Ya te olvidé (Trilogía Recuerda 3) 26 #2
70%

26 #2

—¿Y si no me cogías el teléfono? ¿Y si no me perdonabas?

¿Y si no me dabas una nueva oportunidad?

—Esas preguntas se clavan en mi pecho. Trago saliva, pero no baja.

Las palabras de Dorian en el jet me vienen a la mente, se apoderan de ella y se expanden por mi cuerpo para hacerlo temblar—.

Me habías dado muchas, demasiadas. Eras feliz.

Te merecías seguir siéndolo. Y yo me había portado tan mal contigo que no me creía digno de volver a ocupar un lugar en tu vida.

Emmy intentó disuadirme mil veces para intentarlo, y me resistí.

Era una forma de castigarme por haber sido el capullo que te jodió. Pero cuando vi esa invitación…

Da un paso hasta colocarse a pocos centímetros de ella.

—Te necesitaba… —susurra mi amiga.

—Prometo no volver a hacerte daño. —Reese aprieta la chapa con fuerza—.

Estoy limpio, ya no tengo esa mierda de rabia en mi interior, ni te culpo ni me perdonaré jamás haber sido esa clase de persona.

—Levanta un brazo, hasta quedarse a pocos centímetros de su mejilla, y lo vuelve a bajar—.

Por favor, Juliette, intentemos recuperar algo de una relación de hermanos.

Me quedan unos meses para acabar la carrera, Emmy ha estado ahorrando para abrir un estudio de tatuajes cuando yo termine en la UCLA.

Puedo hacer el postgrado en Derecho en Dallas, cerca de ti.

Puedo intentar compensarte por tantos años de dolor.

Solo necesito que me des una oportunidad.

El corazón de mi amiga es tan generoso que se lanza a sus brazos sin pensarlo, como si llevara años esperando ese instante. No hace falta nada más para sellar el pacto entre los dos, a pesar de que les queda mucho camino por delante. Y el mío se desboca.

Noto el pulso en la garganta, en las sienes, en todas partes.

Ojalá yo pudiera hacer algo parecido con Dorian, darle la potestad de demostrarme su firme compromiso con lo nuestro.

Pero no estoy preparada para olvidar ni para volver a sufrir.

Reese destruyó a Juliette, y puede volver a hundirla.

Yo no dejaré que me pase. Jamás. Ya he estado ahí y cada vez he acabado rota.

Apenas tenemos tiempo para una conversación en condiciones.

Juls se separa de él, sonríe con lágrimas en los ojos y puedo palpar su felicidad. Él la mira con tanto arrepentimiento que incluso me hace dudar, aunque una vocecita insistente en mi mente me advierte de la realidad: las personas no cambian tanto, es imposible.

Necesitamos un rápido retoque de la maquilladora y la peluquera tras la conmovedora escena de los dos hermanos reencontrándose.

Y más cuando entra Emmy en la habitación y también abraza a Juliette y le corrobora las palabras de su novio.

Es una chica diferente a la mayoría. Tatuadora de profesión, con el cuerpo bastante repleto de tinta, varios piercings , el pelo teñido de morado, una figura envidiable y un interior tierno, cariñoso, repleto de bondad.

La conocimos poco en Elberta, pero su forma de tratar a mi amiga, sus palabras y su ternura han acabado de convencernos de quien ha obrado el milagro de la presencia de su hermano en la boda.

Juliette recorre el camino hacia el altar del brazo de Reese.

Está radiante, y me alegro un montón por ella, por ser capaz de ver la parte bonita de la gente e ignorar la horrible.

Hace años le perdonó a Ralph su infidelidad, y ahora está dispuesta a absolver a alguien que no lo merece.

La quiero por tener ese corazón tan generoso.

Me paso la ceremonia mirando de reojo a Dorian, con los recuerdos anclados en nuestro encuentro en el jet, en cómo he deseado besarlo, en cómo he estado a punto de tirar por la borda mi contención para responderle de otra manera.

Durante el banquete evito quedarme a solas con él, me aterra no ser capaz de controlarme y lanzarme a sus brazos sin pensarlo con detenimiento, lo deseo tanto…

Estamos sentados a la misma mesa, la presidencial, junto a la familia de Ralph. Han puesto unos cubiertos extra para Reese y Emmy, así que se ha convertido en una mesa muy concurrida, lo suficiente para permanecer bastante alejada de Dorian. Su mirada, sin embargo, me quema.

No tengo a Denton para hacerme de pantalla, se ha quedado junto a su abuela, Miles, Ernesto, Rachel y el resto de la familia Stone.

Sutton está feliz de ejercer su papel, y su relación con Miles Forbs va tan bien que me cuesta no sentir celos de ella, de Juliette, incluso de Emmy y Reese.

Porque a mí el amor se me escurre de los dedos.

A la hora del baile me acerco a Ernesto y a Rachel para hablar un rato largo con ellos.

Cuando llegué a Elberta hace poco más de cinco años, él apenas era un mocoso de doce que todavía no había encontrado su rumbo, sin embargo, ahora está a punto de empezar su último curso de bachillerato y va a pedir plaza en una de las mejores universidades tecnológicas del mundo junto a su novia.

Ambos van a luchar por conseguir una beca total para el MIT gracias a sus dotes informáticas, y estoy convencida de que lo conseguirán, pero si no es así, les costaré la carrera. Tanto si quieren como si no.

Mi corazón sufre otro pequeño descalabro al enfrentarme a cómo su amor lleva desde muy críos uniéndolos, a sus gestos cariñosos, a esa camaradería tan perfecta que los envuelve.

¿Por qué a mí no puede pasarme lo mismo?

—Creo que Miles está esperando el momento para declararse a mamá —anuncia Ernesto con una enorme sonrisa en los labios, y me devuelve a la realidad—. Ella se ha negado a hablar de ello hasta mi marcha a la universidad, pero está coladísima y esta boda le ha llegado al corazón.

—Lo acompañamos a comprar un anillo —apostilla Rachel—. Está un poco indeciso de cuándo, pero acabará encontrando el momento.