Veintitrés Capítulo 38
57%

Capítulo 38

Sobre la pared principal, el tablero de ajedrez ocupaba unos cincuenta centímetros de ancho.

Debajo, mapas, fotografías y líneas de colores intentaban dar sentido a una investigación que parecía escapar de toda lógica.

James observaba fijamente la posición.

Harold seguía detenido en Springfield.

Lucas trabajaba para conseguir su liberación.

Hasta ese momento no habían obtenido más información sobre lo ocurrido dentro de la casa de Basima Mophy.

La puerta se abrió bruscamente.

El agente especial Durham entró acompañado por Bradox.

Su expresión dejaba claro que no estaba de buen humor.

—Espero que alguien tenga una explicación razonable para esto.

Arrojó una carpeta sobre la mesa.

James ni siquiera la abrió.

Sabía perfectamente qué contenía.

El informe del arresto de Harold.

—Estamos trabajando en ello —respondió James.

—¿Trabajando en ello?

Durham dejó escapar una risa seca.

—Un detective que colabora con el FBI allanó una propiedad privada sin orden judicial, fue arrestado por la policía local y ahora media oficina de Asuntos Internos exige respuestas.

López apretó la mandíbula.

James respondió con calma.

—Harold seguía una pista.

—Harold estaba violando la ley —replicó Durham sin apartar la mirada de James—. Y, si esto continúa así, pediré refuerzos directamente a Washington.

La sala volvió a quedar en silencio.

—No necesitamos refuerzos —contestó James con serenidad.

—Eso no lo decides tú.

Durham señaló el tablero.

—Llevamos meses persiguiendo fantasmas y ahora uno de tus hombres termina esposado dentro de una patrulla.

López intervino.

—Con todo respeto...

»el FBI tampoco ha aportado demasiado a la investigación.

Durham cerró lentamente el portafolios.

—Necesitamos resultados.

»Y pronto.

Salió de la sala.

Bradox permaneció inmóvil.

Aquella discusión también la había incomodado.

Confiaba en James.

Y estaba convencida de que el equipo terminaría resolviendo el caso.

Durante varios segundos nadie habló.

Finalmente, López murmuró:

—Es un imbécil.

James no respondió.

Seguía mirando el tablero.

—¿Qué ves? —preguntó López.

James señaló una casilla.

—c4.

—¿Pittsburgh?

James negó lentamente.

—Harold.

López permaneció unos segundos observando la posición.

Entonces comprendió.

—El peón.

James asintió.

Tomó la fotografía policial de Harold.

—Está expuesto.

»Comprometido.

»Desacreditado.

—Pero sigue en el tablero.

James levantó la vista.

—Exactamente.

»Si Paul hubiera querido eliminarlo...

»ya lo habría hecho.

Bradox intervino.

—Entonces...

»¿qué espera?

James señaló el caballo de d4.

Después el alfil de c2.

Y, finalmente, el resto de las piezas negras.

—Nada.

»Puede capturar ese peón cuando quiera.

»La verdadera pregunta es otra.

Todos siguieron la dirección de su dedo.

Poco a poco comenzaron a comprender.

—Harold no es el objetivo —dijo López.

—No.

James volvió a observar el tablero.

—Es la distracción.

López sonrió ligeramente.

—Y mientras todos observamos al peón...

»nadie presta atención al verdadero ataque.

La frase quedó inconclusa.

En ese instante sonó el teléfono de James.

Número desconocido.

Nadie dijo una sola palabra.

James ya sabía quién llamaba.

El reloj marcaba exactamente las 11:17 horas.

Esperó unos segundos antes de contestar.

—Miller.

—Buenos días, James.

La voz era inconfundible.

El Albañil.

James hizo una discreta señal al oficial de comunicaciones.

El rastreo comenzó inmediatamente.

—¿Dónde estás?

—No tan lejos como imaginas.

—¿Qué quieres?

—Conversar.

James respondió con frialdad.

—Ya mataste a demasiadas personas para llamar a esto una conversación.

Paul dejó escapar una leve risa.

—Todavía crees que esto gira alrededor de los asesinatos.

James guardó silencio unos segundos.

—Entonces...

»¿de qué se trata?

—De comprensión.

—Estás enfermo.

—Es posible.

Paul hizo una breve pausa.

—Dime una cosa...

»¿ya encontraste a Harold?

La pregunta golpeó a James con fuerza.

Sintió cómo la mandíbula se tensaba.

—¿Qué sabes de Harold?

—Lo suficiente para afirmar que fue un grave error enviarlo a Springfield.

En ese momento el oficial de comunicaciones levantó la vista.

—Tenemos ubicación.

Falls City.

Nebraska.

James comprendió inmediatamente que algo no encajaba.

La localización había aparecido demasiado rápido.

Paul quería ser localizado.

—¿Por qué Nebraska? —preguntó James.

—Porque desde aquí la vista es magnífica.

—¿Qué vista?

Paul respondió con absoluta tranquilidad.

—La del tablero...

»policía estúpido.

James sujetó con fuerza el teléfono.

—Ya sé lo que estás haciendo.

Paul sonrió.

—No lo creo.

»Y, si realmente lo supieras...

»te tomó demasiado tiempo comprenderlo.

»En realidad sabes lo que quiero que creas que estoy haciendo.

El silencio duró apenas un par de segundos.

Después habló nuevamente.

Con una serenidad casi paternal.

—Mira el tablero, James.

»Míralo.

La llamada terminó.