Capítulo 53
La pieza más vulnerable
López fue el primero en entrar a la sala de reuniones.
Llevaba dos cafés y una expresión que James ya conocía: la de alguien que traía una noticia capaz de cambiar el rumbo de la investigación.
—Ya publicó.
James levantó la vista inmediatamente.
López le mostró el tablero magnético, señalando la nueva posición:
**Cf2+**
(Caballo a f2, jaque).
Debajo del tablero aparecía el texto que acompañaba la publicación.
«Algunas partidas terminan cuando cae el rey.»
«Otras terminan cuando cae aquello que el rey intentaba proteger.»
La sala quedó en silencio.
Lucas acababa de entrar cuando leyó el mensaje.
—Eso ya no es una amenaza.
—No.
James respondió de inmediato.
Era una afirmación.
Durante varios segundos nadie dijo nada.
Los tres hombres permanecieron observando el tablero.
Harold permanecía sentado al borde de la silla. Desde el torneo, la culpa no había dejado de acompañarlo.
La posición era clara.
El caballo había llegado a f2.
Jaque.
No había captura.
No había llamada.
No había asesinato.
No había una ciudad nueva.
No había una víctima confirmada.
Solo presión.
Presión psicológica.
El Albañil parecía disfrutar tanto del momento previo al desenlace como del propio desenlace.
Como si quisiera recordarles que el final se acercaba.
James se levantó.
Comenzó a caminar alrededor de la mesa.
—No me gusta.
—¿El movimiento? —preguntó Lucas.
—El mensaje.
López volvió a leerlo.
«Aquello que el rey intentaba proteger.»
La frase parecía sencilla.
Demasiado sencilla.
—Está hablando de una persona —dijo Lucas.
—Y de la persona cuya pérdida rompería definitivamente al rey —añadió James.
Lucas asintió lentamente.
—Eso mismo pienso.
López volvió a observar el tablero.
—¿Y quién sería esa persona?
La pregunta quedó suspendida en el aire.
Porque todos sabían que el Albañil había investigado a James desde el principio.
Mucho antes de que la policía comprendiera quién era.
Había estudiado su vida.
Su familia.
Sus hábitos.
Sus relaciones.
Y, si aquello era cierto...
la lista era aterradoramente corta.
James se detuvo frente a la ventana.
De pronto recordó el informe encontrado meses atrás en Springfield.
Las carpetas.
Las fotografías.
Las anotaciones.
Los nombres.
Sofía.
Greta.
Harold.
Personas que jamás debieron aparecer en una investigación criminal.
Y, sin embargo, allí estaban.
Porque el Albañil había dedicado meses a estudiarlo.
Entonces una idea comenzó a tomar forma.
Lenta.
Incómoda.
Peligrosa.
Nueva Orleans.
El torneo.
Greta.
James cerró los ojos durante unos segundos.
Cuando volvió a abrirlos, una posibilidad se había impuesto sobre todas las demás.
—Maldición...
López levantó la vista.
—¿Qué ocurre?
James tardó varios segundos en responder.
—Greta.
El nombre quedó suspendido en la sala.
Nadie necesitó preguntar por qué.
Todos comprendieron inmediatamente el alcance de aquella deducción.
Lucas fue el primero en reaccionar.
—¿Tu hija?
James asintió.
Nadie habló.
Greta vivía en Nueva Orleans.
Estaría vinculada al torneo.
Y Paul sabía exactamente lo que significaba para James.
López se dejó caer lentamente sobre una silla.
—Dios mío...
James tomó el teléfono.
Marcó inmediatamente.
Jamal respondió al segundo tono.
—Hola, James.
—¿Dónde está Greta?
La pregunta lo sorprendió.
—En la clínica.
»¿Por qué?
—¿Está bien?
—Sí.
¿Qué ocurre?
James volvió a mirar la pantalla.
Cf2+.
El mensaje.
La amenaza.
—Necesito que me escuches con atención.
Su voz adquirió un tono mucho más serio.
—No quiero que Greta permanezca sola durante los próximos días.
Reforzaremos la seguridad, pero sin que ella se sienta vigilada.
—James...
Jamal comprendió inmediatamente.
—¿Crees que es ella?
James no respondió.
Y ese silencio fue suficiente.