Capítulo 65
Sin Salida
Semifinal del Torneo Magistral de Nueva Orleans
Greta acomodó lentamente las piezas.
Aunque alrededor de ella todo parecía normal, le resultaba imposible olvidar que, en algún lugar del edificio, el Albañil podía estar observándolo todo.
Respiró profundamente.
Su adversario hizo lo mismo.
El árbitro puso en marcha ambos relojes.
La sala quedó en silencio.
Pero Greta era incapaz de escuchar únicamente el tic-tac del reloj.
Sabía que, por todo el edificio, había agentes del FBI.
Policías vestidos de civil.
Elementos de inteligencia.
Y, aun así, la sensación de peligro no desaparecía.
Su padre había sido completamente sincero.
—Si el Albañil quiere hacerte daño...
no elegirá necesariamente el torneo—
Aquellas palabras se repetían una y otra vez en su cabeza.
Movió el peón de rey.
Su rival respondió inmediatamente.
Los primeros movimientos transcurrieron con absoluta normalidad.
Sin embargo, Greta descubrió algo que jamás le había ocurrido en una competencia.
Cada vez que levantaba la vista del tablero, buscaba inconscientemente los rostros del público.
Comprendió que el verdadero miedo no consistía en reconocer al Albañil.
Sino en no poder distinguirlo entre la multitud.
¿Aquel anciano?
¿La mujer que escribía en una libreta?
¿El fotógrafo?
¿El hombre que parecía mirar continuamente su teléfono?
Volvió inmediatamente al tablero.
No podía permitirse una distracción.
Su rival no cometería ese error.
Después de casi dos horas de juego, la posición comenzó a complicarse.
Varias piezas menores habían desaparecido.
Las columnas centrales empezaban a abrirse.
Greta encontró entonces una secuencia táctica que había estudiado con James años atrás.
No era frecuente.
De hecho, jamás había podido realizarla en una partida oficial.
Sacrificó la dama.
Su rival aceptó la captura.
Luego apareció el segundo sacrificio de caballo.
Las torres quedaron completamente descoordinadas.
El rey comenzó a quedarse sin refugio.
Cinco movimientos más tarde, la posición era evidente.
Greta observó el tablero.
Sonrió apenas.
Levantó la vista.
—Jaque mate.
Su rival permaneció inmóvil varios segundos.
Finalmente también sonrió.
—No lo vi venir.
El árbitro confirmó el resultado.
Mientras los espectadores comenzaban a comentar la partida, uno de los analistas señaló la pantalla gigante.
—Una combinación muy poco frecuente.
Las negras acaban de ejecutar un Mate de Bodén.
Las piezas aparecieron ampliadas en el monitor.
Los comentaristas comenzaron a explicar la secuencia.
Dos alfiles cruzaban sus diagonales formando una especie de tijera invisible.
El rey enemigo quedaba encerrado por sus propias piezas.
No existía ninguna casilla de escape.
Greta observó la repetición.
Había estudiado aquel patrón siendo adolescente.
Siempre le había parecido uno de los mates más elegantes del ajedrez.
Y, aquella tarde… lo había realizado con total sutileza.
Mientras abandonaba lentamente la mesa, una idea cruzó fugazmente por su mente.
¿Y si el Albañil también está construyendo un patrón?
No un asesinato.
Un mate.
No importaba la pieza concreta.
Sino que, llegado el momento, ninguna salida permaneciera abierta.
Sintió un escalofrío.
Buscó instintivamente a Jamal entre el público.
Lo encontró a unos metros de distancia.
Jamal asintió discretamente.
Todo parecía bajo control.
Sin embargo, Greta comprendió que quizá la verdadera fortaleza del plan consistía precisamente en que nadie podía verlo.
Greta devolvió el gesto y caminó hacia la sala de descanso.
Pero la inquietud no desapareció.
Los grandes maestros no vencen cuando capturan más piezas.
Vencen cuando consiguen que el rival llegue a una posición de la que ya no puede escapar.
Greta se detuvo.
Por primera vez desde que comenzó el torneo comprendió que quizá ella no estaba jugando una partida de ajedrez.
Estaba viviendo dentro de una.