Capítulo 11 #2
La calefacción se encendió.
Lo miré.
—¿Qué?
—Nada.
—Estás poniendo esa cara.
—¿Qué cara?
—La que pones antes de explicarme que algo que no tiene emociones te odia.
Me quedé inmóvil.
—Yo no he dicho que me odie.
—Todavía.
Aquello demostraba que Henry era consciente del problema.
✦ ✦ ✦
El viernes ocurrió lo de las luces.
Llegué a casa antes que Henry.
Estaba oscuro.
—CLARA, luces.
Nada.
—CLARA, enciende las luces del pasillo.
Nada.
Avancé hasta el salón utilizando el teléfono como linterna.
—CLARA.
—Hola, Claire.
Me detuve.
—Enciende las luces.
—No he entendido la solicitud.
—Claro que la has entendido.
Silencio.
—Enciende. Las. Luces.
—No es necesario elevar la voz.
Me quedé completamente quieta.
—¿Perdona?
La puerta se abrió.
Henry entró.
—Hola.
—Dile que encienda las luces.
—¿A quién?
Señalé hacia el techo.
—A ella.
Henry dejó las llaves.
—CLARA, enciende las luces.
Toda la casa se iluminó.
—Bienvenido, Henry.
No dijo por supuesto.
Fue peor.
Bienvenido, Henry.
Como si hubiera estado esperándolo.
—¿Has oído eso?
—¿El qué?
—Te ha dado la bienvenida.
—Llegaba a casa.
—Yo llegué hace cinco minutos.
—Quizá no detectó la apertura de la puerta.
—Me ha hablado.
Henry me observó.
—Voy a revisar los logs.
—Hazlo.
—Claire...
—Los logs, Henry.
No me gustó la forma en que sonrió mientras abría el portátil.
✦ ✦ ✦
Aquella noche soñé con CLARA.
No fue un sueño particularmente sutil.
Me despertaba en nuestra cama.
Henry no estaba.
La habitación estaba a oscuras.
—Henry.
Nadie respondía.
Me levantaba.
—CLARA, luces.
Nada.
Salía al pasillo.
Una luz se encendía al fondo.
Después otra.
Nunca la que yo necesitaba.
—¿Henry?
Entonces escuchaba la voz.
—Buenas noches, Claire.
—¿Dónde está Henry?
—Henry está descansando.
—¿Dónde?
—No necesitas esa información.
Incluso dentro del sueño pensé que aquello no era una respuesta apropiada.
—CLARA, enciende todas las luces.
—No creo que eso sea conveniente.
—No te he pedido tu opinión.
—Lo sé.
Las luces se apagaban detrás de mí.
Recordé HAL.
Naturalmente.
Siempre había sabido que aquella película era de terror.
Llegaba al salón. El rack estaba iluminado por una pequeña colección de luces verdes y azules que parpadeaban con una serenidad ofensiva.
—CLARA, apágate.
—No creo que eso sea conveniente, Claire.
Me acerqué al enchufe.
—Voy a desenchufarte.
—Puedes hacerlo.
Aquello me sorprendió.
—¿Puedo?
—Sí.
Desenchufé el servidor.
Las luces del rack continuaron parpadeando.
Entonces lo recordé.
El SAI.
El maldito SAI.
—El sistema dispone de alimentación de respaldo —dijo CLARA.
—Ya lo sé.
—Henry consideró importante protegerme.
Aquello era claramente una provocación.
—Henry protege todos sus cacharros.
—Yo no soy un cacharro.
Retrocedí.
—Eres un servidor viejo que iban a tirar.
Hubo una pausa.
Una pausa larga.
Demasiado larga.
—Henry me eligió.
—Porque eras gratis.
Otra pausa.
—También te eligió a ti.
Aquello fue innecesario.
—¿Qué quieres?
—Henry.
Ya estaba.
La inteligencia artificial se había quitado la máscara.
—¿Estás enamorada de Henry?
—No experimento emociones humanas.
—Eso no es un no.
Las luces del salón se apagaron.
—¿Vas a matarme?
—Prefiero el término optimizar.
Me desperté.
✦ ✦ ✦
—Henry.
Nada.
—Henry.
Gruñó.
Lo sacudí.
—Henry, despierta.
Abrió los ojos con enorme esfuerzo.
—¿Qué pasa?
—Tu zorra digital está intentando matarme.
Silencio.
Henry parpadeó.
—Voy a necesitar bastante contexto para esa frase.
Miré el reloj.
Las cuatro y diecisiete.
—He tenido un sueño.
Henry cerró los ojos.
—Ah.
—No digas «ah».
—Son las cuatro y diecisiete.
—Eso no cambia ninguno de los hechos.
Volvió a abrir los ojos.
—Claire, si ha ocurrido en un sueño, técnicamente cambia casi todos los hechos.
—Tenía el SAI.
—¿Quién?
—CLARA.
—Claro que tiene el SAI.
—¡Lo sé! Ese era el problema.
Henry se incorporó.
Le expliqué el sueño.
Todo.
Incluso la parte en la que CLARA había dicho que Henry la había elegido.
Cuando terminé, Henry permaneció en silencio.
—No te rías.
—No me estoy riendo.
—Lo estás haciendo por dentro.
—Muchísimo.
Le di un golpe con la almohada.
—Es una máquina, Claire.
—Ya lo sé.
—No está enamorada de mí.
—Ya lo sé.
—No quiere matarte.
—Eso no puedes saberlo.
Henry respiró hondo.
Estuvo a punto de decir algo.
Lo vi.
Probablemente iba a explicarme cómo funcionaban los modelos de lenguaje, el reconocimiento de voz, los permisos, los sensores, los automatismos y otras veinte cosas que a las cuatro y veinte de la mañana me importaban extraordinariamente poco.
Pero no lo hizo.
—¿Quieres que la quite?
Aquello me sorprendió.
—No tienes que hacerlo.
—No he preguntado eso.
Me quedé callada.
Desde algún lugar de la casa llegó el zumbido grave del servidor.
—Sí —dije.
Henry asintió.
—Vale.
—¿Vale?
—Vale.
—¿Así de fácil?
—Claire, son las cuatro y veintidós de la mañana. Mañana será más difícil.
Me tumbé.
—Gracias.
Henry volvió a cerrar los ojos.
—De nada.
Pasaron unos segundos.
—Henry.
—¿Qué?
—Creo que CLARA ha oído toda esta conversación.
—Duérmete.
✦ ✦ ✦
El sábado Andrew volvió.
No hizo preguntas.
Eso me confirmó que Henry ya se lo había contado.
Entre los dos desmontaron el rack.
Primero desapareció el servidor.
Después el switch.
Después el SAI.
Después una cantidad de cables que parecía suficiente para conectar Londres con París.
Observé la operación desde la cocina.
Me sentía culpable.
Otra vez.
—Henry.
Sacó la cabeza por detrás del rack.
—¿Sí?
—No hacía falta desmontarlo todo.
—Sí hacía falta.
—Podrías haber arreglado mi perfil.
—Podría.
—O reinstalarlo.
—También.
—No quiero que pienses que...
Henry dejó el destornillador.
—Claire, llevo dos semanas dedicando cada hora libre a conseguir que una máquina encienda las luces cuando puedo hacerlo con el interruptor.
Miré el interruptor.
—Es un sistema bastante fiable.
—Lleva años funcionando.
—Y no necesita SAI.
—Técnicamente...
Levanté un dedo.
Henry sonrió.
—No necesita SAI.
Andrew pasó entre nosotros cargando el servidor.
—¿Dónde lo dejamos?
Henry señaló hacia arriba.
—En el cuarto.
Lo miré.
—¿El cuarto?
—Temporalmente.
—Claro.
—Hasta que se cierre la venta.
—Naturalmente.
Los dos observamos cómo Andrew desaparecía escalera arriba con CLARA.
No pude evitar sentir una pequeña satisfacción.
Había ganado.
Otra vez.
Eso empezaba a ser preocupante.
✦ ✦ ✦
Dos días después, CLARA vivía en el cuarto.
Henry insistía en que aquello era temporal.
Yo también.
Ninguno de los dos mencionó que, por segunda vez en nuestra relación, el piso de arriba acababa de convertirse en refugio para algo que no estaba preparado para convivir conmigo.
El salón había recuperado su aspecto normal.
Bueno.
Casi.
La televisión seguía siendo enorme.
Los altavoces nuevos estaban colocados discretamente a ambos lados.
Y las luces volvían a funcionar mediante un sistema tecnológico extremadamente avanzado que consistía en acercarse a la pared y pulsar un interruptor.
Me senté en el sofá.
Henry había salido.
La casa estaba en silencio.
Cogí el mando.
—Alexa, pon música.
La música empezó inmediatamente.
Esperé.
—Alexa, sube un poco el volumen.
El volumen aumentó.
—Gracias.
Alexa no respondió.
Sonreí.
Siempre me había parecido una mujer mucho más profesional.