Capítulo 31
Anton Dupree llevaba varios días siguiendo las publicaciones de la *Tribuna de Bismarck*.
Había comparado las fechas con distintos homicidios ocurridos en otras ciudades y, tras conversar con varios colegas, logró unir las piezas.
Existía un asesino en serie que disputaba una partida de ajedrez contra la policía.
También comprendió otra cosa.
La policía ocultaba mucha más información de la que estaba dispuesta a reconocer.
Aquella intuición despertó una ambición que terminaría convirtiéndolo en una pieza inesperada dentro de la partida.
***
—Buenos días, oficial.
»¿Cómo está?
Carlton levantó la vista mientras encendía un cigarrillo.
—Bien.
»¿Nos conocemos?
—Usted es el oficial encargado de publicar las jugadas de ajedrez, ¿verdad?
Carlton se fijó con más detalle en su interlocutor.
—Así es.
Dupree sonrió.
—Cuénteme...
»¿cómo marcha ese caso?
Carlton respondió inmediatamente.
—No sé de qué caso me habla.
»Y, además, no puedo darle información que no tengo.
Dupree decidió arriesgar un poco más.
—Será extraoficial.
»Solo quiero conocer el avance para preparar una nota cuando todo termine.
»Sé que ha habido varios homicidios.
»También sé que en todos apareció una pieza de ajedrez.
»Y además que ocurrieron en distintas ciudades del país.
Carlton permaneció en silencio unos segundos.
Después respondió:
—Creo que usted ve demasiadas series de televisión.
—Lo que le digo está confirmado.
Carlton sonrió con ironía.
—Entonces sabe mucho más que yo.
Que tenga buen día.
Entró nuevamente al Precinto 34.
Sin embargo, fue directamente con Harold.
—La prensa ya comenzó a hacer preguntas.
»Y saben más de lo que imaginábamos.
Harold frunció el ceño.
—Gracias, Carlton.
Hiciste bien en no confirmar nada.
Avisaré inmediatamente a James.
***
El domingo 28, Daniel se levantó muy temprano.
A las 08:00 horas recibió una llamada de la policía.
Le informaron que ya podía regresar a la residencia de Louis Palmer.
El cuerpo había sido retirado.
También habían concluido los trabajos periciales.
Agradeció la llamada.
Informó que llegaría aproximadamente dos horas después.
Cuando llegó encontró a un oficial esperándolo frente a la puerta principal.
—Buenos días, Daniel.
»¿Tiene las llaves?
—Sí.
»Rita también tiene un juego.
—Perfecto.
»Pueden limpiar y ordenar la casa.
»Si surge cualquier información nueva...
»nos comunicaremos con ustedes.
Daniel dudó unos segundos antes de preguntar:
—¿Pudieron identificar al asesino mediante las cámaras?
—No.
»Todo el sistema de grabación fue borrado.
»Pero no se preocupe.
»Mantendremos vigilancia en la zona.
»Si observa cualquier cosa extraña...
»llámenos inmediatamente.
Daniel entró lentamente.
No quería tocar absolutamente nada.
Prefirió esperar a Rita.
La llamó desde la cocina.
—Hola, Daniel.
—Ya estoy en la casa.
»¿Puedes venir?
—Voy para allá.
Recorrieron juntos la residencia.
Todo permanecía exactamente igual.
Salvo el estudio donde Louis había sido asesinado.
Mientras observaban las manchas de sangre y algunas piezas de ajedrez olvidadas en un rincón, Rita comentó:
—Prepararé café.
»Después limpiaré todo esto.
Daniel asintió.
Mientras Rita estaba en la cocina descubrió una tarjeta de presentación.
Paul Mophy.
Constructora Sullivan e Hijos.
Sintió un sobresalto.
La reconoció de inmediato.
«Es él...»
Pensó durante unos segundos.
Finalmente guardó discretamente la tarjeta en el bolsillo.
Todavía no sabía qué haría con ella.
Pero intuía que podía valer mucho dinero.
—¿Qué miras? —preguntó Rita al regresar con dos tazas de café.
Daniel reaccionó de inmediato.
—Nada.
»Solo pensaba en lo ordenado que era el señor Palmer.
Durante el resto del día Daniel no dejó de pensar en la tarjeta.
Mientras Rita limpiaba el estudio, él permanecía sentado en la cocina.
A las 17:00 horas ella terminó su trabajo.
—¿Dormirás aquí?
—Probablemente —respondió Daniel.
»Hasta que aparezca algún familiar.
»Aunque nunca escuché que el señor Palmer tuviera alguno.
Rita sonrió.
—Ahora aparecerán muchos parientes que siempre lo quisieron.
Daniel soltó una carcajada.
—Sí.
»Pero siempre desde muy lejos.
Ambos rieron.
***
A las 18:45 horas Daniel llamó al número impreso en la tarjeta.
Paul respondió desde el hospital.
—Buenas tardes.
—Sé que usted mató a Louis Palmer.
»Tengo pruebas, dijo una voz nerviosa.
Paul permaneció completamente sereno.
—Permítame un momento.
Silenció el teléfono.
Salió discretamente de la habitación de Basima.
Solo entonces retomó la llamada.
—No sé de qué me habla.
»¿Quién es usted?
—Eso no importa.
»Lo vi salir de la casa de Louis Palmer.
»Y al día siguiente llegó la policía.
Paul comprendió inmediatamente que no estaba hablando con un policía.
Quería dinero.
Respiró profundamente.
—¿Qué quiere?
Daniel dudó.
Todavía no había pensado cuánto pedir.
Ni cómo recibiría el dinero.
Finalmente respondió:
—Mañana al mediodía volveré a llamarlo.
»Entonces le diré lo que quiero.
»Pero recuerde...
»tengo pruebas.
Y colgó.
Paul permaneció varios segundos mirando el teléfono.
Después regresó con Basima.
—¿Todo bien con tu cliente? —preguntó ella.
—Sí.
»Es uno de esos clientes que siempre quieren obtener más ventajas.
»Pero lo resolveré pronto.
Se sentó junto a ella.
Vieron televisión hasta que Basima se quedó dormida.
Más tarde Paul regresó al bungalow.
***
Anton Dupree decidió viajar a Pierre.
Estaba convencido de que allí encontraría información que la policía intentaba ocultar.
Incluso fantaseó con ganar un Premio Pulitzer gracias a aquella investigación.
Aún no eran las 9:00 a.m. cuando Dupree tocaba a la puerta de la residencia del difunto Louis Palmer.
—Daniel pensó— qué rápido llegaron los familiares, se dirigió a la puerta principal.
Al abrir se encontró con un hombre de 1.70 m, muy delgado, barba de tres o cuatro días, una camisa sin planchar y zapatos gastados.
Seguro es familiar pobre— pensó Daniel a los pocos segundos de hacerle un escaneo físico.
—¿En qué puedo servirle caballero? —dijo Daniel con la mejor de sus formas.
—Soy Anton Dupree, reportero de la Tribuna de Bismarck en Dakota del Sur, entiendo que aquí vivía el ahora occiso Louis Palmer.
—No puedo dar información al respecto, vaya con la policía.
—En realidad, solo quiero conocer un poco de la vida del occiso para la reseña que se hará en su memoria —dijo Dupree para ver si lograba convencer a Daniel, pero este era muy sagaz.
—¿Cómo por qué harían una reseña en Bismarck, de alguien que vivió en Pierre?
Dupree se dio cuenta que no podría engatusar a Daniel, por lo que pasó al plan “B”.
—Ok, me atrapaste. Quiero hacer una nota del asesino que ha estado matando en varias ciudades, supongo que sabes eso.
—Sí, la policía lo mencionó mientras revisaban la escena y alcancé a escucharlo.
—Bueno, ¿qué te parecen $200 dólares? Y me das toda la información que te pida.
—Puedo darle la información que tengo, pero eso vale mucho más de $200 dólares.
—¿Qué puede valer más de $200 dólares?
»¿Acaso tienes el nombre del asesino?
—Es usted adivino, tal vez no necesite que yo le de la información.
Dupree, sintió que el hombre frente a él, tenía claramente información valiosa, pero necesitaba asegurarse antes de pagar cualquier suma.
—Hagamos algo…
—Daniel, mi nombre es Daniel.
—Hagamos algo Daniel.
»Hablemos un poco y déjeme decidir si puedo confiar en usted.
—No tengo tiempo para perder, estoy por salir a la policía y contarles lo que usted podría saber antes.
»Así que, si me disculpa… tenga buen día.
Daniel iba a cerrar la puerta cuando Dupree colocó su gastado zapato izquierdo entre la puerta y el marco.
—Ok, ya entendí.
»¿Cuánto quieres?
»No traigo mucho dinero encima.
—$5,000 dólares serán suficientes.
—¡$5,000 dólares! —Replicó Dupree.
»No traigo $5,000 dólares conmigo, a menos que aceptes tarjetas de crédito mi amigo.
—Hay un centro comercial a 30 minutos de aquí, si gusta vamos y retira el dinero del banco para mayor seguridad.
—Rayos, ¿cómo sabías que vendría y que podrías sacarme $5,000 dólares?
—No sabía que serías tú el que me pagaría los $5,000 dólares.
Daniel y Dupree, fueron al banco en el centro comercial y la transacción se hizo con toda discreción, se sentaron en un café, el cual estaba casi vacío y Dupree dijo…
—Bien, ahora dame esa información que tienes o regresa los $5,000 duros.
—Daniel sacó de su bolsillo la tarjeta de presentación de Paul y la deslizó cerca de la mano de Dupree.
—Este es el asesino del Sr. Palmer, Dupree leyó el nombre en la tarjeta y replicó…
—¿Cómo sabes que fue esta persona?
—Yo lo vi antes de salir el día que mataron al Sr. Palmer y dejó esta tarjeta olvidada sobre un estante en el estudio donde fue asesinado.
—Aún no me convences. Dime, ¿cómo fue el asesinato?
—El tipo de la tarjeta clavó un abrecartas en la muñeca del Sr. Palmer y después en su cuello.
—¿Y después?
—Después nada, salí de ahí sin que me viera para poner mi vida a salvo de ese loco.
—¿Dónde encuentro a este tipo?
—No lo sé, ni me importa.
Pero te aseguro que es su número, yo ya lo verifiqué, ahora tengo que irme y espero no volvernos a ver.
Se levantó de la mesa, terminó el último trago de café en su taza y dio media vuelta sin decir nada más.
Dupree estaba impactado, valorando todas las posibilidades que podría tener con esa información, que hasta ese momento parecía cierta, en todo caso de no ser así ya sabía a dónde regresar por su dinero.
Sopesó mentalmente $5,000 dólares vs la nota más espectacular del año.
***
Después de abandonar la cafetería, Daniel realizó una última llamada desde un teléfono público.
—¿Cuánto quiere? —preguntó Paul nada más contestar.
Daniel sonrió.
—Lo pensé mejor.
»No quiero dinero.
»Solo quería darle las gracias por haber matado a ese maldito Palmer.
»Nunca volverá a saber de mí.
Y colgó.
Paul permaneció confundido.
No lograba comprender qué acababa de ocurrir.
***
A la mañana siguiente volvió a sonar el teléfono.
Era un número diferente.
Pero con el mismo código de área.
—¿Es usted Paul Mophy?
Paul percibió inmediatamente una voz distinta.
—Sí.
¿Quién habla?
—Eso no importa.
»Lo importante es que usted asesinó a Louis Palmer.
»A Akeem Rizik.
»Y a Marla Pendelton.
Por primera vez Paul sintió auténtico miedo.
Las piernas dejaron de responderle.
Tuvo que apoyarse contra la pared.
Después terminó sentado en el suelo.
Su respiración se aceleró.
Dupree percibió el cambio.
—Tranquilo.
»No soy policía.
»Y tampoco quiero entregarlo.
»Solo quiero conocer su historia.
»Soy periodista.
»Y quiero convertirlo en el asesino más famoso del país.
»Si deja de responder mis llamadas...
»iré directamente a la policía.
»Usted perderá su anonimato.
»Y yo perderé la mejor historia de mi carrera.
»Volveré a llamarlo.
»Piénselo bien.
La llamada terminó.
Paul permaneció sentado en el suelo durante más de treinta minutos.
Estaba completamente empapado en sudor.
Cuando por fin logró ponerse de pie volvió a ducharse.
El agua no consiguió tranquilizarlo
Comprendió que existían variables que jamás había considerado.