ruido raro. Lia se sentó en el cordón con el teléfono, mirando las fotos nuevas de Roberto que su madre le había mandado.
En una, el perro estaba sentado junto al abuelo frente al televisor.
En otra, tenía una pata encima de su pantufla.
tu perro , había escrito su madre.
Lia contestó enseguida:
NO ES MI PERRO
Mientras escribía el segundo mensaje llegó otra foto.
Roberto dormido sobre una manta nueva.
Lia se quedó mirándola.
Después escribió:
esa manta de donde salió
Su madre respondió:
tu abuelo
Lia levantó los ojos al cielo.
Teo volvió.
—¿Roberto?
Ella le mostró la pantalla.
—Me están haciendo una cama a un perro que no tenemos.
Teo miró la foto.
—Está linda.
Lia bloqueó el teléfono.
—Callate.
Male regresó empujando la bicicleta.
—Dice que no tiene nada.
—No tiene nada —confirmó Teo.
—Hace ruido.
Teo se encogió de hombros.
Male lo miró como si acabara de ser abandonada por la ciencia.
Lia se levantó riéndose.
Esta vez, cuando se fueron, Galo llevaba bastante rato fuera de su cabeza.
Volvió recién al ponerse el casco.
No por su cara.
Ni por los colmillos.
Ni siquiera por el pasillo.
Lia recordó la manera perfectamente seria en que la había llamado insoportable después de que ella descubriera el juego.
Sonrió un poco sin darse cuenta.
Teo arrancó la moto.
Lia subió detrás y el pensamiento se perdió con el ruido del motor.
Por ahora.
5.5 La birome 72
Don Silvio perdió la birome a las cinco y cuarto.
Lia se enteró porque él llevaba varios minutos abriendo cajones.
Primero el de la caja.
Después el de abajo.