Veintitrés Capítulo 51
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Capítulo 51

La lluvia golpeaba suavemente las ventanas de la casa de Paul.

Basima se encontraba sentada en la sala viendo televisión cuando escuchó abrirse la cerradura.

Paul había regresado.

—Hola, mamá.

—Pensé que llegarías más temprano.

—El tráfico no ayudó.

Basima sonrió.

El cansancio de Paul, comenzaba a hacerse visible incluso para Basi.

Sin embargo, parecía relajado.

O, al menos, eso intentaba aparentar.

Paul dejó una pequeña bolsa sobre la mesa.

Basima lo observó durante varios segundos.

—Estás cansado.

—He trabajado mucho.

—No. Estás preocupado. Hay una diferencia.

Paul sonrió apenas.

—He trabajado mucho —repitió.

—No me refiero a eso.

Paul abrió el refrigerador.

—Entonces, ¿a qué?

—A que pareces agotado mentalmente.

Durante un instante estuvo tentado a responder.

A decir algo.

Lo que fuera.

Pero cerró la puerta del refrigerador.

—Solo necesito dormir un poco.

Basima no insistió.

Con los años había aprendido que el silencio de Paul casi siempre ocultaba una preocupación que terminaría resolviendo él solo.

Sin embargo, mientras observaba a su hijo caminar en la cocina, percibió algo diferente.

No era cansancio físico.

Era tensión.

Como si llevara varios días sosteniendo un peso invisible.

—¿Todo salió bien en Springfield? —preguntó finalmente.

Paul permaneció inmóvil apenas una fracción de segundo.

—Sí.

—¿Y el trabajo?

—También.

Basima asintió.

Aunque la respuesta no terminó de convencerla.

Aquella noche cenaron juntos.

Hablaron de cosas insignificantes.

La salud.

Las medicinas.

El clima.

Nada fuera de lo normal.

Al menos, en apariencia.

22:10 horas

Cuando Basima se quedó dormida, Paul encendió la computadora.

La pantalla mostraba exactamente los mismos planos que James revisaría a cientos de kilómetros de distancia, días después, aunque con un propósito completamente distinto.

La luz de la pantalla iluminaba parcialmente la habitación.

No había fotografías de víctimas.

No había periódicos.

No había mapas de asesinatos.

Solo planos.

Planos arquitectónicos.

Planos del hotel sede del torneo.

Accesos.

Pasillos.

Áreas restringidas.

Paul avanzaba lentamente, una página a la vez.

Tomaba notas.

Calculaba tiempos.

Marcaba distancias.

En una libreta dibujó varios esquemas.

Entrada principal.

Lobby.

Salones de conferencias.

Área de invitados.

Accesos privados.

Después abrió otra carpeta.

Elevadores.

Paul calculó tiempos, recorridos y capacidad.

No buscaba el camino más corto, sino el punto donde el margen de reacción de su objetivo sería prácticamente inexistente.

Durante varios minutos estudió cada detalle.

Capacidad.

Velocidad.

Puntos de acceso.

Tiempo promedio entre pisos.

Sistemas de seguridad.

Tomó varias notas.

Luego abrió la agenda oficial del torneo.

Continuó avanzando las páginas.

Conferencistas.

Maestros internacionales.

Árbitros.

Organizadores.

Entonces apareció un nombre que llamó su atención.

Greta Miller.

Paul lo reconoció de inmediato.

Permaneció observándolo durante unos segundos.

Después continuó revisando la agenda.

Comprendía el efecto devastador que tendría para James perder a su hija.

Participante registrada.

Exhibición para nuevos talentos.

Paul se detuvo unos segundos más.

Meses atrás, cuando comenzó a estudiar a James Miller, había elaborado un mapa completo de las personas que orbitaban a su alrededor.

Familia.

Amigos.

Colegas.

Greta figuraba en aquel informe.

Veterinaria.

Residente de Nueva Orleans.

Paul observó la pantalla sin mostrar expresión alguna.

En otra partida, aquello habría sido una ventaja imposible de ignorar.

Continuó leyendo.

No tomó ninguna nota.

No realizó ninguna marca.

No añadió su nombre a la libreta que descansaba junto al teclado.

Aun así, antes de pasar a la página siguiente, volvió a observar brevemente el nombre de Greta.

Después cerró la pestaña.

Y continuó revisando la agenda del torneo.

El objetivo que buscaba en Nueva Orleans no figuraba entre los participantes del torneo ni frente a un tablero.

Seguía oculto en una posición que solo él conocía.