Qué puede esconder realmente una casa abandonada en mitad del monte gallego?
Carol y Guille solo buscaban un lugar donde empezar de nuevo.
Una vivienda vacía. Un sitio tranquilo. Un refugio donde sobrevivir lejos de las deudas, los problemas y la sensación constante de estar siempre al límite.
Entonces apareció Villa Restrepo.
Oculta entre lluvia, barro y carreteras secundarias del ficticio concello de Xesteira, la casa parecía abandonada desde hacía a?os. Ventanas cerradas. Persianas bajadas. Un enorme cierre oxidado rodeando la finca. Y ese silencio extra?o que solo existe en algunos lugares perdidos de Galicia.
Pero algo no encajaba.
Luces apareciendo de madrugada donde no debería haber electricidad. Zumbidos constantes detrás de las paredes. Cables imposibles conectados directamente desde un poste eléctrico. Cerraduras cambiadas. Huellas recientes sobre barro. Y, sobre todo, un olor dulce y denso que parecía escapar lentamente desde el interior de la vivienda.
Lo que comienza como una simple curiosidad termina convirtiéndose en una obsesión.
Junto a Mauro, Roi y Dani —un informático obsesionado con catastros, embargos y propiedades abandonadas—, Carol empieza a reconstruir las piezas ocultas tras Villa Restrepo. Poco a poco descubrirán que la vivienda esconde una estructura criminal mucho más grande de lo que jamás imaginaron.
Detrás de aquellas paredes húmedas funciona una de las mayores plantaciones interiores de marihuana jamás encontradas dentro de una vivienda en Galicia. Un entramado perfectamente preparado para producir durante todo el a?o sin levantar sospechas: sistemas de ventilación, riego automático, control térmico, líneas eléctricas ilegales y personas acostumbradas a desaparecer sin dejar rastro.
Pero?Villa Restrepo?no es solo una historia sobre drogas.
Es una historia sobre miedo.
Sobre cómo la paranoia empieza a crecer cuando descubres algo que nunca deberías haber visto.
Sobre cómo una simple puerta puede cambiar la vida de una persona para siempre.
Y sobre cómo la realidad puede llegar a superar tanto a la ficción… que la 






