Veintitrés Capítulo 56
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Capítulo 56

Luisiana

Mientras recuperaba el aliento, repasó mentalmente cada fase del plan.

Aquella rutina ya no era ejercicio.

Era una forma de comprobar que ninguna variable había escapado a su control.

Entró en la cocina.

Basima ya preparaba el desayuno.

—¿Dormiste bien? —preguntó ella.

—Como un tronco.

—Hace días que no te veía tan tranquilo.

Paul sonrió apenas.

—Supongo que el trabajo empieza a rendir frutos.

Basima le sirvió café.

—Siéntate.

»Hoy no pienso dejar que desayunes de pie.

Paul obedeció.

Mientras ella terminaba de preparar unos huevos con jamón, él tomó el teléfono y activó la pantalla, casi por costumbre, la página de la *Tribuna Digital de Bismarck*, sin esperar la notificación.

Su expresión permaneció inmóvil durante unos segundos.

Después sonrió.

La nueva jugada ya estaba publicada.

**Rg1**

—Eso fue rápido —pensó.

Paul reconstruyó inmediatamente la posición en su mente.

Una vez.

Luego otra.

Y una tercera.

La sonrisa comenzó a hacerse más amplia.

—Interesante...

Basima lo miró desde la cocina.

—¿Ocurre algo?

—Nada importante una idea loca.

Paul volvió a estudiar la posición.

Su primera reacción fue de sorpresa.

Había esperado otra cosa.

Había esperado que James intentara eliminar el caballo.

Que sacrificara material.

Que buscara complicaciones.

Que peleara.

Pero no.

Había movido el rey.

Había retrocedido.

Había decidido sobrevivir.

Paul apoyó lentamente el teléfono sobre la mesa.

—Así que eso decidiste... —murmuró.

Por primera vez no analizó una jugada.

Analizó la mente del hombre que acababa de realizarla.

Su pensamiento comenzó a reconstruir todas las variantes.

Prácticamente ninguna cambiaba.

James no había alterado el orden de la partida.

No había intentado romper el ataque.

No había mostrado iniciativa.

Simplemente había cedido terreno.

Paul tomó nuevamente el teléfono.

Leyó con atención la nota publicada por James.

«La posición se vuelve cada vez más difícil de interpretar.

Algunas amenazas parecen inevitables y otras quizá solo sean ilusiones.

Aun así, mientras exista una jugada legal, la partida continúa.»

Negó lentamente con la cabeza.

—No...

murmuró.

Después sonrió apenas.

—Eso no lo escribe alguien que todavía cree que puede ganar.

Confundió prudencia con resignación.

Y esa interpretación comenzó, silenciosamente, a inclinar su confianza.

Basima colocó el desayuno sobre la mesa.

—¿Problemas en el trabajo?

Paul dejó escapar una pequeña risa.

—Todo lo contrario.

Creo que alguien acaba de rendirse.

Basima sonrió sin comprender que aquella conversación nunca había tratado sobre trabajo.

Durante el resto de la mañana Paul volvió varias veces al tablero.

Cada análisis lo conducía exactamente a la misma conclusión.

James ya no atacaba.

Ya no buscaba cambiar el rumbo de la partida.

Simplemente esperaba.

Y esperar era perder.

Por primera vez desde el inicio de la partida, Paul sintió una confianza absoluta en su victoria.

20 de junio

Paul abrió nuevamente la edición digital del periódico.

La publicación enviada el día anterior ya estaba disponible.

No necesitó pensarlo demasiado.

Movió el caballo.

**Ch3+**

El caballo avanzaba una casilla más.

El cerco continuaba cerrándose.

El jaque persistía.

Pero había decidido añadir algo más.

Un mensaje.

No demasiado largo.

No elaborado.

Solo una frase.

La había escrito lentamente.

La leyó varias veces antes de publicarla.

«Esperaba que pelearas hasta el final.

Capturar mi caballo habría sido un error...

pero, al menos, habría sido el error de un hombre dispuesto a luchar.

Has elegido esconder a tu rey.

Vas a perder de cualquier manera.

Hazlo peleando.»

Paul observó la publicación durante varios segundos.

Después dejó el teléfono sobre la mesa y se recargó lentamente en el respaldo de la silla.

Esta vez, Paul cometió un error que jamás habría tolerado frente a un tablero de ajedrez.

Subestimó a su adversario.

Confundió paciencia con miedo.

No alcanzó a comprender que James no estaba protegiendo únicamente a su rey.

Estaba esperando.

Y no se preguntó qué podía estar esperando su adversario o cuál era la intención de ese movimiento.