Capítulo 27
Sabía que una captura era inminente.
O, mejor dicho...
una muerte.
—Señor James...
—Solo dime James.
»Pensé que esa etapa ya la habíamos superado.
Jamal sonrió.
—De acuerdo.
»Ya tenemos un antecedente de que el caballo podría corresponder a Connecticut.
¿Qué otra pieza quedaría bajo presión?
James observó el tablero.
—El peón de **d4**.
—Ese peón puede corresponder a Pierre en Dakota del Sur.
—Pero eso obligaría al Albañil a sacrificar un alfil.
»Y hasta ahora nunca ha matado por simple placer.
»Siempre juega con lógica.
»Defiende sus piezas.
»Ataca con sentido estratégico.
»Quiere demostrar que juega mejor que nosotros.
»Los asesinatos son, desde su punto de vista, el castigo por nuestros errores.
Jamal asintió.
—Entonces Connecticut sigue siendo nuestra mejor opción.
James abrió el mapa en su teléfono.
La distancia hacía prácticamente imposible un traslado por carretera.
Si el Albañil actuaba en los siguientes días...
tendría que viajar en avión.
Antes de despedirse coordinó con López la vigilancia en el aeropuerto de Connecticut.
Era la mejor pista disponible.
***
A las 09:20 horas del sábado sonó el teléfono.
Era el profesor Dubov.
—Tengo una idea…,
»No resolverá el caso.
»Pero quizá mejore tu posición.
James sonrió.
—Lo escucho, profesor.
—Intenta colocar uno de tus caballos en **e5** y luego desplazar tu dama a la columna **H**.
»Probablemente debas sacrificar material.
»Pero conseguirás iniciativa.
»Y, si logras distraer al Albañil...
»tal vez cometa un error.
»Hasta ahora solo has respondido a sus amenazas.
»Necesitas obligarlo a reaccionar a las tuyas.
James permaneció unos segundos observando el tablero.
—Tiene razón.
»Necesito dejar de jugar únicamente a la defensiva.
Agradeció la llamada.
Se sirvió otra taza de café.
Tomó un trozo de pan.
Y volvió a sentarse frente al tablero magnético.
***
Mientras tanto, Paul visitaba la residencia de Louis Palmer.
La casa era elegante.
Decoración clásica.
Muebles ingleses.
Todo transmitía poder económico.
—Bienvenido, Paul.
»Este es mi lugar favorito para jugar ajedrez.
¿Le apetece un whisky?
—Con mucho gusto.
Mientras conversaban y explicaba la propuesta, Paul observó cuidadosamente la vivienda.
Preguntó por la familia. Louis Palmer era divorciado y sin hijos, solo convivía parcialmente con dos empleados domésticos, uno para limpieza y un mayordomo.
La seguridad.
Los vecinos.
Cada respuesta era archivada cuidadosamente.
Nada escapaba a su atención.
Palmer, una vez terminados los detalles del proyecto, llevó la plática hacia el ajedrez, explicó que llevaba años sin perder una partida.
Paul respondió con humildad.
—Yo solo soy un contratista,
»un albañil.
»Haré mi mejor esfuerzo para no aburrirlo.
Palmer sonrió satisfecho.
Disfrutaba sentirse superior.
Sacó dos peones.
Uno blanco.
Uno negro.
Los ocultó en sus manos.
Paul eligió la izquierda.
Le correspondieron las negras.
—Con blancas soy prácticamente invencible —dijo Palmer con toda la arrogancia posible.
—Entonces hoy aprenderé algo nuevo.
Comenzó la partida.
Jugaron durante toda la tarde.
Conversaron sobre negocios.
Arquitectura.
Ajedrez.
La primera partida terminó en tablas.
La segunda también.
En la tercera,
Paul permitió deliberadamente que Palmer obtuviera una victoria convincente.
El contrato era mucho más importante que el resultado.
—Excelente partida, Paul, pero bueno al final lo he superado… como era de esperarse.
—Sí, espero haber estado al nivel necesario, pero mejor aún… le quiero proponer me dé la revancha.
—Me parece excelente, tendremos una revancha la próxima semana, el viernes, y cuente con el contrato, esto será una apuesta aparte.
»Prometo llegar mejor preparado —dijo Paul para entusiasmar aún más a Louis Palmer.
Se estrecharon la mano.
Paul se marchó.
***
Al día siguiente apareció publicada la jugada del Albañil.
**Cc6**
Acompañada del mensaje:
«¿Dónde está ahora la arrogancia de la policía?»
James leyó el periódico mientras desayunaba.
Sofía entró en la cocina.
—¿Qué ocurre?
Te ves preocupado.
James levantó la vista.
—Siento que intenta obligarme a capturar su caballo.
»Y cuando lo haga...
»volverá a matar.
Sofía tomó el periódico.
Lo cerró.
—Ven.
»Vamos al jardín.
Caminaron durante varios minutos con Rufus.
Sin hablar.
Finalmente, Sofía rompió el silencio.
—¿Qué pasaría si dejaras de cargar este caso sobre los hombros?
James la miró sorprendido.
—¿Cómo?
—Lo estás viviendo como si cada muerte fuera responsabilidad tuya.
»No lo es.
»Mientras más culpa sientes...
»más difícil resulta pensar con claridad.
James permaneció varios segundos en silencio.
Después sonrió.
—Creo que tienes razón.
»Estoy jugando completamente a la defensiva.
»Y también lo he convertido en algo personal.
Le dio un beso.
Regresaron caminando lentamente hacia la casa.
***
Más tarde James volvió al estudio.
Actualizó el tablero.
La posición seguía empeorando.
Entonces recordó la última llamada del Albañil.
**Sioux Falls**
Tomó el teléfono.
—Harold.
Necesito saber qué obras importantes se construyen actualmente en Sioux Falls.
Harold respondió inmediatamente, se había adelantado a la solicitud e de James, desque que tenía el dato de la última llamada.
—Solo dos parecen relevantes.
»Un puente vehicular.
»Y un edificio corporativo de una farmacéutica.
—Perfecto.
»Quiero que la policía local revise ambas obras.
»Busquen trampas.
»Dispositivos.
»Fallos provocados.
»También necesito la lista completa de trabajadores y empresas contratistas.
»Pero con absoluta discreción.
»No quiero alertarlo.
James colgó.
Después revisó el mapa de constructoras con presencia nacional.
Solo seis empresas tenían capacidad para operar en todos los estados relacionados con la investigación.
Las anotó cuidadosamente.
Por primera vez dejó de pensar únicamente en defenderse.
Necesitaba comenzar el contraataque.
***
Mientras tanto, Paul permanecía junto a Basima en el hospital.
Cuando ella se quedó dormida desplegó los planos obtenidos en Sioux Falls.
Marcó rutas de escape.
Subestaciones eléctricas.
Centros de carga.
Y posibles puntos de instalación.
Después comenzó a investigar nuevos dispositivos automáticos.
Cada vez dependía menos de su presencia física.
Aquello reducía enormemente el riesgo.
Pensó también en la posibilidad de que James capturara finalmente su caballo.
En ese caso Sioux Falls pagaría el precio.
Poco a poco comprendió que el siguiente asesinato debía ser distinto.
Más cercano.
Más doloroso para la policía.
No bastaba con matar.
Necesitaba que James sintiera el peso de cada muerte.
Antes de cerrar la computadora revisó sus inversiones,
y cuentas bancarias.
Hacía tiempo que ya no necesitaba trabajar.
El empleo solo le proporcionaba una excusa perfecta para viajar constantemente.
Sonrió para sí mismo.
—He preparado esta partida durante demasiado tiempo.
Será una lección inolvidable para toda la policía.