Capítulo 57
Zugzwang
La sala permanecía en silencio.
Esta vez, nadie reaccionó con sorpresa.
Todos comprendían que el Albañil estaba desarrollando un plan.
No improvisando ataques.
Nadie apartaba la vista de la pizarra.
**Ch3+**
Caballo a h3.
Jaque Doble.
Debajo del tablero aparecía un mensaje más extenso que los anteriores.
«Esperaba que pelearas hasta el final.
No seas cobarde.
Vas a perder de cualquier manera.
Hazlo luchando.»
López terminó de leerlo.
—Quiere provocarte.
—No.
Quiere que confundamos una reacción emocional con una decisión estratégica —respondió James.
Su atención permanecía fija únicamente en la posición.
El caballo acababa de instalarse en h3.
La dama seguía dominando las casillas críticas.
La presión sobre el rey era casi absoluta.
Durham rompió el silencio.
—¿Contento?
James levantó lentamente la vista.
—¿Perdón?
—Eso querías evitar con Rg1.
Señaló el tablero.
—Y míranos ahora.
»Otro jaque.
»Peor que el anterior.
James volvió la mirada hacia las piezas.
—No.
Respondió con calma.
—Es exactamente el que esperaba.
Durham soltó una risa incrédula.
—Claro...
»Ahora resulta que también esperabas quedar completamente encerrado.
López intervino antes de que James respondiera.
—No está encerrado.
Durham giró hacia él.
—¿No?
López se acercó al tablero.
—Estamos en un movimiento forzado.
Bradox frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
James respondió sin apartar la vista de la pantalla.
—Que tenemos que realizar el movimiento único en este momento.
»El problema no es quedarse sin jugadas.
»Es que todas ayudan al rival.
Lucas permanecía atento.
James continuó.
—No importa lo que haga el blanco.
Cada jugada favorece al negro.
Durham cruzó los brazos.
—Entonces admite que estamos perdidos.
James negó lentamente con la cabeza.
—No.
—Admito que, sobre el tablero, estamos perdidos.
»Pero esta investigación ya no se juega únicamente sobre sesenta y cuatro casillas.
»La diferencia es enorme.
El silencio volvió a llenar la sala.
Todos comprendieron el énfasis de aquella afirmación.
En el tablero.
No fuera de él.
En ese momento apareció Jamal en la pantalla de la videoconferencia.
—Buenos días.
Nadie respondió al saludo.
James giró el monitor para mostrarle la nueva posición.
—Ya vi la publicación —dijo Jamal.
—El caballo llegó a h3.
—Sí.
James permaneció pensativo unos segundos.
Después habló.
—Olvidemos el tablero por un momento.
Jamal levantó una ceja.
James tomó un marcador y caminó hasta el mapa de Estados Unidos que ocupaba toda una pared.
—Llevamos meses pensando en piezas.
En ciudades.
En capturas.
Pero quizá hemos estado haciéndonos las preguntas equivocadas.
—Hasta ahora hemos intentado relacionar piezas con ciudades, víctimas y posiciones. Pero hay algo que seguimos sin responder.
Se volvió hacia los demás.
—¿Quién representa realmente el rey?
Nadie respondió.
—¿Y quién representa el caballo?
Silencio.
—¿Y la dama?
Jamal comenzó a comprender.
—Las piezas ya no representan lugares...
James asintió lentamente.
—Representan posiciones humanas.
En ese momento, Harold entró apresuradamente con una carpeta.
—Conseguí el listado oficial del torneo.
La dejó sobre la mesa.
James comenzó a revisar los nombres.
Grandes maestros.
Patrocinadores.
Conferencistas.
Invitados.
Personalidades políticas.
Empresarios.
Funcionarios.
Todo parecía normal.
Hasta que llegó a una de las últimas páginas.
James dejó de pasar las hojas.
Su respiración cambió.
López lo observó de inmediato.
—¿Qué encontraste?
James giró lentamente la carpeta hacia los demás.
Había un nombre subrayado.
**Greta Miller.**
James siguió mirando el nombre.
La sospecha que llevaba días intentando tratar como una posibilidad acababa de adquirir un peso mucho más incómodo.
**Participante en las actividades de divulgación científica organizadas por la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Luisiana.**
La sala quedó completamente inmóvil.
Jamal fue el primero en hablar.
—Ella confirmó hace semanas que asistiría.
James no respondió.
Seguía mirando el nombre.
Como si acabara de descubrir algo que siempre había estado frente a él.
Durham rompió el silencio.
—Encaja —dijo Durham—. Vive en Nueva Orleans, estará en el torneo y sabemos que él conoce perfectamente a tu familia y los colaboradores de este caso.
Miró a James.
—Si quiere hacerte daño, no necesita buscar a nadie más.
»Además, ese torneo se celebra cada año.
»Ha tenido tiempo de sobra para planearlo todo.
Nadie respondió.
James salió unos minutos de la sala.
Necesitaba pensar.
López lo alcanzó en el pasillo.
—¿Lo crees?
James tardó varios segundos en responder.
—Sí.
—¿De verdad?
James apoyó ambas manos sobre el marco de la ventana.
—Todo apunta hacia ella.
—Entonces hay que sacarla de Nueva Orleans.
James permaneció inmóvil.
—No.
López lo miró sorprendido.
—¿Qué acabas de decir?
—Si Greta desaparece ahora...
»el Albañil sabrá inmediatamente que entendimos la partida.
—¡Es tu hija!
La voz de López resonó por todo el pasillo.
James cerró los ojos.
—Lo sé.
—Entonces...
James respiró profundamente antes de responder.
—Ahora sí estamos sobre la dirección correcta, yo diría un paso adelante del Albañil.
»El enfoque en las constructoras no nos ayudó a identificarlo.
»Louis Palmer resultó tener un pasado de prepotencia y arrogancia y por eso era una pieza del tablero.
»Anton Dupree fue un obstáculo que pagó con su vida, ya sea por haber sido entrometido de alguna manera.
»Y finalmente tengo una idea cerca de esos malditos 3 puntos que han estado en todas las notas.
»Si el Albañil intenta matar a Greta...
»no será únicamente durante el torneo.
»Puede hacerlo en la clínica.
»En la calle.
»En su departamento.
»En cualquier momento.
»La vigilancia ya está reforzada. Sacarla ahora no elimina la amenaza. Solo le demuestra que estamos reaccionando a su mensaje.
López comprendió la lógica.
Y precisamente por eso le resultó aterradora.
Cuando regresaron a la sala, Durham seguía esperando.
—¿Ya decidiste?
James levantó la vista.
—¿Decidir qué?
—Si vas a utilizar a tu propia hija como carnada.
La frase cayó como un disparo.
Lucas reaccionó de inmediato.
—¡Durham!
Pero el agente del FBI no retrocedió.
—Es una pregunta legítima.
James caminó lentamente hasta quedar frente a él.
Durante unos segundos nadie habló.
Finalmente respondió.
—Si creyera que Greta es un peón...
»jamás habría llegado hasta aquí.
Su voz permanecía tranquila.
Pero sus ojos no.
—Ella no es una pieza.
»Es mi hija.
Durham sostuvo la mirada.
—Entonces protégela.
James respondió casi en un susurro.
—Eso intento.
Respiró hondo antes de añadir:
—Lo que todavía no sé...
»es de qué debemos protegerla realmente.
El silencio volvió a apoderarse de la sala.
Aquella respuesta dejó una sensación inquietante.
Todo apuntaba a Greta.
Sin embargo, algo seguía sin encajar.
Algo pequeño.
Casi invisible.
Como una pieza mal colocada en un tablero perfecto.
No bastaba para descartar la teoría.
Pero sí para impedir que James confiara en ella.