Capítulo 43
Había dormido muy poco.
Sobre la mesa de la sala de juntas seguían desplegados mapas, fotografías y diagramas de ajedrez.
La investigación parecía haberse detenido durante el fin de semana.
Su mente, no.
Lucas revisaba algunos reportes mientras López terminaba un café.
El teléfono de conferencia permanecía conectado con Springfield.
Del otro lado de la línea, Durham y Bradox supervisaban finalmente el cateo de la residencia de Basima Mophy.
—Entramos hace veinte minutos —informó Durham—.
La casa está prácticamente vacía.
Minimalista, como indicó Harold.
—¿Alguna evidencia importante? —preguntó James.
—Todavía no.
Se escucharon pasos y algunas voces lejanas.
Bradox retomó el informe.
—La señora realmente vivía aquí.
»Hay medicamentos.
»Ropa.
»Registros médicos.
Pero nada que sugiera una participación directa.
—¿Y del Albañil?
—Nada personal.
»Casi todo fue retirado.
James no se sorprendió.
Era exactamente lo que esperaba.
—Hay algunos hallazgos.
»Nada decisivo.
»Pero sí revelador.
»Basima conservaba álbumes familiares perfectamente organizados.
»Cada fotografía estaba fechada.
»Cada documento archivado.
»Cada factura clasificada.
»La obsesión por el orden parecía hereditaria.
Bradox observó aquellas carpetas en silencio.
No resultaba difícil reconciliar la imagen del hijo cuidadoso con la del asesino meticuloso que perseguían.
Durham intervino nuevamente.
—Encontramos una libreta médica.
—¿Algo relevante?
—No para el caso.
Pero parece que el hijo se encargaba personalmente de prácticamente todas las citas médicas, traslados, medicamentos, terapias para las várices y controles.
»Todo firmado por Amin Romei.
López intercambió una mirada con James.
Era difícil reconciliar aquella imagen con la del asesino que perseguían.
En ese momento vibró el teléfono de James.
Se apartó unos pasos de la mesa.
—¿Qué tienes, Jamal?
La respuesta llegó de inmediato.
—Austin y Crossville.
»Eliminé todas las demás posibilidades.
»Austin sigue siendo el escenario con mayor probabilidad.
James permaneció inmóvil.
—¿Cómo llegaste a esa conclusión?
—Volví a ejecutar el algoritmo.
Eliminé todas las ciudades que no cumplían simultáneamente con la geometría, las llamadas y los tiempos de desplazamiento.
—¿Cuál es la más probable?
—Austin.
»Pero Crossville todavía es matemáticamente posible.
James sonrió por primera vez en varios días.
—Excelente trabajo.
Por fin dejamos de buscar en todo el país para concentrarnos en dos ciudades.
—No cantes victoria todavía.
—No pienso hacerlo.
Minutos después llamó a Harold.
—Necesito algo urgente.
—Dime.
—Busca proyectos de construcción importantes y coteja las compañías de las ciudades previas.
»Obras públicas.
»Edificios emblemáticos.
»Todo lo que encuentres sobre Austin.
Harold tomó nota.
—¿Crees que por fin lo tenemos?
James observó nuevamente el tablero.
—Creo que, por primera vez, estamos mirando en la dirección correcta.
***
Poco después de las 08:30 horas, el oficial Morris irrumpió en la sala.
—¡Detective!
James levantó inmediatamente la vista.
—Acaban de publicar una nueva jugada.
Sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
—¿Cuál?
—Caballo captura en c2.
James tomó la impresión.
Observó el tablero.
El caballo negro había saltado desde d4.
El alfil blanco había desaparecido.
Guardó silencio.
Después volvió a mirar el teléfono.
No había alertas.
No había homicidios.
No había llamadas.
Nada.
López fue el primero en hablar.
—¿Qué significa?
James no respondió de inmediato.
Continuó observando la posición.
Algo estaba mal.
Muy mal.
—No hay cuerpo...
—Todavía —corrigió Lucas.
James negó lentamente.
—No.
Siempre encontramos primero la consecuencia.
Después entendemos la jugada.
Esta vez ocurre exactamente al revés.
La sala quedó en silencio.
—¿Qué estás pensando? —preguntó Lucas.
James volvió a mirar el caballo en c2.
Después las notas de Jamal.
Austin.
Crossville.
Solo dos ciudades.
—Creo que quiere que corramos.
—¿Cómo?
—Publicó la jugada antes de que aparezca el asesinato.
Quiere que corramos detrás de él...
o que dejemos de mirar donde realmente deberíamos hacerlo.
Como si quisiera que intentáramos alcanzarlo.
López frunció el ceño.
—¿Una provocación?
—Un reto.
James tomó nuevamente el teléfono.
—Harold.
Necesito ahora mismo todo lo que tengas sobre Austin relacionado con el alfil capturado en c2.
James y López partieron inmediatamente hacia el aeropuerto con destino a Austin.
Ambos tenían la sensación de que, por primera vez, podían adelantarse al Albañil.
Ignoraban que la partida ya había cobrado otra víctima.