Veintitrés Capítulo 58
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Capítulo 58

Centro Acuático Municipal, Bismarck

El agua amortiguaba todos los sonidos.

James se impulsó desde el borde de la piscina y comenzó a nadar con un ritmo lento y constante.

Intentaba silenciar el ruido que le impedía pensar.

Una vuelta.

Luego otra.

Y otra más.

No había llevado el teléfono.

No quería escuchar llamadas.

Ni mensajes.

Ni noticias.

Durante meses había intentado resolver la partida sentado frente a un tablero.

Comprendía que estaba pensando demasiado.

Llevaba días forzando respuestas.

A veces, la mente encontraba el camino correcto precisamente cuando dejaba de perseguirlo.

Necesitaba permitir que las respuestas aparecieran por sí solas.

Al completar la décima vuelta, se dejó flotar boca arriba.

El techo blanco del recinto parecía perderse en la distancia.

Cerró los ojos.

Las imágenes comenzaron a aparecer sin esfuerzo.

Olympia.

Springfield.

Austin.

Nueva Orleans.

Las piezas.

Los cadáveres.

Dubov.

Halpern.

Greta.

El torneo.

Y una palabra.

Zugzwang.

La palabra apareció con una claridad inesperada.

Ya no describía una posición de ajedrez.

Describía el estado completo de la investigación.

Se preguntó:

¿Qué podía satisfacer más al Albañil que obligar a su adversario a elegir entre movimientos que conducían a la derrota?

Toda la investigación se encontraba exactamente en esa posición.

Cualquier movimiento precipitado podía favorecer al Albañil.

A menos que dejara de responder como él esperaba.

Comprendió que no necesitaba responder de inmediato.

Aún disponía de un par de días.

Y pensaba aprovecharlos y tal vez romper su cronograma.

No para revisar otra vez las jugadas.

Sino para comprender la arquitectura del lugar donde quería terminar la partida.

La derrota sobre el tablero era inminente.

Pero la partida real todavía seguía abierta.

Cuando llegó al Precinto 34, Lucas ya se encontraba en su oficina.

James dejó una carpeta sobre el escritorio.

—Necesito un favor.

Lucas sonrió.

—Eso nunca termina siendo un favor pequeño.

James desplegó varios planos.

—Necesito el detalle de los accesos restringidos del hotel.

»Me refiero a todas las zonas marcadas aquí.

Señaló al menos doce accesos.

—Esa información solo puede proporcionarla la administración del hotel.

»Y seguramente necesitaremos una orden judicial.

Lucas levantó una ceja.

—Especialmente los elevadores, ¿cierto?

—Especialmente los elevadores.

Lucas volvió a observar los documentos.

—¿Sigues convencido de que el final será en Nueva Orleans?

James tardó unos segundos en responder.

—Estoy convencido de que el final ocurrirá en un lugar cuya arquitectura todavía no comprendo.

—¿Y por qué los elevadores?

James permaneció en silencio.

Ni siquiera él podía justificar todavía aquella intuición.

—No lo sé.

Hizo una pausa.

—¿Recuerdas los tres puntos de las notas?

Lucas asintió.

—Sí.

»No le dimos mayor importancia.

James negó con la cabeza.

—Creo que, en realidad, siempre fueron una pista.

»Una pista colocada a plena vista.

»Pero todavía no estoy seguro.

James volvió a mirar los planos.

—Solo sé que llevo días haciéndome las preguntas equivocadas.

Lucas tomó el teléfono.

—Haré algunas llamadas.