Capítulo 6 #3
Paolo levantó los brazos medio segundo tarde porque estaba siguiendo las reacciones de los demás.
Andrew empezó a explicar por qué el gol había sido consecuencia de un cambio táctico que, según él, llevaba tiempo defendiendo.
Richard le preguntó desde cuándo veía regularmente al Arsenal.
Andrew respondió que no era necesario seguir semanalmente a un equipo para comprender conceptualmente su estructura de juego.
Miré mi copa.
Algunas cosas en la familia Whitmore eran extraordinariamente consistentes.
✦ ✦ ✦
Después dejé de subir tanto.
No porque me molestara.
Porque descubrí algo todavía más interesante.
No tenía que estar.
Una noche Henry preguntó después de cenar:
—¿Subes?
—¿Hay club?
—No hay ningún club.
—¿Viene Richard?
—Sí.
—¿Martin?
—Creo.
—¿Puros?
Henry sonrió.
—Puede.
—Entonces hay club.
Me quedé abajo.
Leí.
Me puse una serie que a Henry no le gustaba.
A las once escuché una carcajada arriba.
Después otra.
Algo metálico cayó al suelo.
Nadie gritó pidiendo una ambulancia.
Seguí leyendo.
Antes de vivir juntos habría querido saber qué estaban haciendo.
Ahora sabía perfectamente qué estaban haciendo.
Estaban bebiendo un whisky demasiado caro mientras discutían sobre una máquina que ninguno necesitaba.
No necesitaba más información.
Y aquello, descubrí, era agradable.
Henry tenía arriba un espacio que no necesitaba compartir conmigo.
Yo tenía abajo un espacio en el que no necesitaba esperarlo.
Seguíamos viviendo juntos.
No era una amenaza.
Era una planta de distancia.
✦ ✦ ✦
Una noche subí cerca de medianoche.
No porque estuviera preocupada.
Porque quería irme a dormir y Henry había dicho «ahora bajo» cuarenta minutos antes.
Encontré a Richard y Martin ya con los abrigos puestos.
Paolo estaba cerrando el humidor.
Andrew sostenía una copa y explicaba algo sobre whisky japonés.
—Últimamente estoy empezando a apreciar más los japoneses —decía—. Tienen una precisión distinta. Menos condicionada por toda esa tradición escocesa.
Richard se puso el abrigo.
—La semana pasada dijiste que el whisky japonés era una estrategia de marketing.
—He estado leyendo sobre el tema.
Naturalmente.
Martin se despidió.
Paolo me dio dos besos.
Richard dijo que volvería el sábado porque quería probar una cosa con el simulador.
Andrew siguió hablando.
Henry empezó a recoger vasos.
Me senté en el sillón.
—¿Sabes qué es lo peor?
—¿Qué?
—Que me gusta.
Henry sonrió.
—Ya lo sabía.
—No podías saberlo.
—Te sientas siempre en ese sillón.
Miré el sillón.
Era verdad.
—Eso solo demuestra que es cómodo.
—Y tienes una botella de vino en la vinoteca.
Me giré.
—¿Qué botella?
Henry señaló la pizarra.
Había una nueva línea.
CLAIRE — CHABLIS 2022 — 2 — NO DEJAR QUE ANDREW LO AbrA.
Lo miré.
—Yo no he puesto eso.
—Richard.
—¿Por qué tengo vino aquí?
—Porque te gusta.
Aquello era difícil de combatir.
Andrew se acercó a la pizarra.
—Me parece bastante ofensivo que mi nombre se haya convertido en una categoría de riesgo.
—Abriste el Barolo —dijimos Henry, Richard y yo al mismo tiempo.
Hubo un silencio.
Paolo, desde la puerta, añadió:
—Coca-Cola.
Me eché a reír.
✦ ✦ ✦
Cuando bajamos, el tercero estaba silencioso.
Henry dejó las llaves sobre la mesa.
Las moví al recipiente.
Él se quitó los zapatos.
Uno quedó junto al sofá.
No dije nada.
Estaba pensando en el cuarto.
Durante meses había intentado convencer a Henry de que mudarse conmigo significaba abandonar algo.
Su piso.
Su espacio.
Su independencia.
Henry había hecho exactamente lo contrario.
Se había mudado conmigo y había convertido lo que quedaba arriba en un lugar todavía más suyo.
Y después, de alguna manera, había conseguido que fuera también de Richard, Martin, Paolo, Andrew, los niños y, para mi considerable irritación, un poco mío.
No había diseñado nada.
No había hecho una lista.
No había convocado una reunión.
No había calculado necesidades.
Había dejado espacio.
Y la gente lo había llenado.
Me pareció una manera profundamente poco eficiente de construir algo.
Funcionaba extraordinariamente bien.
—¿Qué? —preguntó Henry.
—Nada.
Me miró.
—No hagas el nada.
—Estaba pensando en vuestro club.
—No existe.
—Tiene escudo.
—Lo hicieron las niñas.
—Tiene bodega.
—Richard.
—Humidor.
—Martin.
—Bar.
—Richard.
—Socios italianos.
—Paolo vive en el edificio.
—Un reglamento sobre menores.
—Eso se llama sentido común.
—Y una lista negra de personas que no pueden abrir determinados vinos.
Henry sonrió.
—Eso se llama Andrew.
No pude discutirlo.
Subió una carcajada desde el cuarto.
Nos quedamos quietos.
Henry miró al techo.
—Andrew sigue arriba.
—Naturalmente.
Henry suspiró.
—Creía que se había ido con Richard.
—No. Richard es demasiado listo.
Henry cogió las llaves otra vez.
—Voy a echarlo.
—No puedes echar a un socio del club.
—No es un club.
—Claro.
Henry abrió la puerta.
—Buenas noches, Claire.
—Buenas noches.
Subió las escaleras.
Me quedé escuchando.
Unos segundos después oí su voz.
Después la de Andrew.
Después una discusión.
Sonreí.
El Centaur Club estaba oficialmente abierto.
Aunque, naturalmente, no existía.