Ya te olvidé (Trilogía Recuerda 3) 4 #3
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Cuando me subo al coche para que Ronald lo conduzca hasta la mansión Reynolds, mi grado de inquietud alcanza la estratosfera.

Sudo en partes inhóspitas, un tembleque molesto se aposenta en mis extremidades, uno de mis párpados se mueve de forma compulsiva y tengo el vientre agarrotado, junto a una respiración nada suave.

Mis sensaciones se incrementan al encerrarme en mi habitación para una ducha corta, un cambio de ropa y acabar de cerrar la maleta.

Termino vomitando otra maldita vez.

El coche, con Ronald frente al volante, sigue aparcado en la entrada media hora después, cuando salgo dispuesta a enfrentarme a mi destino.

Juliette y Ralph me esperan en el interior, con las maletas listas y una promesa de llegar al aeropuerto de Dallas con rapidez.

El jet está preparado, en poco más de dos horas nos dejará en Pensacola, donde he reservado un vehículo de alquiler para los tres.

El silencio nos acompaña en el trayecto en coche, al subirme al avión y durante los primeros minutos de vuelo. Mis amigos también parecen tensos.

—Vale, vamos a calmarnos un poco —suelta Juls de repente, tras alcanzar la altura suficiente para deshacernos del cinturón de seguridad y movernos sin problemas por la cabina.

Pone un poco de música ambiental y agita los brazos con ansiedad—.

Va a salir bien, conseguiremos dejarle claro a Candy que estamos dispuestos a todo para joderla y que tú recuperes a Dorian.

—Y ella responderá subiendo la apuesta —añado sin dejar de caminar de un lado a otro en el reducido espacio—. Es temperamental, va a buscar la forma de devolvérnosla cuando le demostremos que con un chasquido de dedos se lo puedo quitar.

Esa parte me acelera el corazón. Una competición en toda regla por Dorian desatará los más primitivos instintos de Candy y acabará por asegurarnos su silencio acerca de mi paso por Elberta.

No va a pensar en las repercusiones si le ciegan los celos, los deseos de vencerme y la necesidad de proteger a su chico.

Pero al jugar de esta forma, voy a poner en riesgo a demasiadas personas y a mi corazón en jaque.

—Dorian es muy volátil —susurra Ralph, un poco perdido en sus pensamientos—. Y está enamorado de ti, Madison. Quizá no lo enfocamos bien. ¿Y si vuelve a tomar una de sus decisiones impulsivas? Podría mandarlo todo a la mierda.

Enfatiza la última palabra y me mira con nerviosismo. Se me acelera la respiración al enfrentarme a esa posibilidad.

—Si lo hace, le pararemos los pies —aseguro—. No voy a permitirle fastidiarlo todo esta vez. No cuando estamos tan cerca.

—Espero que él lo vea igual. —Juliette cruza los brazos bajo el pecho y habla con rabia—.

Lo quiero un montón, pero también estoy muy enfadada con él por todas sus decisiones.

Ya lo conoces, Maddie, su reacción puede echarlo todo a perder.

No nos has dejado anunciarle nuestra visita y eso puede explotarnos en la cara.

—Si se lo llegamos a decir, ¿qué hubiera pasado?

—inquiero con una descarga de adrenalina en el cuerpo.

Su expresión es una respuesta clarísima de sus pensamientos, idénticos a los míos—.

Es mejor tomarlo por sorpresa y dejar que su reacción sea real.

Candy no puede saber de ninguna manera que Dorian está de nuestra parte y, si aparezco sin avisar, va a demostrar que todavía siente algo por mí. Es lo que queremos, ¿no?

—Una guerra nuclear —asegura Ralph—. Eso es lo que vas a desatar: Candy muerta de celos, Dorian puesto de testosterona y los demás en medio, recibiendo por todos lados.

—La tensión va a ser complicada de soportar. —Juls resopla—. Pero tienes razón, Maddie. De alguna manera tenemos que proteger a los nuestros, y el hecho de que tu prima no haya comunicado quién eres a su padre nos da una ventaja enorme.

—Está preocupada por la seguridad de Dorian. —Chasco la lengua con dolor escondido—. Mientras no descubra que él es nuestro aliado, estaremos todos a salvo.

—Debería bastar para protegernos a todos hasta la boda —añade Ralph—. Pero depender de Dorian es tan peligroso… Es como un maldito explosivo de suelo, de esos escondidos que al pisar mal estallan y se lo llevan todo por delante sin darte ni cuenta de lo que sucede.

—Si eso pasa, sabremos qué planean gracias a ese periódico y podremos anticiparnos —musito sin estar cien por cien segura de mis palabras.

Suspiro con profundidad y cierro los ojos para descansar un poco.

Verlo otra vez en esa casa, con otra mujer, durmiendo con ella, fingiendo quererla…

Demostrar cómo lo amo frente a ella… Permanecer alerta en todo momento por si nos falla, toma una decisión errónea, intenta boicotear nuestra única oportunidad…

Será como si me cubrieran con aceite hirviendo, como si me despellejaran.

Pero debo seguir adelante, darle más argumentos a mi prima para no hablar ante su padre y su hermano, o podría ser fatal.

Juliette y Ralph me imitan. El ambiente en el interior del jet se condensa, es tenso, espeso e inquieto. Quizá la vida me ha reservado un billete demasiado saturado de dificultades para ser feliz y ahora solo estoy pagando mi penitencia. Ojalá consiga superar este fin de semana sin desfallecer.