Capítulo 29
El propio Louis abrió la puerta.
—Hola, Paul.
»Bienvenido.
»¿Listo para perder?
Paul sonrió.
—No, Sr. Palmer.
»Hoy tendrá que esforzarte mucho más.
—Entonces pasa.
Ambos caminaron hasta el estudio, donde el tablero de ajedrez ya estaba preparado.
—Tiene un hermoso juego de ajedrez, señor Palmer.
Louis sonrió.
—Llámame Louis.
—De acuerdo.
En ese momento una voz interrumpió la conversación.
—Me retiro, señor Palmer.
Mañana regresaré como me indicó.
—Sí, Daniel.
»Ya puedes irte.
»Aunque la verdad eres de muy poca ayuda.
»Bromeo.
»Nos vemos mañana.
Daniel era el mayordomo de Louis.
Llevaba apenas dos años trabajando para él, mucho más tiempo que cualquiera de sus antecesores.
La mayoría abandonaba el empleo por el trato despectivo de Louis y los constantes retrasos en el pago.
Mientras salía pensó:
«No te lo tomes personal.
Es un imbécil, como muchos hombres ricos.»
Habían transcurrido unos veinte minutos cuando recordó que había olvidado un comprobante de transferencia para su hermano.
Decidió regresar.
***
Paul permanecía sentado de espaldas a la entrada.
No volteó durante el breve intercambio entre Daniel y Louis.
Sin embargo, sus músculos se tensaron.
Por un instante creyó que tendría que modificar todo el plan.
Cuando escuchó que Daniel se marchaba definitivamente...
se relajó.
Louis tomó una botella.
—¿Qué vas a beber?
—Lo mismo que tú.
—Entonces será whisky.
Ambos levantaron el vaso.
Louis observó fijamente a Paul.
—¿Sucede algo? —preguntó Paul.
—No.
» Solo intento descubrir cómo voy a derrotarte.
Paul sonrió.
—Tengo la impresión de que hoy no será tu día.
La frase irritó a Louis.
Antes de que pudiera responder, Paul colocó una pequeña caja de madera sobre la mesa.
—Te traje un obsequio.
»Espero que sea de tu agrado.
Louis se sentó frente a la mesa y abrió lentamente la caja.
Dentro encontró un elegante abrecartas.
La empuñadura tenía forma de peón de ajedrez.
La hoja, de latón envejecido, parecía una auténtica pieza de colección.
Lo observó apenas unos segundos.
—Es bonito.
»Resulta curioso que personas con tan pocos recursos sepan fabricar estas baratijas.
»No lo tomes como una ofensa.
Paul perdió el control.
Le arrebató el abrecartas.
Sujetó violentamente la mano derecha de Louis.
Y clavó la hoja entre los huesos de la muñeca.
Louis lanzó un grito desgarrador.
Intentó apartarlo con la otra mano.
No pudo.
Paul era mucho más fuerte.
Desde una puerta lateral Daniel observó la escena.
Quedó completamente inmóvil.
Comprendió que, si era descubierto...
él sería el siguiente.
Paul se colocó detrás de Louis.
Acercó lentamente la boca a su oído.
—Eres prepotente.
»Eso no es lo peor —dijo lentamente.
»Lo peor es que humillas a quienes consideras inferiores.
Louis apenas podía hablar.
—Lo... lo siento...
»No volverá a ocurrir.
»Fue una estupidez, de mi parte.
Paul respondió con absoluta frialdad.
—Sí.
»Fue una estupidez —dijo remarcando cada palabra.
»Y no volverás a repetirla.
Extrajo el abrecartas de la muñeca.
Sujetó a Louis por el cabello.
Y hundió la hoja en su cuello.
Louis cayó sobre el tablero de ajedrez.
Daniel aprovechó ese instante para escapar sin hacer el menor ruido y no volvió la vista atrás.
La escena era sádica y Paul la disfrutaba, las palabras de Louis Palmer habían empeorado su final.
Paul revisó cuidadosamente el sistema de videovigilancia.
Eliminó todas las grabaciones de las tres últimas semanas.
Después regresó junto al cadáver.
Lo contempló durante unos segundos.
Y colocó una nota sobre su espalda.
***
James permanecía en Pittsburgh vigilando discretamente una obra junto con un equipo táctico.
El teléfono sonó.
Era López.
—¿Qué tienes?
—Nada.
Solo un jefe de policía molesto porque utilizamos a su equipo SWAT para nada.
James suspiró.
—Aquí tampoco ha ocurrido nada.
—¿Crees que haya cancelado el ataque?
—No.
»Creo que simplemente estamos en el lugar equivocado.
Aquella misma noche ambos operativos fueron cancelados.
James regresó a Bismarck.
***
Daniel llegó a su casa completamente alterado.
Las manos le temblaban.
Su hermano escuchó toda la historia.
—¿Ya llamaste a la policía?
Daniel negó con la cabeza.
—No quiero problemas con ese hombre.
—Pero mañana tendrás que volver.
»Si desapareces...
»podrían sospechar de ti.
Daniel permaneció varios segundos en silencio.
Finalmente respondió.
—Iré.
»Esperaré a que llegue Rita.
»Entraremos juntos.
»Así nadie podrá decir que intenté ocultar algo.
A la mañana siguiente Daniel y Rita llegaron casi al mismo tiempo.
Entraron por la puerta de servicio.
Rita se dirigió hacia el salón.
—Buenos días, señor Palmer.
No obtuvo respuesta.
Avanzó unos pasos más.
Las piezas de ajedrez estaban esparcidas por el suelo.
Después levantó la vista.
Louis permanecía inmóvil.
El abrecartas seguía clavado en su cuello rodeado por un charco de sangre.
El grito de Rita resonó por toda la casa.
Daniel corrió inmediatamente.
La sostuvo por los hombros.
—Salgamos.
»Llamemos a la policía.
»No sabemos si el asesino sigue aquí.
***
A las 11:55 horas James recibió una llamada.
Procedía de la Policía de Pierre.
El sargento Graham habló sin rodeos.
—Detective Miller...
»hemos encontrado un cadáver.
»Hay una nota dirigida a usted.
James cerró los ojos unos segundos.
—Y también una pieza de ajedrez —agregó.
—¿Correcto?
Graham guardó silencio.
—¿Cómo lo sabe?
—Le explicaré cuando llegue.
—Envíeme la dirección.
—Tomaré el primer vuelo disponible.
A las 16:30 horas James llegó a la residencia de Louis Palmer.
López llegó 30 minutos antes y había reunido la información inicial.
Entraron juntos.
La escena resultaba estremecedora.
Louis permanecía desplomado sobre el tablero.
Las piezas estaban manchadas de sangre.
En su espalda aún estaba la nota.
Solo decía:
«Para James Miller.
Precinto 34.
Bismarck.
Axd4+.
«Estás en jaque,
Y esto será aún peor.»
James pidió inmediatamente acceso a las cámaras de seguridad.
El sargento Graham lo condujo con los técnicos.
La respuesta fue inmediata.
—Las grabaciones fueron eliminadas, señor.
»Todo el sistema fue borrado hace aproximadamente tres semanas.
James insistió.
—¿Y la copia en la nube?
—No existe todavía.
»El respaldo automático se realiza una vez al mes.
»Llegamos demasiado pronto.
James respiró con frustración.
Después pidió entrevistar a Daniel y a Rita.
Daniel indicó que Louis había recibido una visita el día anterior.
Pero no pudo identificar al hombre.
Siempre permaneció de espaldas.
Cuando terminaron los interrogatorios James salió de la residencia.
Miró a López.
—Caímos exactamente donde quería.
»Primero Sioux Falls.
»Después Pittsburgh.
»Y mientras perseguíamos fantasmas...
»asesinó a Louis en Pierre.
López permaneció en silencio.
James golpeó suavemente el techo del automóvil.
Era el único gesto de frustración que se permitió.
—Lo peor es que Jamal ya había señalado el Peón como una posibilidad.
»Yo mismo descarté esa opción.
***
Durante el vuelo de regreso ambos detectives permanecieron callados durante varios minutos.
Finalmente, López preguntó:
—Si el Albañil nunca llamó desde Pierre...
¿cómo podíamos descubrirlo?
James observó nuevamente el tablero magnético.
—No debía pensar únicamente en las ciudades desde donde llamaba.
»Debía pensar como un jugador de ajedrez.
»Las distracciones también forman parte de la estrategia.
»Y nosotros...
»caímos en todas.
Guardó lentamente el tablero.
La moral del equipo nunca había estado tan baja.
James sintió que el Albañil no solo llevaba la iniciativa.
También controlaba completamente el ritmo de la partida.