CAPÍTULO 19 — LA LLAMADA
El miedo empezó a instalarse en pequeñas cosas.
No llegó de golpe.
No apareció como en las películas.
Simplemente empezó a formar parte de la rutina.
Mirar dos veces antes de salir del coche.
Observar matrículas.
Evitar ciertos caminos de noche.
Comprobar retrovisores constantemente.
Y cuanto más tiempo pasaba, más normal parecía vivir así.
Carol odiaba precisamente eso.
Lo rápido que uno puede acostumbrarse al miedo.
Los días posteriores a la reunión con Dani fueron extraños.
Nadie volvió a acercarse a Villa Restrepo.
Ni siquiera Mauro.
El grupo de WhatsApp seguía activo, pero el tono había cambiado completamente.
Ya no había emoción.
Ni teorías absurdas.
Ahora solo había tensión.
Silencios largos.
Y mensajes cortos.
Como si todos supiesen que cualquier cosa podía ir a peor en cualquier momento.
Roi prácticamente había desaparecido.
Respondía tarde.
Poco.
Y siempre repetía lo mismo.
—Tenemos que salir de esto.
Pero Carol sabía que ninguno sabía realmente cómo hacerlo.
Porque el problema ya no era Villa Restrepo.
El problema era todo lo que había alrededor.
Los coches.
La gente.
Las miradas.
Y sobre todo la sensación constante de que alguien ya conocía sus caras.
Fue Mauro quien volvió a romper el equilibrio.
Como siempre.
Un audio enviado a las dos y trece de la madrugada.
—Creo que me siguieron hoy.
Carol sintió el cuerpo tensarse inmediatamente.
Abrió el resto de mensajes.
Guille ya estaba respondiendo.
—¿Quién?
—No lo sé. Un BMW negro.
El silencio dentro del grupo duró varios minutos.
Después apareció Dani.
—¿Matrícula?
Mauro tardó un poco en responder.
—No la vi bien.
Dani no volvió a escribir.
Y precisamente eso hizo que todo pareciese todavía peor.
A la mañana siguiente Carol apenas consiguió concentrarse en nada.
Sentía constantemente la necesidad de mirar el móvil.
Esperando algún mensaje nuevo.
Alguna noticia.
Algún problema.
Pero lo peor llegó por la tarde.
El teléfono sonó mientras estaba sola en casa.
Número oculto.
Carol dudó unos segundos antes de responder.
—¿Sí?
Durante varios segundos no se escuchó nada.
Solo respiración.
Leve.
Lenta.
Después una voz.
Hombre.
Acento extraño.
—No vuelvas a la casa.
Carol sintió cómo el cuerpo se le congelaba completamente.
Intentó responder.
Pero la llamada ya se había cortado.
El silencio dentro de la cocina se volvió insoportable.
Carol permaneció inmóvil varios segundos mirando el móvil.
El corazón le latía demasiado rápido.
No era paranoia.
No era imaginación.
Alguien acababa de llamarla.
Y sabía perfectamente quién era ella.
Lo primero que hizo fue escribir al grupo.
Las respuestas llegaron inmediatamente.
Guille llamó en menos de diez segundos.
—¿Qué cojones?
Mauro parecía nervioso de verdad por primera vez.
Roi ni siquiera preguntó detalles.
Solo escribió una frase.
—Os dije que nos estaban mirando.
Carol intentó convencerse de que podía ser una broma.
Alguien del pueblo.
Algún conocido.
Pero había algo en aquella voz que le revolvía el estómago.
Fría.
Tranquila.
Como alguien acostumbrado a dar órdenes.
Esa noche quedaron otra vez con Dani.
El ambiente era completamente distinto al de las otras reuniones.
Nadie levantaba demasiado la voz.
Nadie bromeaba.
Y por primera vez desde que todo había empezado, todos parecían realmente asustados.
Dani escuchó la historia sin interrumpir.
Después permaneció varios segundos mirando la mesa.
Pensando.
—¿Reconociste la voz?
Carol negó lentamente.
—No.
—¿Dijo algo más?
—Solo que no volviese a la casa.
Dani respiró hondo.
Y entonces dijo algo que dejó a todos completamente callados.
—Eso no es una amenaza.
Carol lo miró inmediatamente.
—¿Cómo que no?
—Si quisieran asustarte, habrían dicho mucho más.
El silencio volvió a caer sobre la nave.
Y Dani terminó la frase lentamente.
—Eso es un aviso.
Carol sintió un escalofrío recorriéndole la espalda.
Porque en el fondo entendía perfectamente lo que quería decir.
No estaban jugando.
No intentaban impresionarlos.
Simplemente les estaban diciendo que sabían quiénes eran.
Y precisamente eso daba mucho más miedo.
Mauro intentó quitarle importancia.
—Igual es alguien intentando meternos miedo.
Dani negó lentamente.
—No. Esa gente no funciona así.
Roi seguía completamente callado.
Mirando fijamente al suelo.
Como si llevase días pensando exactamente lo mismo.
Entonces levantó lentamente la cabeza.
Y habló casi en un susurro.
—Creo que nos hemos metido en algo de lo que ya no vamos a poder salir.