CAPÍTULO 29 — LA SERIE
Después de la segunda llamada, nadie volvió a dormir tranquilo.
Ya no quedaban dudas.
No era paranoia.
No era casualidad.
Alguien sabía dónde estaban.
Alguien conocía la segunda casa.
Y lo peor era que la voz había sonado demasiado tranquila.
Como si todo aquello fuese simplemente un juego lento.
Una manera de recordarles constantemente que seguían observándolos.
Los días posteriores estuvieron marcados por el silencio.
Un silencio pesado.
Insoportable.
Ya casi nadie hablaba de Villa Restrepo directamente.
Ni siquiera Mauro.
Y eso era quizá lo más preocupante de todo.
Porque Mauro había sido siempre el impulsivo.
El que necesitaba hablar.
El que convertía el miedo en ruido.
Pero ahora incluso él parecía agotado.
Carol seguía limpiando y arreglando cosas en la segunda casa.
Intentando construir normalidad.
Intentando creer que todavía podían tener una vida tranquila.
Piscina.
Columpios.
Una familia.
Una rutina.
Pero cada vez que escuchaba un coche acercarse por el camino sentía el mismo golpe en el pecho.
Y ya nunca conseguía relajarse del todo.
Una tarde de lluvia quedaron otra vez en la nave de Dani.
Hacía semanas que ninguno iba allí con tranquilidad.
La nave se había convertido casi en un refugio.
Un lugar donde hablar sin mirar constantemente alrededor.
Dani seguía investigando cosas.
Aunque ahora lo hacía más por obsesión que por curiosidad.
—La investigación sigue abierta.
Carol levantó la vista lentamente.
—¿Y?
—Y no van a detener a nadie importante.
El silencio volvió inmediatamente.
Porque todos llevaban tiempo sospechándolo.
El detenido seguía siendo el mismo.
Un intermediario.
Alguien fácil de sacrificar.
Mientras los verdaderos responsables seguían desaparecidos.
Roi permanecía sentado al fondo.
Cansado.
Consumido.
Como alguien atrapado en un miedo permanente.
—Lo peor es que nunca vamos a saber quién llamó.
Nadie respondió.
Porque eso era precisamente lo que más destruía la cabeza.
La incertidumbre.
No saber si realmente estaban vigilados o simplemente aterrorizados.
No saber si el coche negro era una amenaza…
o una obsesión colectiva.
Entonces Mauro soltó una pequeña risa nerviosa.
—Parece una puta serie.
El comentario provocó algo extraño.
Por primera vez en semanas, todos sonrieron ligeramente.
Una sonrisa pequeña.
Agotada.
Pero real.
Y quizá precisamente por eso Carol terminó diciendo lo que llevaba tiempo rondándole la cabeza.
—La realidad supera cualquier serie.
El silencio posterior fue distinto.
No incómodo.
Sino reflexivo.
Porque todos empezaban a comprender algo.
Lo que habían vivido parecía imposible de explicar a alguien ajeno.
La casa.
Los cables.
El olor.
Los hombres armados.
La huida.
Las llamadas.
Los coches.
Todo sonaba exagerado incluso contado por ellos mismos.
Y aun así había ocurrido de verdad.
Dani cerró lentamente el portátil.
Después miró directamente a Carol.
—La gente no se creería la mitad.
Carol observó la lluvia golpeando el cristal de la nave.
Y entonces apareció una idea.
Pequeña al principio.
Casi absurda.
Pero imposible de sacar de la cabeza.
Contarlo.
Todo.
Convertir el miedo en otra cosa.
En historia.
En palabras.
Quizá era la única manera de recuperar el control sobre algo que llevaba meses destrozándolos por dentro.
—¿Y si escribimos todo esto?
Mauro soltó una carcajada breve.
—¿Un libro?
Carol asintió lentamente.
—O algo así.
Roi levantó la vista por primera vez en varios minutos.
—¿Para qué?
Carol tardó unos segundos en responder.
Porque ni ella misma tenía completamente clara la respuesta.
Después habló despacio.
—Porque si no lo contamos nosotros… acabará pareciendo que nunca ocurrió.
El silencio volvió a llenar la nave.
Fuera seguía lloviendo sobre Galicia.
Y por primera vez desde Villa Restrepo, el miedo empezó a transformarse en otra cosa.
No desapareció.
Seguía ahí.
Pegado a todos.
Pero ahora también existía una necesidad distinta.
La de ordenar todo aquello.
Entenderlo.
Contarlo.
Dar sentido a una historia que todavía seguía abierta.
Mauro sonrió ligeramente.
—Entonces habrá que ponerle nombre.
Dani soltó una pequeña risa.
—El nombre ya lo tenemos desde hace meses.
Todos miraron lentamente hacia Carol.
Y aunque nadie llegó a pronunciarlo en voz alta…
todos estaban pensando exactamente lo mismo.
Villa Restrepo.
Carol volvió a mirar la lluvia detrás del cristal.
Y entonces comprendió algo.
Quizá nunca lograrían escapar realmente de todo aquello.
Pero al menos podían hacer una cosa.
Contar la verdad.
Aunque sonase demasiado increíble para ser cierta.