Veintitrés Capítulo 47
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Capítulo 47

Nueva Orleans, Luisiana

La mañana había comenzado con la calma habitual de Nueva Orleans.

Greta disfrutaba aquellos días sencillos.

Aquella mañana, sin embargo, la tranquilidad comenzaba a incomodarla.

Desde las 07:30 horas atendía consultas en la clínica veterinaria donde trabajaba desde hacía poco más de dos años.

Un bulldog con sobrepeso.

Un gato con una infección leve en una pata.

Dos cachorros con vacunas programadas.

Nada fuera de lo normal.

Nada que justificara la sensación de que algo importante estaba por ocurrir.

A media mañana recibió un mensaje de Jamal.

«¿Comemos juntos?»

Greta sonrió.

«¿Eso significa que ya terminaste de pelearte con tus algoritmos?»

La respuesta llegó pocos segundos después.

«Los algoritmos ganaron.»

«Entonces vamos a comer antes de que decidan reemplazarte.»

Greta soltó una pequeña carcajada.

«Entonces nos vemos a la una.»

A las 13:00 horas, Jamal ya la esperaba en una cafetería cercana al río Misisipi.

Tenía el aspecto habitual después de varios días trabajando en exceso.

Cabello desordenado.

Barba sin afeitar.

Y unas ojeras que parecían haberse instalado definitivamente en su rostro.

Greta tomó asiento frente a él.

—Pareces un matemático...

»pero uno completamente loco.

Jamal sonrió.

—Es la peor ofensa que me han dicho esta semana.

—Y seguramente la más precisa.

Durante varios minutos hablaron de cualquier cosa menos de la investigación.

De la clínica.

De los estudiantes de Jamal.

Del clima.

De una película que ninguno de los dos había terminado de ver.

Hasta que, inevitablemente, apareció el tema.

—¿Has hablado con papá? —preguntó Greta.

Jamal asintió.

—Ayer.

—¿Cómo está?

La sonrisa desapareció del rostro del profesor.

—Tu papá se siente responsable.

Greta bajó la mirada.

Ambos comprendían que James aún no conseguía perdonarse.

Durante unos segundos ninguno habló.

Aunque Greta nunca había conocido personalmente al gran maestro ruso, lo había escuchado mencionar tantas veces que sentía haber perdido a alguien cercano.

—James valoraba muchísimo su opinión.

Greta suspiró.

—No puede cargar con eso.

—Lo sé.

La conversación volvió a detenerse.

Greta observó por la ventana.

A lo lejos se distinguían los anuncios del Torneo Magistral de Ajedrez.

Para ella siempre había sido una celebración de la ciudad.

—Por cierto... —dijo intentando cambiar de tema—.

»¿Ya te registraste para el torneo?

—Sí.

—¿Y piensas volver a hacer el ridículo como el año pasado?

—Por supuesto.

»Tengo una reputación que mantener.

Greta soltó una carcajada.

—Voy a enmarcar tu primera derrota.

—Eso supone que alguien quiera jugar conmigo.

—Siempre habrá alguien dispuesto a castigar a un matemático arrogante y sin afeitar.

—Eso explica por qué te enamoraste de mí.

Greta negó con la cabeza.

—No.

»Me enamoré porque eres incapaz de combinar tu ropa.

Ambos rieron.

Sin embargo, cuando la conversación regresó a la investigación de James, Greta notó algo distinto.

Jamal permaneció varios segundos observando la taza de café.

Pensativo.

—¿Qué ocurre?

—Nada.

—Eso fue claramente un "algo ocurre".

Jamal levantó la vista.

—He estado revisando otra vez las ciudades.

Greta sonrió.

—¿Y?

—No me gusta.

—¿Qué cosa?

—La dirección que está tomando todo esto.

—¿Por qué?

Jamal tardó unos segundos en responder.

—Cada vez más elementos convergen aquí...

»en Nueva Orleans.

»Y lo inquietante no es la ciudad.

»Es que todavía no entiendo por qué.

Greta frunció ligeramente el ceño.

—¿Nueva Orleans?

—Sí.

—Pero el torneo siempre ha sido aquí.

—Lo sé.

—Entonces no es extraño.

—Quizá.

Pero Jamal no parecía convencido.

Y Greta lo conocía demasiado bien.

Cuando él decía "quizá", significaba que llevaba horas pensando en algo.

—¿Qué no me estás diciendo?

Jamal dudó.

—Probablemente nada.

»Solo estoy cansado.

Greta sostuvo su mirada.

—Mentiroso.

El profesor sonrió.

—Tal vez un poco.

Pero decidió no continuar.

Porque, en realidad, ni él mismo entendía todavía qué era exactamente lo que le inquietaba.

No era una ciudad.

No era una víctima.

No era una llamada.

Era solamente una sensación.

Como si todas las líneas que había estado trazando durante meses comenzaran a converger en un mismo punto.

Un punto que todavía no lograba identificar.

Aquella misma tarde Greta llamó a Sofía.

La conversación derivó rápidamente hacia el torneo.

—¿Siguen pensando venir? —preguntó Greta.

—Por supuesto.

James necesita distraerse un poco.

—¿Está muy mal papá?

Hubo un breve silencio.

—Desde Austin...

»sí.

Sofía suspiró antes de continuar.

—Así que iremos.

»Aunque tenga que arrastrarlo hasta Nueva Orleans.

Después de despedirse, Greta permaneció observando el calendario colgado junto a su escritorio.

Faltaban pocos días para el torneo.

Pocos días para volver a ver a James.

A su padre.

Que ahora atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida.

Siempre había sido una figura fuerte.

Incluso en los peores momentos.

El apoyo de todos.

Y ahora ella deseaba ser quien pudiera reconfortarlo.

Faltaban pocos días para que terminara aquella partida que llevaba meses consumiendo la vida de tantas personas.

Al menos, eso era lo que Jamal creía.

Sin saberlo, Greta acababa de atraer la atención hacia sí misma.

Y mientras todos comenzaban a mirarla...

nadie miraba hacia la pieza que realmente importaba.