Capítulo 63
Luisiana
Paul actualizó por última vez la página de la *Tribuna Digital de Bismarck*.
La nueva publicación apareció casi de inmediato.
Había esperado esa respuesta desde que decidió sacrificar su dama.
La torre blanca había capturado la dama.
Permaneció varios segundos contemplando la posición.
Después sonrió.
Era exactamente la jugada que había esperado.
En realidad, era la única posible.
James había hecho lo correcto.
Había eliminado la pieza más poderosa del tablero.
Pero ya era demasiado tarde.
La dama nunca había sido el verdadero peligro.
Su pérdida formaba parte del plan desde muchos movimientos atrás.
Un sacrificio necesario para obligar al rey a ocupar la única casilla desde la cual el desenlace sería inevitable.
Se recargó en el respaldo de la silla y, casi sin proponérselo, recordó los dos últimos días.
***
25 de junio
Nueva Orleans
La transmisión en vivo comenzó puntualmente.
Las cámaras recorrían el enorme salón principal del Centro de Convenciones.
Decenas de tableros.
Árbitros.
Periodistas.
Espectadores.
Paul observaba todo desde la sala de su casa.
No le interesaban las partidas.
Le interesaban las personas.
Los accesos.
Los desplazamientos.
Las cámaras cambiaron de toma.
Greta apareció por primera vez.
Vestía el saco oficial del torneo.
Saludó a su rival y comenzó la partida.
Paul permaneció completamente indiferente.
Lo que realmente llamó su atención fue otra cosa.
Detrás de Greta permanecía un hombre haciendo anotaciones.
A unos metros, otro conversaba con un árbitro.
Un tercero caminaba lentamente entre las mesas.
Demasiado atentos.
Demasiado discretos.
Paul sonrió apenas.
James había hecho exactamente lo que esperaba.
Había construido un muro alrededor de Greta.
—Muy bien, James...
Proteges exactamente la pieza que esperaba que protegieras.
Paul soltó una breve risa.
Cada agente alrededor de Greta confirmaba que la atención policial seguía concentrada en el tablero equivocado.
Las cámaras continuaron mostrando distintas partidas.
Paul dejó de prestarles atención.
Sabía que, mientras la policía concentrara sus esfuerzos alrededor de Greta, el resto del tablero permanecería prácticamente libre.
Durante los descansos cambió la transmisión por las cámaras web disponibles.
Observó los accesos principales.
Las entradas reservadas.
El movimiento del personal.
Incluso alcanzó a distinguir algunos agentes uniformados recorriendo el perímetro.
Todo confirmaba lo mismo.
La seguridad estaba orientada hacia el público.
Hacia los jugadores.
Hacia Greta.
No hacia el recorrido que realmente le interesaba.
El despliegue era impecable.
Paul sonrió con satisfacción.
Había estudiado durante tanto tiempo el comportamiento humano y el lenguaje corporal que le resultaba relativamente sencillo detectar pequeñas incongruencias.
Habían concentrado una parte importante de sus recursos alrededor del lugar donde creían que ocurriría el ataque.
Incluso la vigilancia perimetral había aumentado.
Recordó lo útil que le había resultado la tecnología.
Nadie imaginaba que el verdadero objetivo nunca se acercaría a un tablero de ajedrez.
El recuerdo terminó.
26 de junio
20:00 horas
Paul volvió a mirar su tablero y sabía que la próxima jugada sería.
**Txg1**
A pesar de que James había tratado de alargar los tiempos, él controlaba la fecha final.
James tendría que capturar la dama.
Y dejar a su rey encerrado en la esquina del tablero.
Apagó la computadora.
Después tomó la carpeta azul que estaba sobre el escritorio.
No volvió a revisar los planos.
Ni los horarios.
Ni el programa del torneo.
Todo estaba perfectamente memorizado.
Desde la recámara escuchó la voz de Basima.
—¿Ya terminaste de trabajar?
Paul levantó la vista.
—Sí, mamá.
—Mañana tendremos que salir temprano para no llegar tarde.
Paul sonrió.
—No te preocupes.
Llegaremos a tiempo.
Esperó a que Basima abandonara la cocina.
Entonces dirigió nuevamente la mirada hacia la carpeta cerrada.
Treinta y cuatro años.
Miles de recuerdos.
Un solo nombre.
El peso de toda una vida parecía concentrarse en la mañana siguiente.
No habría más advertencias.
No habría más oportunidades de retroceder.
Paul miró por última vez el tablero magnético.
No había euforia en su rostro.
Solo la serenidad de quien creía haber llegado exactamente al lugar que llevaba toda una vida construyendo.
—Mañana será el Mate de la Coz.