Ya te olvidé (Trilogía Recuerda 3) 23 #2
62%

23 #2

—Lo harás bien —asegura levantándose como señal del fin de la sesión—.

Solo recuerda que reconquistarla requiere tiempo, esfuerzo y demostrarle que estás dispuesto a todo por ella.

Y no va a ser fácil. Madison está herida, no confía en ti y está decidida a proteger a Denton de vuestra toxicidad anterior.

—Sus labios se vuelven una línea fina—. Y también cabe la posibilidad de que haya pasado página de verdad.

Suspiro y se me encoje el corazón ante sus últimas palabras.

Cuando salí de esa habitación de hospital en Mallorca, pensaba que toda la culpa era de ella, por echarme, por mentirme, por ocultarme quién era.

Ahora soy consciente de la verdad, de la instabilidad que le demostré, de cómo me cavé mi propia tumba y de cada uno de mis múltiples errores.

—No lo ha hecho. Lo sé gracias a mis amigos. —Aseguro de camino hacia la puerta—. Y lo sé, redimirme ante ella no va a ser fácil, le hice mucho daño, me comporté como un puto cabrón, pero estoy decidido a lograrlo y nada me va a detener.

—Te veo en dos semanas. —Su sonrisa es amplia y demuestra su absoluta credibilidad en mí—, aunque espero un informe completo de tus avances por teléfono. —Me da una palmada en la espalda—. ¡Suerte! Y llámame a cualquier hora si necesitas hablar.

—Gracias. Te debo muchísimo.

Salgo a la cálida tarde de Austin. Es un miércoles cualquiera para los demás, pero no para mí. En tres días al fin la veré y empezaré mi cruzada para conseguir una familia unida y feliz. Denton, Madison y yo. Juntos. Para siempre.

Mientras camino hacia mi piso, mastico las palabras de Charles, sus consejos y las conclusiones a las que me han hecho llegar.

Necesito relajar mis expectativas y prepararme para reconquistar su corazón con actos que le demuestren mi cambio.

Lo haré, no dudaré ni voy a cagarla, porque el premio es ella, mi hijo, una vida en común, y es lo único importante.

El móvil vibra en mi bolsillo para anunciar una llamada de mi madre. No tardo en contestar, ella también está inquieta por la boda. Como Juliette no tiene a nadie en Elberta, va a quedarse con Madison en la casa del bosque y será mi familia quien ejerza de anfitriona por su parte.

La casa del bosque…

Mis recuerdos se amontonan con deseos de traerme reminiscencias de otro tiempo, cuando ella era Ashley y las hormonas de la adolescencia nos encerraban entre esas paredes durante horas. El deseo de abrazarla es tan vivo, tan apremiante…

—¿Dorian? —pregunta mi madre desde Alabama.

—Hola, mamá.

—¿Tienes solucionado lo del traje? —Sonrío ante el tono inquieto de su voz—. Ernesto lo acaba de recibir y me ha entrado el pánico. No te has olvidado de enviarlo, ¿verdad?

—Tranquila, está todo controlado.

—Ayer vino Ralph a verme. Él y Juliette ya están aquí para ultimar los detalles de la boda. —Hay un silencio un poco incómodo hasta que se decide a hablar de lo que le preocupa—. Me dijo que vas a volar en el jet con Madison y Denton. Y que ella no tiene ni idea de tus intenciones.

No hace falta añadir nada más para imaginar su preocupación, su tono; las palabras y el silencio de después son suficientes.

Estos últimos meses Madison ha volado un par de veces a Elberta con mi niño para compartir el fin de semana con mi familia. Han reestablecido sus lazos y conocen nuestra historia.

Mi madre nunca me ha juzgado ni me ha recriminado mi manera de comportarme, ella estaba allí cuando mi padre me destruyó de forma sistemática, nos machacó a los dos, y entiende mi rabia, mi dolor, mis grietas…

Me ha ayudado mucho tras descubrir cómo me comporté con Madison, cada uno de mis errores, el papel de Candy en mi vida, lo sucedido con Sasha y las mil decisiones equivocadas que tomé.

Ha sido mi pilar, un constante apoyo, una fuente inagotable de energía que me ha empujado a continuar con las sesiones de terapia y mi lucha diaria contra mis demonios.

Me costó abrirme a ella, fue como si me robaran una parte esencial de mí, sin embargo, un día conseguí abrir las compuertas de mi alma y empecé a hablar hasta vaciarme.

Ella me abrazó con lágrimas en los ojos al terminar, me estrechó entre sus brazos y desató mi gratitud, mi cariño, mis deseos de ser siempre sincero con ella, de establecer una nueva dimensión en nuestras interacciones.

Me siento feliz de tenerla como confidente, aunque jamás traspasaré algunas barreras.

No es de extrañar que le preocupe el encuentro con Madison, y más con los agravantes de la situación.

Pero no voy a renunciar a la única mujer de la que estoy enamorado, ni cambiaré de opinión ni me acojonará ser parte de un plan que podría torcerse en cualquier momento.

Quizá me quede mucho trecho por recorrer, muchas heridas que remendar, muchas faltas que purgar, pero voy a darlo todo en este nuevo reto, a emplearme a fondo, a ser contundente en mi estrategia.

Porque Madison es mi destino y nada me impedirá alcanzarlo.

—Ya es hora de reunirnos, ¿no crees? —comento con decisión—. He de dar el primer paso, sino nunca avanzaremos.

—No te hagas demasiadas ilusiones —susurra—. Madison ha logrado estabilidad después de muchos años viviendo en un infierno, sigue en terapia y no está para nada preparada para este encuentro. Sabes lo que opina respecto a lo vuestro.

Mi curriculum no es demasiado alentador, lo admito.

Pero yo también he cambiado, he madurado, he encontrado el equilibrio justo para mi temperamento.

Mentiría si no aceptara mi tendencia nada sana a exaltarme con facilidad, porque combatir la naturaleza de uno es imposible.

Sin embargo, este tiempo de separación, compartir los días con mi hijo, la decisión de no cejar en el empeño de dominar mis arranques de ira y mi amor por Madison han obrado el milagro de otorgarme las fuerzas para alcanzar la meta.

Y en ella solo hay un objetivo muy claro: pasar el resto de mi vida con Madison, criar juntos a nuestro hijo y a los que vengan después.

—Mamá —pronuncio en un susurro—. Confía en mí. Por favor.

—Lo hago. —Es reconfortante la rapidez con la que ha contestado, me da alas para creerme capaz de alcanzar el cielo—.

Has cambiado, lo has dado todo para lograrlo.

Pero Madison es frágil, a pesar de no parecerlo.

—Hace una pausa breve, como si buscara las palabras para seguir adelante con su alegato—.

Sigue enamorada de ti, y tú lo estás de ella.

Sé cuánto os necesitáis. Pero… —Suspira—.

Asegúrate de que no vas a asustarte después.

Si te acercas de nuevo a ella, si vuelves a conquistarla, no habrá vuelta atrás.

Esta vez es la definitiva, tanto para bien como para mal.

Me acaba de destrozar con ese disparo directo a mi corazón.

Tiene razón en dudar, mi historia con Madison es digna de estudio psicológico.

Sus advertencias son muy claras, muy concisas, y su miedo es fundado.

Hasta ahora no he sido capaz de mantener una relación sana con la mujer a la que amo, y siempre quedará ese resquicio de duda, ese resquemor a que me asuste de nuevo.

—No la cagaré —afirmo rotundo—. La quiero, mamá. Necesito intentarlo.

La súplica se cuela en mi voz porque preciso esa fe en mí por su parte para no venirme abajo.

Mi recuperación es firme y endeble a la vez, a pesar de la contradicción que implican esos dos adjetivos.

Siento que he logrado superar mucho, pero a la vez hay instantes de debilidad.

Nunca se deja atrás un carácter explosivo ni es tan sencillo como desearlo.

Hay momentos en los que la chispa prende en un segundo y el empuje de la ira quiere poseerme.

Charles me ha enseñado tácticas para domarlo, y tras mucha práctica he logrado bastantes éxitos, pero nunca será tan sencillo.

Habrá recaídas, eso es inevitable, en mi mano está controlarlas al máximo y ser capaz de aceptar en voz alta mi arranque.

—Te quiero, Dorian. —La emoción se cuela en su voz—. Y te doy todo mi apoyo. Lo harás bien, recuperarás a Madison y construiréis una familia preciosa. Solo tómatelo con calma, ¿vale?

—Lo haré.

Corto la llamada con una sonrisa. Quizá es una tontería, pero las palabras de mi madre me han dejado el regusto de la ilusión, del trabajo bien hecho, de la esperanza. Solo me queda convencer a Madison y enfrentarme a su reacción cuando descubra mi treta.