Villa Restrepo CAPÍTULO 31 — LAS SOMBRAS SIGUEN AHÍ
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CAPÍTULO 31 — LAS SOMBRAS SIGUEN AHÍ

El verano terminó igual que había llegado.

Despacio.

Sin hacer ruido.

Las tardes largas fueron desapareciendo poco a poco y Galicia volvió a llenarse de lluvia, niebla y carreteras húmedas.

La piscina desmontable quedó vacía.

Los columpios seguían moviéndose ligeramente con el viento.

Y la segunda casa terminó convirtiéndose en algo parecido a un hogar real.

Algo que durante meses había parecido imposible.

Carol intentaba aferrarse a esa sensación.

A la rutina.

A las pequeñas cosas.

Preparar café por las mañanas.

Escuchar al niño correr por el pasillo.

Ver a Guille arreglando cualquier tontería de la finca.

Intentar vivir.

Simplemente vivir.

Pero Villa Restrepo seguía apareciendo constantemente.

No como un lugar.

Sino como una sombra.

En recuerdos.

En silencios.

En conversaciones que se detenían de golpe cuando alguien pronunciaba cierta palabra.

Y sobre todo en las noches.

Porque las noches seguían siendo las peores.

Carol todavía se despertaba a veces recordando el golpe de la maza contra la puerta.

El olor.

Las luces.

Y aquella voz gritando desesperadamente.

NO POLICE.

Nunca conseguiría olvidar aquello.

Una tarde lluviosa, Dani apareció en la segunda casa con una carpeta llena de papeles impresos.

Catastros.

Noticias.

Fotografías.

Capturas de movimientos empresariales.

Y una expresión que Carol no conseguía interpretar.

No parecía miedo.

Pero tampoco tranquilidad.

—¿Qué pasa ahora?

Dani dejó lentamente la carpeta sobre la mesa.

—Creo que encontré algo.

El ambiente dentro del salón cambió inmediatamente.

Mauro dejó el móvil.

Guille levantó la vista.

Y Roi, que llevaba días prácticamente en silencio, observó directamente a Dani.

Fuera llovía con fuerza.

El sonido del agua golpeando el cierre exterior hacía que todo pareciese todavía más aislado.

Dani abrió lentamente una de las carpetas.

Y enseñó varias fotografías.

Coches.

Locales.

Naves.

Personas entrando y saliendo.

Todo aparentemente normal.

Pero Carol ya había aprendido demasiado.

Sabía reconocer cuándo algo escondía otra cosa debajo.

—La organización sigue funcionando.

El silencio cayó inmediatamente sobre el salón.

Porque aunque todos lo sospechaban…

escucharlo en voz alta hacía que el miedo regresase otra vez.

—¿Cómo lo sabes?

Dani señaló varias imágenes.

—Los negocios siguen activos. Los coches siguen moviéndose. Las empresas siguen funcionando.

Mauro soltó una pequeña risa nerviosa.

—O sea… que no cayó nadie importante.

Dani negó lentamente.

—No.

Carol sintió un vacío incómodo en el estómago.

Porque aquello confirmaba exactamente lo que llevaba meses temiendo.

Villa Restrepo nunca había sido el centro de nada.

Solo una pieza más.

Una pieza que podían perder sin destruir realmente el negocio.

Roi seguía mirando las fotografías en silencio.

Después habló muy despacio.

—Entonces saben que perdieron millones… y siguen libres.

Nadie respondió.

Porque todos comprendían perfectamente lo que significaba.

La conversación se alargó durante horas.

Dani explicó movimientos extraños.

Propiedades relacionadas.

Dinero.

Empresas aparentemente legales.

Todo escondido bajo una apariencia normal.

Y cuanto más hablaba…

más evidente resultaba que aquella historia nunca había terminado realmente.

Entonces Carol hizo una pregunta que llevaba demasiado tiempo guardándose.

—¿Tú crees que todavía nos vigilan?

Dani tardó varios segundos en responder.

Miró hacia la lluvia detrás de las ventanas.

Después habló sin dramatismo.

Sin intentar asustar a nadie.

Como alguien simplemente describiendo una realidad incómoda.

—Creo que al principio sí.

El silencio dentro del salón se endureció.

—¿Y ahora?

Dani respiró hondo.

—Ahora creo que probablemente solo sois un recuerdo incómodo para ellos.

Mauro frunció el ceño.

—Eso no tranquiliza mucho.

Dani soltó una pequeña sonrisa cansada.

—No pretendía tranquilizaros.

Fuera, un coche pasó lentamente junto al cierre exterior.

Todos levantaron la cabeza automáticamente.

El silencio fue instantáneo.

Y precisamente ese gesto hizo que Carol comprendiese algo doloroso.

Ya nunca volverían a reaccionar como personas normales.

Villa Restrepo les había cambiado para siempre.

El coche siguió avanzando y desapareció.

Nadie dijo nada durante varios segundos.

Hasta que Roi murmuró una frase casi en voz baja.

—Vivimos esperando que pase algo.

Carol lo miró lentamente.

Y supo inmediatamente que tenía razón.

Eso era exactamente lo que les estaba destruyendo.

La espera.

La sensación constante de peligro.

La imposibilidad de saber si realmente seguían vigilados…

o si simplemente habían aprendido a vivir aterrorizados.

La lluvia siguió golpeando suavemente la finca.

El niño dormía en la habitación del fondo.

La segunda casa parecía tranquila.

Segura.

Normal.

Y aun así ninguno conseguía sentirse completamente a salvo.

Antes de marcharse aquella noche, Dani se detuvo junto a la puerta.

Después miró directamente a Carol.

—Escribe la historia.

Carol frunció ligeramente el ceño.

—¿Por qué?

Dani sonrió apenas un instante.

—Porque dentro de unos años ni vosotros mismos vais a creer todo lo que vivisteis.

Después salió bajo la lluvia.

Y mientras Carol observaba cómo desaparecía entre oscuridad y monte gallego, comprendió algo.

Las sombras seguían ahí.

Quizá más lejos.

Quizá más débiles.

Pero seguían existiendo.

Y algunas historias…

incluso cuando parecen terminar…

nunca desaparecen del todo.