Capítulo 35
Anton Dupree llevaba años convencido de que el destino terminaría recompensando su ambición.
No buscaba la verdad por compromiso con el periodismo.
Buscaba la historia que cambiara para siempre su nombre.
Soñaba con alcanzar el Premio Pulitzer y estaba convencido de que, tarde o temprano, el destino pondría frente a él la oportunidad perfecta.
Nunca le interesó formar una familia.
Su vida transcurría casi por completo entre periódicos, llamadas telefónicas y largas jornadas frente a la computadora.
Las tragedias ajenas nunca despertaban compasión en él.
Las observaba como oportunidades profesionales.
Como un posible camino hacia el reconocimiento.
***
Cuando abrió los ojos solo encontró oscuridad.
El aire era escaso.
El espacio, reducido.
Cada curva del vehículo golpeaba su cuerpo.
Tardó apenas unos segundos en comprender que viajaba dentro de una cajuela.
Mientras tanto, Paul conducía con absoluta tranquilidad.
Los gritos amortiguados que llegaban desde la parte trasera no alteraban en absoluto su pulso.
Su verdadera preocupación ya no era Dupree.
Era todo aquello que el periodista hubiera podido contar.
***
Cuando James llegó nuevamente a la residencia de Louis Palmer encontró al sargento Graham vigilando el perímetro.
La casa permanecía exactamente igual que durante la inspección anterior.
Una quietud que resultaba mucho más inquietante que cualquier señal evidente de violencia.
—Hola, detective Miller.
»Llevamos cerca de una hora aquí.
»No hemos observado movimiento alguno.
Parece que la casa continúa deshabitada.
James asintió.
—Según recuerdo, Daniel debía permanecer aquí hasta que se resolviera el tema de la herencia.
—Así era.
»Pero desde el asesinato nadie ha vuelto a entrar.
»Ni siquiera durante las rondas nocturnas que hemos realizado.
López intervino.
—¿Y Rita?
»¿La encargada de la limpieza, cierto?
—Tampoco.
»Aunque solo venía uno o dos días por semana.
James tomó una decisión.
—Entraremos siguiendo el mismo protocolo.
Nadie toca absolutamente nada y nos mantenemos ocultos.
La inspección confirmó que la residencia permanecía vacía.
Sin embargo, las cámaras de seguridad seguían funcionando.
Al revisar las grabaciones apareció un dato inesperado.
Anton Dupree había visitado la casa.
Y había abandonado el lugar acompañado por Daniel.
López observó la pantalla.
—Esto complica mucho las cosas.
James permaneció pensativo.
—Y aumenta la posibilidad de que Dupree estuviera involucrado.
»Aunque todavía no sabemos en qué papel.
Después añadió:
—Lo importante es otra cosa.
»El ataque no ocurrirá aquí.
»Y tampoco creo que ocurra en Connecticut.
»Pero sí muy cerca de Pierre.
Se volvió hacia Graham.
—Necesito localizar inmediatamente a Daniel y a Rita.
Poco más de una hora después llegó el informe.
Rita permanecía en su domicilio.
Daniel, en cambio, había abandonado el país dos días antes con destino a la India.
Su hermano mostró incluso la copia del boleto de avión.
James respiró lentamente.
—Por ahora podemos descartarlo como sospechoso principal.
»Pero sigue siendo un testigo muy importante.
»Quien realmente me preocupa ahora es Dupree.
En la residencia del difunto Louis Palmer improvisaron una pequeña mesa de trabajo.
No abandonarían Pierre y la casa de Palmer, hasta estar completamente seguros de que el siguiente asesinato no ocurriría allí.
James llamó inmediatamente a Jamal.
—Necesito que ejecutes nuevamente el algoritmo.
»Supongamos que el próximo ataque ocurre cerca de Pierre.
»Y busca alguna ciudad relacionada con el caballo.
—Entendido.
»Dame un poco de tiempo.
»En cuanto tenga resultados te llamaré.
***
Muy lejos de allí, Paul detuvo el Ford Fiesta en el cruce de Waibel Drive y Ravine Park Road.
Apagó el motor.
Permaneció unos segundos en silencio.
El lugar ofrecía aislamiento, oscuridad y tiempo suficiente para obtener respuestas.
Se apeó del auto lentamente.
Abrió la cajuela.
Paul le propinó un fuerte golpe en el rostro a Dupree.
Este dejó inmediatamente de gritar.
—Si vuelves a gritar...
»no llegarás vivo al siguiente minuto.
Dupree asintió.
Solo entonces comprendió que la voz que escuchaba era exactamente la misma que lo había llamado por teléfono.
Paul Mophy estaba frente a él.
Paul lo obligó a sentarse junto a un pequeño montículo.
—Empecemos —dijo con voz profunda.
»¿Dónde está tu socio?
—¿Qué socio?
»No sé de qué me habla.
Una bofetada surcó el aire.
Un hilo de sangre comenzó a descender por la comisura de los labios de Dupree.
—Hoy vas a morir, señor Dupree, Anton Dupree de la Tribuna de Bismarck.
»La única decisión que todavía puedes tomar…
»es cuánto dolor sufrirás antes de hacerlo.
»Así que… repetiré la pregunta..
»¿Dónde está tu socio?
Dupree rompió a llorar.
—No tengo ningún socio.
»Solo quería escribir el reportaje.
»Jamás pensé en entregarlo a la policía.
»Ni en pedirle dinero.
»Se lo juro.
Paul volvió a golpearlo.
Esta vez un diente salió despedido.
Dupree apenas podía hablar.
Entre lágrimas explicó cómo Daniel había encontrado la tarjeta de presentación en la residencia de Louis Palmer y le había contado parte de lo ocurrido.
Paul escuchó atentamente.
No buscaba una confesión.
Buscaba contradicciones.
Cuando comprendió que el periodista decía la verdad...
tomó la decisión definitiva.
Sujetó firmemente a Dupree contra el montículo.
Se inclinó hacia él.
—Hay algo que siempre he detestado.
»Las personas que intentan aprovecharse de los demás.
»Nunca debiste amenazarme.
»Introdujo un rollo de tela en su boca para impedir que gritara.
»Después inmovilizó completamente su cuerpo.
»La tortura comenzó; los gritos ahogados de Anton Dupree era casi imperceptibles.
Paul se colocó a espaldas de Dupree, sujetó la mano derecha de este…
de un solo movimiento le cortó la falangina del dedo medio de la mano derecha.
Dupree aulló de dolor, la sangre empezó a brotar a chorros.
Acto seguido Paul encendió el esmeril y empezó a barrenar el metacarpiano, en ese momento Dupree se desvaneció.
—Vaya, aguantó despierto más de lo que esperaba s—e dijo Paul a sí mismo—.
Paul le inyectó un bloqueador neuromuscular despolarizante a Dupree en el brazo derecho, era importante que no hubiera movimiento, preparó el cemento y colocó la pieza de manera que quedara fija correctamente.
Finalmente tapó nariz y boca de Dupree, para asegurar su muerte.
Cuarenta y cinco minutos después Paul abandonó el lugar con la misma serenidad con la que había llegado.
Mientras conducía hacia el aeropuerto de Rapid City donde nunca lo buscaría James.
De camino pensaba en el siguiente movimiento.
La partida no podía detenerse, ahora el caballo blanco había sido capturado.
***
Eran las 03:00 horas cuando sonó el teléfono de James.
Era Jamal.
—Después de múltiples simulaciones encontré la mejor aproximación.
»El modelo señala Huron.
»La relación proviene del término árabe *hisan*, que significa caballo.
»No puedo asegurarlo.
»Pero estadísticamente es nuestra mejor opción.
James reaccionó inmediatamente.
—Excelente trabajo.
»Seguiremos esa pista.
Coordinó la salida con el sargento Graham.
Durante varias horas patrullaron Huron, las carreteras cercanas y los accesos desde Pierre.
No encontraron absolutamente nada.
***
A las 07:00 horas Graham recibió un reporte urgente.
Había una persona atada a un montículo en el parque Ravine.
Treinta minutos después James, López y Bradox llegaron al lugar.
La escena era estremecedora.
No parecía únicamente un asesinato.
Era un mensaje dirigido a ellos.
En lugar del dedo medio de la mano derecha...
Anton Dupree tenía incrustada una pieza de ajedrez.
Un caballo blanco.
Bradox observó el cadáver.
—Creo que ya podemos descartar definitivamente que fuera cómplice del Albañil.
Graham entregó una bolsa de evidencia.
Dentro había una nota.
«Cxd4.
Creo que esto ya lo sabías.
Pero ahora puedes comprobar que también tengo habilidades manuales
Detective James Miller.
Precinto 34.
Bismarck.»
James iluminó cuidadosamente la hoja con una linterna.
—Esperen...
»este punto no parece tinta.
»Es sangre.
»Analicen inmediatamente esa muestra.
López observó el cadáver.
—Nunca había visto tanta saña.
James negó lentamente.
—No nos precipitemos.
»Con el Albañil nada es casualidad.
»También quiero pruebas toxicológicas.
El cuerpo presenta signos de tortura mucho más prolongada que en los asesinatos anteriores.
Graham intervino.
—No encontramos identificación.
»Tampoco teléfono celular.
»Solo una caja de cerillos perteneciente a un motel de Pierre.
»Ya envié un equipo.
Bradox respiró profundamente.
—Estuvimos cerca.
James respondió sin apartar la vista del cuerpo.
—No.
»Aprendimos algo todavía más importante.
»El Albañil acaba de entrar en una fase mucho más agresiva.
»A partir de ahora...
»cada error nuestro costará mucho más caro.
López asintió lentamente.
—Solo podremos detenerlo cuando logremos anticipar realmente su siguiente jugada.
James permaneció observando el caballo incrustado en la mano de Dupree.
Tenía la sensación de que la partida acababa de cambiar otra vez.