Capítulo 64
El tablero equivocado
Desde las siete de la mañana, los equipos comenzaron a distribuirse.
FBI.
Policía de Nueva Orleans.
Agentes locales.
Todos vestidos de civil.
Greta nunca permaneció sola.
Un agente ocupaba la mesa contigua durante las partidas.
Otro permanecía en la cafetería.
Dos más vigilaban permanentemente los accesos.
Las cámaras de seguridad fueron revisadas una por una.
No apareció ningún dispositivo ajeno.
Ningún transmisor.
Ninguna cámara oculta.
Nada.
Un plan tan meticuloso no podía conducir a un escenario tan impecable.
Durante los descansos, James recorrió personalmente el edificio.
Revisó escaleras.
Pasillos.
Áreas de mantenimiento.
Cuartos eléctricos.
Elevadores.
Nada llamaba la atención.
Todo parecía exactamente igual que en los planos.
Aquella normalidad era el sello del Albañil.
***
27 de junio
Precinto de mando temporal — Nueva Orleans
James cerró lentamente la computadora.
La publicación **Txg1** llevaba casi una hora circulando.
Había capturado la dama exactamente como esperaba.
Y, aun así, la sensación de derrota no desaparecía.
La vigilancia aumentó todavía más.
Greta avanzó hasta las finales.
Eso significaba una sola cosa.
Permanecería en el recinto hasta la ceremonia de clausura.
James no supo si alegrarse o preocuparse.
Cuanto más tiempo permaneciera allí...
más oportunidades tendría el Albañil, al tiempo que él la tendría protegida al 100%.
Durante toda la jornada no recibieron un solo reporte relevante.
Ninguna amenaza.
Ningún paquete sospechoso.
Ningún vehículo abandonado.
Ningún empleado infiltrado.
Ni siquiera una llamada anónima.
Era como si el Albañil simplemente hubiera desaparecido.
Al caer la tarde se reunieron nuevamente en una pequeña sala de mando.
Harold comenzó el informe.
—Terminamos de verificar las listas de proveedores.
Todo el personal de limpieza.
Seguridad privada.
Montaje.
Catering.
Prensa.
No encontramos antecedentes relevantes.
Lucas continuó.
—También revisamos las cámaras de los últimos dos días.
No aparece ningún individuo siguiendo a Greta.
Ni tomando fotografías.
Ni realizando recorridos repetitivos o sospechosos.
James permanecía inmóvil.
López dejó otra carpeta sobre la mesa.
—Los perros terminaron de revisar el edificio.
Explosivos.
Armas.
Sustancias químicas.
Todo negativo.
Durham suspiró con frustración.
—Entonces...
»¿qué demonios está esperando?
James levantó lentamente la vista.
—Que aparezca su oportunidad.
—¿Y si nunca aparece?
James negó con firmeza.
—La tendrá.
Toda la lógica de la partida conduce hasta mañana.
Si no aparece, significará que llevamos meses interpretando mal el tablero y no aprendimos nada, incluso puedo asegurar que él ya sabe que lo estamos esperando.
El silencio volvió a instalarse.
López abrió entonces una carpeta distinta.
—Hay algo más.
James levantó la vista.
—¿Qué sucede?
—Ya recibimos el itinerario definitivo de la ceremonia de clausura.
Deslizó varias hojas sobre la mesa.
James comenzó a leer.
Final.
Entrega de reconocimientos.
Fotografía oficial.
Clausura.
López señaló el último apartado.
—El jefe de Policía de Nueva Orleans confirmó su asistencia.
»Llegará mañana por la tarde para encabezar la premiación.
James asintió lentamente.
—Esperemos que para entonces ya tengamos todo cubierto.
Pero, mientras pronunciaba aquellas palabras, volvió a sentir la misma inquietud que lo perseguía desde hacía días.
Algo seguía sin encajar.
Habían protegido a Greta.
Habían blindado el edificio.
Habían revisado cada acceso.
Cada pasillo.
Cada elevador.
Y, sin embargo, el Albañil seguía comportándose como si la victoria ya estuviera asegurada.
James tomó nuevamente el programa del torneo.
Lo recorrió por tercera vez aquella noche.
Su mirada pasó fugazmente por la última línea.
**Ceremonia de premiación por el Jefe de Policía de Nueva Orleans.**
Permaneció observándola unos segundos.
Después, casi por instinto, tomó una de las fotografías de las notas enviadas por el Albañil.
Los tres puntos.
Siempre los mismos.
Perfectamente alineados.
Perfectamente simétricos.
Su mirada iba del programa a la fotografía.
Y de la fotografía al programa.
Sabía que había vuelto a ellos una y otra vez por alguna razón.
Pero todavía no comprendía qué podían tener en común.
—¡Los tres puntos = caballo! —pensó.
James cerró lentamente la carpeta.
No podía demostrar nada.
Pero sabía que acababa de encontrar el primer hilo capaz de deshacer toda la trama.