Capítulo 60
La última defensa
La sala de reuniones permanecía en silencio.
La posición en la pizarra parecía confirmar lo inevitable.
Sobre el tablero, el Albañil conservaba una ventaja decisiva.
El caballo negro dominaba el flanco del rey.
La dama mantenía el cerco.
No había una sola pieza blanca capaz de iniciar un contraataque.
Lucas rompió el silencio.
—Entonces...
»¿se acabó?
Nadie respondió.
Bradox consultó nuevamente el motor de análisis.
La evaluación permanecía inalterable.
Ventaja decisiva para las negras.
Durham dejó el expediente sobre la mesa.
—Ya no hay nada que discutir.
Miró directamente a James.
—Publica la rendición.
James negó con serenidad.
No era una cuestión de orgullo.
Las reglas impuestas por el Albañil, sencillamente, no contemplaban esa posibilidad.
James levantó lentamente la vista.
—No puedo.
—¿Por orgullo?
—Por las reglas.
Durham frunció el ceño.
—¿Qué importan las reglas?
James abrió un sobre, en él había guardado el mensaje que el Albañil le había enviado meses atrás.
Extrajo la hoja perfectamente doblada.
La sostuvo unos segundos antes de leerla en voz alta.
—Número uno: debes jugar y publicar tu jugada en la *Tribuna de Bismarck*, en la sección de clasificados, en un plazo no mayor de setenta y dos horas.
—Número dos: no está permitido rendirse. Debe haber jaque mate.
—Número tres: si no juegas, de cualquier forma alguien pierde.
—Número cuatro: este juego es intransferible... a menos que mueras.
Nadie necesitó preguntar qué significaban aquellas reglas.
Todos conocían la respuesta.
James dejó lentamente la hoja sobre la mesa.
—No existe la opción de rendirse.
El silencio regresó.
Lucas fue el primero en comprender la verdadera dimensión del problema.
—Entonces...
»aunque supieras que la partida está perdida...
»debes seguir jugando.
James asintió.
—Hasta el último movimiento.
En ese momento Harold entró con la confirmación definitiva.
—Recibimos toda la información adicional del hotel.
»También los accesos restringidos.
»Los elevadores.
»Las rutas de evacuación.
James apenas levantó la vista.
—Déjalos sobre mi escritorio.
Durham perdió finalmente la paciencia.
—¡¿Para qué demonios quieres seguir estudiando un edificio?!
James respondió con absoluta calma.
—Porque el tablero ya no puede salvarse.
Pero quizá todavía podamos salvar a quienes están jugando sobre él.
López observó a James.
Era la primera vez que utilizaba esa expresión.
Ya no hablaba de piezas.
Hablaba de personas.
Y comprendió que James había dejado de intentar ganar la partida.
Ahora intentaba ganar el final.
***
James envió a publicar la nueva jugada.
**Rh1**
Era una jugada obligada.
No había variantes.
Ni explicaciones.
Solo acompañó la publicación con una frase:
«Algunas posiciones no pueden ganarse.
Solo pueden resistirse.»
La publicación aparecería al día siguiente en la *Tribuna de Bismarck*.
En el precinto nadie dijo una palabra.
Era la jugada esperada.
La única.
Y, precisamente por eso, resultaba tan desesperanzadora.
***
23 de junio
Videollamada familiar
Greta apareció con Jamal.
Sofía se sentó junto a James.
Durante unos segundos nadie habló.
Fue Greta quien rompió el silencio.
—Papá... ¿qué está pasando?
James tardó varios segundos en responder.
Había ensayado aquella conversación varias veces.
Y ninguna versión le parecía suficiente.
—Necesito que me escuchen hasta el final.
Los tres asintieron.
James respiró profundamente.
—Creo que el Albañil está preparando el último movimiento de la partida.
Greta bajó la mirada.
Sabía lo que eso significaba.
Jamal le había contado en qué había estado trabajando con James.
—¿Crees que soy yo?
James sostuvo la mirada de Greta.
Era el momento que más había intentado evitar desde el inicio de la investigación.
Permaneció unos segundos en silencio.
No quería mentirle.
—Sí.
»En este momento...
»eres la persona que mejor encaja en el patrón.
Nadie dijo una palabra.
Jamal tomó la mano de Greta.
Sofía cerró lentamente los ojos.
Y apretó el brazo de James, como intentando cambiar sus palabras.
Aun así, confiaba en él.
Necesitaba hacerlo.
James continuó.
—Eso no significa que tenga razón.
Solo significa que no puedo ignorar esa posibilidad.
Greta levantó nuevamente la vista.
—¿Qué quieres que haga?
James negó lentamente con la cabeza.
—La vigilancia seguirá como hasta ahora. Pero desde hoy quiero una precaución adicional: ninguno de ustedes se moverá solo.
»Sería un error aún mayor improvisar.
»Este hombre lleva meses estudiándonos.
»Si cambiamos todo ahora...
»sabrá que entendimos su plan.
Sofía intervino por primera vez.
—¿Y entonces?
James la miró con una serenidad que ella conocía demasiado bien.
—Confíen en mí.
Hubo un largo silencio.
Greta fue la primera en asentir.
—Lo haré.
Después, Jamal.
Finalmente, Sofía.
James los observó por última vez.
Había algo más que necesitaba decirles.
Algo que llevaba días guardándose.
Pero decidió callarlo.
Todavía no podía revelarles que, desde la publicación de **Rh1**, la partida había dejado de ser una persecución.
Era una espera.
***
Más tarde, James le contó a López lo que había hablado con su familia.
López permaneció unos instantes observándolo.
—No les contaste toda la verdad.
James negó lentamente con la cabeza.
—Todavía no.
—¿De verdad tienes un plan?
James tomó nuevamente la carpeta con los planos del hotel.
Comenzó a hojearla una vez más.
Su respuesta tardó varios segundos.
Finalmente cerró la carpeta.
—No tengo un plan perfecto.
Tengo una oportunidad.
Apoyó la mano sobre el plano donde aparecían los accesos restringidos del hotel.
—Y espero que sea suficiente.
López aguardó unos segundos.
Esperaba que James dijera algo más.
Pero él permaneció en silencio.