Veintitrés Capítulo 30
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Capítulo 30

Antes de abandonar la residencia de Louis Palmer, Paul recorrió cada habitación una última vez.

No buscaba dinero ni joyas.

«Buscaba errores».

Comprobaba que ningún detalle pudiera romper la perfección del plan.

Solo entonces esperó a que anocheciera para abandonar el lugar sin llamar la atención.

Aquella misma madrugada regresó al hospital donde permanecía internada Basima.

La encontró profundamente dormida.

Decidió no despertarla.

Se acomodó en el sillón reclinable de la habitación y, pocos minutos después, se quedó dormido.

Dormía con la tranquilidad de un alma libre.

La sangre fría de Paul no era innata.

Era una habilidad que había desarrollado durante años para manipular a las personas y alcanzar sus objetivos.

***

El lunes, James se dirigía al hotel de López cuando recibió la llamada del profesor Dubov.

La conversación confirmó que la investigación había entrado en una fase mucho más peligrosa.

Cada nueva jugada reducía las opciones del Albañil.

Pero también el tiempo disponible para impedir otro asesinato.

—Buenos días, profesor.

—Buenos días, detective.

»Por la información que me envió anoche...

»veo que nuestros temores comienzan a cumplirse.

James suspiró.

—Peor que eso.

»El Albañil nos ha estado distrayendo con maniobras que ahora parecen evidentes.

»Y utilizó el alfil que habíamos descartado.

»Ahora temo que comience una cadena de asesinatos.

Dubov permaneció unos segundos en silencio.

—Sí.

»Pero ahora también dispone de más información.

James negó lentamente.

—No estoy seguro de cuánto nos ayuda.

»Estuvimos vigilando dos ciudades...

»y atacó una tercera.

—Recuerde algo, detective.

»Al principio de una partida existen muchas posibilidades.

»Pero, conforme desaparecen las piezas, las opciones se reducen.

»Y los movimientos comienzan a ser mucho más previsibles.

»Eso también ocurrirá aquí.

Guardó una breve pausa.

—Creo que ambos coincidimos en que debe capturar ese alfil.

»Mientras permanezca activo...

»seguirá causando daño.

»Naturalmente, el Albañil responderá con su caballo.

»Y entonces tendremos que anticipar con mucha precisión el siguiente objetivo.

James asintió.

—Gracias, profesor.

Toda ayuda es bienvenida.

James recogió a López frente al hotel.

Ambos se dirigieron al Precinto 34.

Al llegar encontraron a Harold esperándolos.

—Buenos días.

»¿Qué ocurrió en Pierre?

James respondió mientras caminaban.

—Vamos con Lucas.

Les explicaré todo allí.

Lucas recorría su oficina de un extremo a otro.

Las llamadas del alcalde, del comisionado y del FBI habían convertido el caso en un asunto de interés nacional.

La presión ya no recaía únicamente sobre James.

Ahora alcanzaba a todo el Precinto 34.

James llamó suavemente a la puerta.

—Buenos días, jefe. Me acompaña el Detective López.

Lucas levantó la vista.

—Ya sé quién es el detective López.

También recibí una llamada desde Boston.

James comprendió inmediatamente el significado de aquellas palabras.

—¿Qué ocurrió?

Lucas respiró profundamente.

—El FBI enviará dos agentes para incorporarse a la investigación.

»También recibí llamadas del alcalde y del comisionado nacional.

»Todos hicieron la misma pregunta.

»¿Por qué ocultamos la existencia de un asesino con estas características?

»No tuve una buena respuesta.

»Asumí completamente la responsabilidad.

Guardó silencio unos segundos antes de continuar.

—Y estoy convencido de que esto llegará a la prensa en cualquier momento.

James, Harold y López permanecieron inmóviles.

Después explicaron todo lo ocurrido en Pierre.

Las nuevas jugadas.

Las posibilidades del tablero.

Y el riesgo real de otra muerte.

Lucas escuchó sin interrumpir.

Cuando James terminó, el jefe no pronunció una sola palabra.

Se acomodó lentamente el cinturón.

Caminó unos pasos por la oficina.

Después señaló discretamente la puerta, no necesitaba levantar la voz.

Todos comprendieron el mensaje.

Era momento de volver al trabajo.

Lucas tenía razón.

La noticia terminaría llegando a los medios.

Pero no porque el FBI la filtrara.

Ni porque lo hiciera alguna autoridad.

Simplemente...

resultaba imposible ocultar durante mucho más tiempo una serie de asesinatos cuidadosamente planeados que ya comenzaban a extenderse por distintos estados del país.