Capítulo 52
Jaque
Nueva Orleans, Luisiana
«Nueva publicación en la Tribuna Digital de Bismarck.»
Paul dejó la cuchara sobre la mesa.
Abrió inmediatamente el artículo.
La jugada apareció en pantalla:
**Dxc2**
Acompañada de la nota:
«Cada captura deja una ausencia.
Algunas son imposibles de reemplazar.»
Durante varios segundos permaneció observando la posición.
Ni una sola emoción apareció en su rostro.
Solo concentración.
La dama había capturado al caballo.
La única jugada posible.
La única jugada correcta.
La única jugada que Dubov habría recomendado.
El pensamiento apareció de forma involuntaria.
Dubov.
Austin.
La sala del hotel.
Paul cerró los ojos durante unos segundos.
Después volvió a abrirlos.
No sentía remordimiento.
Pero sí una ligera molestia.
Aquella muerte no había formado parte del plan original.
Halpern sí.
Dubov no.
Y, aun así, había terminado formando parte de la partida.
Estudió nuevamente el tablero.
—Habrías elegido exactamente esto —murmuró.
Tomó el tablero magnético.
Movió el caballo negro a f2.
Jaque.
Aún no era el final de la partida.
Era el momento en que el adversario comprendía que todas sus decisiones futuras quedarían condicionadas.
No era una captura.
Todavía no.
Era un aviso.
Una presión.
Un recordatorio.
El rey ya no disponía de demasiados caminos.
Paul siguió observando la posición con detenimiento.
La partida estaba entrando en la fase que más disfrutaba.
Cuando las piezas seguían vivas...
pero las opciones comenzaban a morir.
Tomó entonces su computadora portátil e ingresó al portal del periódico.
Preparó la publicación:
«Cf2+»
«Ahora vas a comerte tus palabras.»
Para cualquiera sería una provocación.
Para James era un mensaje cuidadosamente calculado.
Todo estaba listo.
Sin embargo, antes de enviarlo permaneció inmóvil durante unos segundos.
Pensando.
Luego añadió una línea adicional.
Una sola.
«Algunas partidas terminan cuando cae el rey.
Otras terminan cuando cae aquello que el rey intentaba proteger.»
Paul leyó nuevamente la última línea.
Era suficiente.
Presionó **«Programar Publicación — 18 de junio»**.
La plataforma confirmó la programación.
Paul cerró la computadora.
Desde la cocina llegó la voz de Basima.
—¿Trabajando tan temprano?
—Solo terminando unas cosas.
—Deberías descansar.
Paul sonrió.
—Pronto.
Miró nuevamente la ciudad a través de la ventana.
Nueva Orleans despertaba lentamente.
En alguna parte de aquella ciudad se encontraba la casilla final.
La última posición.
El lugar donde pensaba concluir la partida.
Mientras observaba el horizonte de Nueva Orleans, Paul estaba convencido de que James interpretaría el verdadero sentido del mensaje.
Quería obligarlo a mirar exactamente hacia donde él deseaba.
El mensaje no estaba dirigido al detective.
Estaba dirigido a su miedo.
Y Paul sabía que el miedo más poderoso no es el de morir.
Es el de llegar demasiado tarde para salvar a alguien.