Capítulo 50
—¿Qué haces? —preguntó.
—Trabajar —respondió James
—Eso es demasiado ambiguo, incluso para ti.
James sonrió ligeramente.
—Estoy descargando planos públicos, mapas, reglamentos y protocolos de emergencia.
—¿Del hotel?
—De todos los lugares asociados al torneo.
—¿Para qué?
—Aún no lo sé.
El silencio posterior confirmó que ambos habían pensado exactamente lo mismo.
Ninguno hizo comentario alguno.
James continuó revisando documentos.
Entradas principales.
Salidas de emergencia.
Áreas restringidas.
Corredores de servicio.
Accesos para invitados especiales.
James amplió los planos.
No buscaba comodidad.
Buscaba lugares donde el movimiento pudiera controlarse y las rutas de escape se redujeran al mínimo.
Algo le decía que debía prestar atención a esos detalles.
No a los salones.
No a las mesas.
No a las partidas.
A la infraestructura.
A los movimientos.
López se acercó y se detuvo al observar la pantalla.
—¿Qué demonios estás haciendo?
—Revisando Nueva Orleans.
—Eso ya lo sé.
Tomó el café que estaba sobre la mesa.
—¿Por qué estás viendo planos estructurales?
James tardó unos segundos en responder.
—No estoy seguro.
—Magnífico.
Otra vez esa respuesta.
López continuó observando la pantalla.
—¿Estamos persiguiendo a un asesino serial o a un arquitecto?
—Quizá a ambas cosas —respondió James sin apartar la vista de los planos.
Continuó revisando documento tras documento.
—El Albañil siempre piensa en términos de posiciones.
—Eso también lo sabemos.
—Entonces necesito entender cuáles son las posiciones disponibles.
López frunció el ceño.
—No entiendo. Eso es muy avanzado para mi nivel de ELO.
James esbozó una leve sonrisa.
—Yo tampoco.
La respuesta volvió a ser completamente sincera.
Y quizá por eso resultó todavía más inquietante.
Porque, por primera vez, James no estaba siguiendo una pista.
Estaba siguiendo una intuición.
Una intuición que lo obligaba a revisar cosas que, a simple vista, parecían absurdas.
Accesos VIP.
Rutas privadas.
Escaleras de servicio.
Protocolos de evacuación.
Elevadores.
Cuanto más estudiaba los planos, más convencido estaba de que el Albañil elegiría un espacio donde la víctima creyera tener opciones cuando, en realidad, ya no existiera ninguna.
A las 10:30 cerró finalmente la computadora.
No había encontrado nada.
Ni una sola evidencia.
Ni una sola conexión.
Y, sin embargo, mientras abandonaba la sala, una idea seguía rondándole la cabeza.
Si el Albañil estaba construyendo una red de mate...
Entonces el lugar elegido tendría que cumplir una condición fundamental.
No tener escape.
Y James tenía la sensación de que la respuesta permanecía oculta entre aquellos planos de Nueva Orleans.