Veintitrés Capítulo 46
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Capítulo 46

La muerte de Boris Dubov ocupó apenas unas cuantas columnas en la prensa nacional.

Para la mayoría era otra noticia trágica.

Para James Miller significó la primera derrota que sintió profundamente personal.

Un profesor de Bismarck asesinado durante un congreso.

Nada extraordinario, más allá de la cancelación del evento y del inevitable tratamiento sensacionalista de la prensa.

Pero para James aquellos habían sido los días más largos desde que comenzó la partida.

El vuelo de regreso desde Austin transcurrió casi por completo en silencio.

López intentó iniciar conversación en varias ocasiones.

James respondió únicamente con monosílabos.

Después volvió la mirada hacia la ventanilla.

Las nubes.

La oscuridad.

Los diez mil pies de altura.

El zumbido constante de los motores.

Por primera vez desde el inicio del caso no pensaba en el Albañil.

Ni en la siguiente ciudad.

Ni en la próxima víctima.

Pensaba en Dubov.

En la última conversación que compartieron.

Y en la posibilidad de que jamás debió involucrarlo en aquella partida.

Él lo había llamado.

Él lo había sentado frente al tablero.

Y ahora estaba muerto por ayudarlo.

Aquel pensamiento regresaba una y otra vez.

Sin descanso.

Sin misericordia.

***

Dos días después de Austin, James permanecía sentado en la sala de reuniones del Precinto 34.

Frente a él seguía el tablero.

La misma posición.

La misma maldita posición.

Lucas entró con dos cafés.

Dejó uno sobre la mesa.

James ni siquiera levantó la vista.

—Tienes que dormir.

No hubo respuesta.

—James.

—Estoy bien.

Lucas soltó una sonrisa cansada.

—Llevas dos días diciendo lo mismo.

James continuó mirando el tablero.

—Dubov no debía estar ahí.

Lucas tomó asiento.

Sabía que, tarde o temprano, llegarían a esa conversación.

—No fue tu culpa —dijo con firmeza.

James tardó en responder.

Sabía que, racionalmente, Lucas tenía razón.

Emocionalmente era incapaz de aceptarlo.

—Claro que sí.

—No.

—Yo lo llamé.

El silencio volvió a instalarse entre ambos.

—Yo lo traje a esto.

»Me dijo que viajaría a Texas.

»Ni siquiera tuve la precaución de preguntarle a qué ciudad.

»Pude haberle advertido.

»Pude hacer algo.

Lucas permaneció varios segundos sin responder.

—Si empezamos a jugar ese juego...

»entonces también fue culpa de Halpern por invitarlo al congreso.

»Y culpa del hotel por rentar la sala.

»Y culpa del fabricante que construyó la puerta.

No funciona así.

James negó lentamente.

—Él confiaba en mí.

Lucas observó el tablero.

—Y tú confiabas en él.

»Además, está claro que Dubov no era el objetivo.

»Fue una víctima circunstancial.

Ninguno dijo nada más.

La puerta volvió a abrirse.

López entró acompañado por Durham.

La tensión apareció de inmediato.

Durham nunca había ocultado su opinión sobre las decisiones de James.

Y Austin no había mejorado las cosas.

—¿Ya tenemos la próxima jugada del Albañil? —preguntó.

James permaneció inmóvil.

—Todavía no.

—Han pasado dos días.

»Y mañana debe publicarse la respuesta.

Lucas levantó la vista.

—Durham...

—No, Lucas.

»Ya basta.

El agente del FBI se acercó a la mesa.

—Dos víctimas más.

»Un académico internacional muerto.

»Un consultor asesinado.

»Y seguimos reaccionando después de los hechos.

López cruzó los brazos.

—¿Tienes una mejor idea?

—Sí.

»Dejar de jugar ajedrez con un asesino.

James levantó la mirada.

—¿Y qué propones?

—Buscarlo.

—Eso llevamos intentando desde hace tres meses.

—Entonces estamos perdiendo.

La frase quedó suspendida en la sala.

Durham se arrepintió casi inmediatamente.

Pero ya era tarde.

Porque James simplemente asintió.

—Sí.

»Estamos perdiendo.

La respuesta desconcertó incluso a Durham.

Nadie esperaba que el detective aceptara aquella realidad con tanta serenidad.

El silencio posterior resultó incómodo incluso para él.

Esperaba una discusión.

Un argumento.

Una defensa.

No aquella aceptación.

Lucas decidió intervenir.

—La reunión terminó.

Todos afuera.

Durham salió primero, sin insistir.

López permaneció unos segundos más.

—No le hagas caso.

James volvió a observar el tablero.

—Tiene razón.

—No.

—Sí.

»Estamos perdiendo.

López dio un paso hacia él.

—Entonces deja de intentar ganar.

James levantó lentamente la vista.

—Recuerda a Dubov.

»Tal vez la pregunta correcta nunca fue cómo evitar cada captura...

»sino dónde terminará realmente la partida.

James permaneció inmóvil.

—¿Qué?

—Piensa como Dubov.

Aquellas palabras captaron por completo su atención.

—¿Recuerdas lo que escribió?

La frase apareció inmediatamente en su memoria.

«La mejor defensa quizá no sea evitar la derrota, sino elegir dónde ocurre.»

López señaló el tablero.

—Tal vez nunca pudimos impedir las capturas.

»Tal vez el error fue intentar hacerlo.

James volvió a mirar las piezas.

Algo comenzó a cambiar.

Por primera vez desde Austin dejó de preguntarse quién sería la siguiente víctima.

Y empezó a preguntarse algo diferente.

¿Dónde terminará realmente la partida?

No quién.

No cuándo.

¿Dónde?

En ese momento llamó a Jamal.

La videollamada tardó unos segundos en conectar.

—Te ves horrible.

—Gracias.

—¿Dormiste algo?

—No mucho.

Jamal suspiró.

—Greta cree que deberías tomarte un descanso.

—Greta es demasiado optimista.

—Por eso la quiero.

Por primera vez en varios días apareció una pequeña sonrisa en el rostro de James.

Duró apenas unos segundos.

—Jamal...

»necesito que ejecutes un análisis completamente distinto.

—¿Distinto cómo?

—Olvida por un momento las víctimas, las ciudades y las llamadas.

»Quiero que busques el lugar donde toda esta historia tendría sentido...

»si tú fueras el Albañil.

Jamal frunció el ceño.

—Entonces...

»¿qué estoy buscando exactamente?

James observó el tablero.

—Lugares.

—No entiendo.

—Yo tampoco.

Todavía.

Jamal permaneció unos segundos en silencio.

Después sonrió.

—Eso suena peligrosamente parecido a una idea.

—Tal vez.

—Entonces es la primera buena noticia desde Austin.

La conversación terminó una hora después.

Y, por primera vez desde la muerte de Dubov, James sintió algo distinto de la culpa.

No era esperanza.

Todavía no.

Era dirección.

15 de junio

A las 10:37 horas James comprobó la publicación de su jugada en la edición digital de la *Tribuna de Bismarck*.

**Dxc2.**

Acompañada únicamente por una breve nota.

«Cada captura deja una ausencia.

Algunas son imposibles de reemplazar.

Ya llegará tu turno.»

No había informado a Durham sobre la jugada antes de su publicación.

***

Miles de kilómetros al sur, Paul Mophy leyó la publicación desde la sala de su nuevo hogar en Luisiana.

Releyó la frase dos veces.

Después sonrió.

Era una sonrisa con sabor a victoria.

Aunque Dubov nunca había formado parte de su plan original, su muerte había provocado un impacto mucho mayor del esperado en la mente de James.

La caída de uno de sus colaboradores representaba un beneficio adicional para su plan maestro.

Por primera vez desde el inicio de la partida creyó percibir exactamente aquello que llevaba meses esperando.

Desgaste.

Cansancio.

Duda.

James comenzaba a aceptar la derrota.

O, al menos...

eso parecía.

Paul cerró la pantalla completamente convencido de que James empezaba a quebrarse.

Ignoraba que aquella aparente resignación ocultaba el mayor cambio estratégico de toda la investigación.

Miró a Basi, que dormitaba en su sillón favorito.

Volvió a sonreír.

Porque ignoraba que, mientras él celebraba una rendición aparente...

James había dejado de buscar víctimas.

Y acababa de comenzar a buscar el lugar donde se jugaría el último movimiento.