Villa Restrepo CAPÍTULO 21 — LA NOTICIA
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CAPÍTULO 21 — LA NOTICIA

Carol no olvidaría jamás la imagen de Villa Restrepo rodeada de luces azules.

Ni el sonido lejano de radios y motores en mitad de la noche.

Ni la sensación de estar observando desde dentro del coche cómo una historia que había empezado casi como una obsesión absurda terminaba explotando delante de ellos.

La finca seguía iluminada cuando se marcharon.

Y aun así ninguno quería irse realmente.

Era como abandonar una escena imposible de dejar atrás.

Porque todos sabían exactamente lo que significaba aquel operativo.

Villa Restrepo ya nunca volvería a ser un secreto.

Esa noche apenas durmieron.

El grupo de WhatsApp seguía activo constantemente.

Mensajes.

Audios.

Capturas.

Rumores que empezaban a moverse por toda la comarca.

Que si había cientos de plantas.

Que si habían encontrado armas.

Que si la instalación parecía profesional.

Todo llegaba mezclado.

Confuso.

Pero suficiente para alimentar todavía más la ansiedad.

Carol pasó gran parte de la madrugada mirando redes sociales y periódicos locales.

Actualizando constantemente.

Esperando.

Y finalmente ocurrió.

La primera noticia apareció poco antes de las ocho de la mañana.

Un titular pequeño al principio.

Perdido entre sucesos locales.

Pero el contenido hizo que Carol sintiese un escalofrío inmediato.

Operación contra una plantación interior de marihuana en un concello del interior de Galicia.

Carol abrió la noticia inmediatamente.

Las manos le temblaban.

Las fotografías todavía no mostraban demasiado.

Solo coches de Guardia Civil.

Agentes entrando en una finca.

Y parte del cierre de Villa Restrepo.

Pero lo importante estaba en el texto.

Más de tres mil plantas.

Instalación industrial.

Sistemas de ventilación.

Calefacción.

Extracción profesional.

Consumo eléctrico fraudulento.

Carol dejó el móvil lentamente sobre la mesa.

El corazón le latía demasiado rápido.

Porque leerlo escrito hacía que todo pareciese muchísimo más real.

Más grande.

Más peligroso.

El grupo explotó inmediatamente.

Mauro mandó más de quince audios seguidos.

Completamente acelerado.

—¡TRES MIL PLANTAS! ¿OS DAIS CUENTA DE LO QUE ES ESO?

Roi respondió por primera vez en horas.

Y solo escribió una frase.

—Estamos muertos.

Carol sintió un escalofrío inmediato al leerlo.

Porque en el fondo una parte de ella llevaba pensando exactamente lo mismo desde la noche anterior.

Cuanto más grande parecía el hallazgo…

más miedo daba todo lo demás.

A media mañana las noticias ya estaban por todas partes.

Periódicos.

Redes.

Grupos de Facebook.

Gente hablando en bares.

Y entonces apareció la frase que terminó de cambiarlo todo.

Colaboración ciudadana.

Carol leyó aquellas palabras varias veces.

Después otra vez.

Y otra.

Porque sabía perfectamente lo que significaban.

Ahora ya no era solo una plantación descubierta.

Ahora alguien había avisado.

Alguien había ayudado.

Y si la propia Guardia Civil hablaba públicamente de colaboración…

la organización también empezaría a buscar responsables.

El miedo volvió de golpe.

Más fuerte que nunca.

Esa tarde quedaron otra vez con Dani.

El ambiente era irrespirable.

Nadie conseguía estarse quieto.

Mauro hablaba demasiado rápido.

Guille fumaba sin parar.

Roi parecía directamente enfermo.

Y Dani seguía leyendo noticias desde el portátil.

—Esto se está haciendo enorme.

Carol permanecía mirando el móvil.

Los comentarios.

Los rumores.

La gente compartiendo fotografías de Villa Restrepo.

Y entonces apareció otra noticia.

Esta vez con imágenes aéreas.

Carol sintió un vacío en el estómago.

Porque desde arriba la magnitud resultaba todavía más evidente.

La finca.

La vivienda.

Las conexiones eléctricas.

Los vehículos.

Todo parecía parte de una operación gigantesca.

—Si esto mueve el dinero que parece mover…

Dani dejó la frase a medias.

Nadie necesitaba escuchar el final.

Porque todos estaban pensando exactamente lo mismo.

Millones.

Villa Restrepo no era simplemente una plantación.

Era una fábrica escondida en mitad de Galicia.

Y ellos habían entrado allí dentro.

Entonces Mauro dijo algo que hizo que el silencio volviese inmediatamente.

—Ellos saben que fue por nosotros.

Roi levantó lentamente la cabeza.

Y por primera vez desde que todo había empezado parecía completamente derrotado.

—Sí.

Nadie discutió.

Porque todos llevaban horas pensando exactamente lo mismo.

La puerta reventada.

El coche huyendo aquella noche.

El parque.

La persecución.

Los coches alrededor.

Todo conectaba demasiado bien.

Y cuanto más crecían las noticias…

más pequeña empezaba a parecer Galicia.

Carol volvió a mirar las fotografías de Villa Restrepo en el móvil.

El cierre.

Los focos.

La Guardia Civil entrando y saliendo.

Y de repente comprendió algo aterrador.

La historia acababa de empezar realmente.