Vivir con el Sr Darcy y otras malas ideas (Claire Bennet 2) Capítulo 5 #3
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Capítulo 5 #3

No de mí exactamente.

De equivocarse.

De confundir amistad con otra cosa.

De estar interpretando señales que no existían.

De hacerme sentir incómoda en mi propia casa.

De que yo estuviera buscando activamente a alguien y él fuera simplemente el vecino con el que hablaba.

Y Catherine estaba allí también.

No como obstáculo.

Como historia.

Henry había escrito una noche que no sabía si estaba preparado para querer a alguien de aquella manera otra vez.

Unas páginas después había escrito que quizá esa no era la pregunta correcta.

Me quedé mucho tiempo con el cuaderno abierto.

Había más.

Podía seguir.

Podía saber qué pensó la noche de nuestra primera cena.

Qué pensó de Daniel.

Qué sintió en Navidad.

Qué había escrito después del beso.

Podía leerlo todo.

Era una oportunidad extraordinaria.

Y completamente intolerable.

Cerré la Moleskine.

La sostuve entre las manos.

Después la devolví al cajón.

No leí el resto.

Esto no me convierte en una buena persona.

Conviene señalar que para desarrollar principios éticos había necesitado leer aproximadamente media vida sentimental de Henry.

Pero era un avance.

Pequeño.

Tardío.

Y jurídicamente difícil de defender.

Un avance al fin y al cabo.

✦   ✦   ✦

El miércoles Hanna estaba mirando por una ventana.

Eso no habría sido significativo si la ventana no diera al patio y Andrew no estuviera abajo hablando por teléfono.

Yo estaba explicándole algo.

No recuerdo qué.

Me detuve.

Hanna no se dio cuenta.

Conocía aquella expresión.

La mirada de los mil metros.

La desconexión temporal del entorno.

Esa forma de contemplar a un hombre mientras el cerebro suspende todas las operaciones no esenciales.

Andrew terminó la llamada.

Levantó la cabeza.

Vio a Hanna.

Sonrió.

Hanna sonrió.

Después se dio cuenta de que yo la estaba mirando.

—¿Qué?

No pude evitarlo.

—Nada.

—¿Qué?

—Nada.

—Claire.

Dios mío.

Estaba ocurriendo.

Romance dos.

—No me gusta —dijo Hanna.

—No he dicho nada.

—Lo estás pensando.

—Tampoco.

—Es un bocazas.

—Sí.

—Y un fantasmón.

—Muchísimo.

—Y no tiene una opinión propia que le dure más de cuarenta y ocho horas.

—Eso es injusto. Algunas le duran una semana.

Hanna intentó no reírse.

Fracasó.

Miró otra vez por la ventana.

Yo pensé en una mujer que había pasado meses explicando por qué el hombre que vivía un piso más arriba no era lo que buscaba.

No dije nada.

Hay errores que cada persona tiene derecho a cometer por sí misma.

✦   ✦   ✦

Henry volvió el viernes.

Aquel día descubrí que doce días eran mucho tiempo.

No lo había pensado el lunes.

Ni el martes.

Ni siquiera el miércoles.

Pero el viernes limpié el piso sin ninguna necesidad, compré vino, revisé tres veces la hora de llegada de su vuelo y me sorprendí mirando por la ventana como Hanna había mirado a Andrew.

Aquello me pareció humillante.

Cuando oí la llave en la puerta no fui corriendo.

Tengo dignidad.

Caminé deprisa.

Es diferente.

Henry entró con la maleta, una mochila y aspecto de haber dormido mal durante demasiadas noches.

Dejó las llaves sobre la mesa.

No en el recipiente.

Naturalmente.

Lo abracé.

Durante bastante tiempo.

—Vaya —dijo junto a mi pelo—. Pensaba que estabas disfrutando de la cama.

—La cama ha estado estupenda.

—Me alegro.

—No ronca.

—Yo tampoco.

—Eso es discutible.

Lo besé.

Henry dejó la mochila en el suelo.

—¿Todo bien?

Pensé en las Moleskine.

En Catherine.

En la mermelada.

En Florencia.

En Sarah.

En la vecina del tercero.

En las dos líneas.

Creo que me estoy enamorando de Claire.

No tengo ni idea de qué hacer con esto.

—Sí.

Henry me observó.

—¿Seguro?

—Seguro.

No me gustó mentirle.

Eso también era nuevo.

Quizá algún día tendría que contarle lo de los cuadernos.

No aquel día.

Aquel día acababa de volver.

Henry me besó otra vez y preguntó si había comida.

—He comprado cosas.

—¿Cosas?

—Comida.

—Eso no es necesariamente lo mismo.

—He sobrevivido doce días sin ti.

—Estoy orgulloso.

—Y la casa ha estado impecable.

Henry miró alrededor.

—Lo veo.

—Las llaves han permanecido localizadas.

—Impresionante.

—Y nadie ha dejado herramientas en la cocina.

Henry asintió con gravedad.

—Parece que mi ausencia ha mejorado notablemente tu calidad de vida.

Lo miré.

Había esperado echarlo de menos.

No había esperado descubrir cuánto espacio ocupaba cuando no estaba.

No sus zapatos.

No sus cables.

No sus llaves.

Él.

—Ha sido horrible —dije.

Henry sonrió.

—Eso suena mejor.

—No te acostumbres.

—Naturalmente.

Le di un golpe en el brazo.

Eso era mío.

Seguía siendo mío.

Algunas cosas no estaba dispuesta a compartirlas.

✦   ✦   ✦

El lunes siguiente vi a Hanna salir del edificio con Andrew.

Él estaba hablando.

Naturalmente.

Hanna tenía esa expresión ligeramente irritada que empezaba a reconocer como su versión particular de felicidad.

Me vieron.

Andrew levantó una mano.

Hanna no.

Más tarde me escribió.

«No digas nada.»

Miré el mensaje.

Pensé en Henry.

Pensé en mí.

Pensé en todos los meses que una persona podía dedicar a explicar algo que ya sabía todo el mundo.

Contesté:

«Naturalmente.»

Hanna respondió inmediatamente.

«Te odio.»

Sonreí.

Cómo la entendía.