Capítulo 26
La temperatura era agradable.
Llevaba la ventanilla a medio abrir y respiraba profundamente el aire fresco de la mañana.
Necesitaba nadar.
Activar tanto el cuerpo como la mente.
El algoritmo de Jamal había superado todas sus expectativas.
Greta y Sofía habían disfrutado de pasar tiempo juntas.
Ahora él solo quería concentrarse en el Albañil.
A las 06:10 horas se lanzó al agua.
Después de algunos ejercicios de calentamiento comenzó a nadar lentamente.
Poco a poco incrementó el ritmo de sus brazadas.
Le gustaba sentir la resistencia del agua y la fuerza que ejercían los brazos.
Aquello liberaba el estrés mejor que cualquier otra actividad.
Cincuenta minutos después salió completamente exhausto.
Descansó unos quince minutos antes de al Precinto 34.
En el camino se detuvo con Duke para comprar la *Tribuna de Bismarck*.
Abrió la sección de clasificados.
Harold había publicado correctamente la jugada:
**Ac2**
***
Mientras tanto, Paul llegaba a Dakota del Sur.
Esperaba un taxi mientras revisaba la edición digital de la *Tribuna de Bismarck*.
Al ver la jugada sonrió.
Buscó un lugar apartado.
Sacó un teléfono de prepago.
Y llamó a James.
—Detective James...
»veo que quieres capturar mi caballo.
»Pero...
»si no te está haciendo nada...
Soltó una carcajada.
James respondió inmediatamente.
—Tengo claro que ese caballo representa una amenaza.
»Y las amenazas deben eliminarse cuanto antes.
»Por cierto...
¿por qué la señora Basima aún no ha regresado a su casa?
Paul respondió con absoluta naturalidad.
—No lo sé.
»Cuando la vea se lo preguntaré.
James decidió aumentar la presión.
—Parece una mujer muy amable.
»Me cuesta creer que pueda estar relacionada con un asesino.
»¿O quizá participa en la planificación de los crímenes?
Paul dejó de reír.
Su voz cambió por completo.
—Primero...
»no sé quién es Basima.
»Segundo...
»yo no soy un asesino.
»Solo estoy demostrando que la arrogancia tiene consecuencias.
»Las personas mueren por tu enorme boca de policía.
»Si lo piensas bien...
»eres tú quien las está matando.
En ese momento James escuchó un anuncio de fondo.
«Pasajeros con destino a Sioux Falls...»
Paul no le dio importancia.
James, en cambio, archivó inmediatamente aquel detalle.
—Se me terminó el tiempo, James.
»Mi caballo volverá a hacerte pagar muy caro.
La llamada terminó.
***
Al llegar al Precinto 34, James desplegó la plantilla elaborada por Jamal.
El anuncio del aeropuerto seguía rondando por su cabeza.
Sioux Falls.
Dakota del Sur.
Tengo dos peones amenazados, ¿a qué ciudades corresponden?
Todo parecía relacionado.
Pero ninguna combinación terminaba de encajar.
¿Era Sioux Falls una pista...
o simplemente otra distracción?
Mientras tanto, Paul envió a la *Tribuna de Bismarck* su siguiente movimiento.
**f5**
Acompañado por el mensaje:
«Este caballo está muy bien defendido.
¿Te atreves a capturarlo?»
***
James llamó a López.
Le explicó que el Albañil ya sabía que lo esperaban en Springfield y que lo mejor sería reducir la vigilancia en ese lugar para reforzar otras líneas de investigación.
También compartió con él los resultados obtenidos gracias al algoritmo de Jamal.
Durante el vuelo de regreso a Bismarck, López volvió a estudiar la posición del tablero.
Ya se enfocaba en las piezas.
Veía un mapa de la investigación.
Cada error equivalía a una muerte.
Finalmente cerró los ojos.
No sabía si era falta de conocimiento o falta de paciencia, para poder resolver el caso.
***
En Dakota del Sur, Paul se reunió con Louis Palmer, director general de Franquicias Palmer.
La entrevista transcurrió con normalidad.
Palmer quería desarrollar una concesionaria diferente.
Más moderna.
Con espacios destinados tanto al deporte físico como al intelectual.
Paul aprovechó inmediatamente la oportunidad.
—¿Le gusta el ajedrez?
—Sí.
»Y bastante.
Paul sonrió.
—Entonces diseñaremos un concepto donde el ajedrez sea parte de la identidad del proyecto.
La conversación continuó durante casi una hora.
Louis Palmer, era un hombre de 45 años, no muy atlético, ligeramente obeso en realidad, 1.75 m con unos 90 kg, pero sí, muy elocuente.
Como buen vendedor, distraía a su cliente y lo convencía de comprar o al menos de lo que debía hacer.
Lamentablemente, la otra cara de esta moneda era un mal perdedor, tolerancia cero a la derrota y entonces atacaba y buscaba la forma de anular la victoria de cualquier oponente e incluso perjudicarlo de otra manera.
Paul no solo analizaba las necesidades del negocio.
También estudiaba cuidadosamente la personalidad de Palmer.
—Sr. Palmer, si está de acuerdo, para el fin de semana le tendré una propuesta, requiero me ayude con algunos datos importantes de medidas, permisos y desde luego preferencias específicas, estoy seguro de que podremos reflejar su visión en nuestra empresa.
—Perfecto Paul, lo espero el próximo sábado, por cierto ¿y usted juega ajedrez?
—Sí, no soy tan bueno, pero me gusta mucho el ajedrez.
—A su encuentro jugaremos y que sea por una comida, ¿le parece? —expresó Louis, quien veía otra oportunidad de mostrar superioridad.
—Totalmente de acuerdo —dijo Paul.
Descubrió rápidamente que Louis Palmer era extremadamente competitivo,
ya había encontrado la grieta que buscaba.
Al terminar la reunión, Paul viajó a Sioux Falls antes de regresar a Washington.
Desde allí volvió a llamar a James.
—¿Dos llamadas en un mismo día?
»No sabía que me extrañaras tanto —dijo James.
Paul respondió con frialdad.
—Solo quería decirte que mañana conocerás mi siguiente jugada.
»Y tendrás que tomar decisiones difíciles.
James intentó prolongar la conversación.
Esperaba que Harold pudiera localizar la llamada.
—Siempre existe una forma de contraatacar.
»Aunque a ti te guste jugar con ventaja.
Paul estalló.
—No seas cobarde —dijo enardecido.
»Tienes un ejército entero de policías.
»Así que deja de quejarte y demuestra que eres tan bueno como presumes.
Después colgó.
Harold apareció pocos segundos después.
—Sioux Falls.
»Cerca de la catedral de San José.
***
Antes de abandonar la ciudad, Paul visitó discretamente una construcción de un proyecto en el que había participado su empresa, pero no habían conseguido la adjudicación.
Se presentó como contratista independiente.
Para su buena fortuna, la obra presentaba retrasos importantes y requerían apoyos para cumplir las fechas compromiso.
Consiguió recorrer la obra.
Obtuvo planos.
Horarios.
Rutinas de vigilancia.
Y mucha más información de la que realmente necesitaba.
Cada conversación representaba una nueva fuente de datos.
Nunca desperdiciaba una oportunidad.
***
James comenzaba a sentir que la investigación dejaba de ser únicamente un caso policial.
Cada llamada del Albañil era un desafío personal.
Y aquello empezaba a preocuparle.
No quería permitir que la partida se convirtiera en una cuestión de orgullo.
No tenía claro a quién se enfrentaba y empezaba a dudar de su capacidad.
***
López regresó a la escena del crimen de Akeem Rizik.
Observó nuevamente el video.
Repitió varias veces el recorrido.
Subió.
Bajó.
Analizó cada ángulo.
Después de varias horas llegó a una conclusión.
—Este hombre no es un asesino profesional.
»Es extremadamente metódico.
»Pero mata impulsado por la ira.
»No por experiencia.
Llamó inmediatamente a James.
Le sugirió investigar los establecimientos donde pudiera haberse vendido la ballesta utilizada en el crimen, si bien era un arma de caza, para el albañil solo era una herramienta que pudo usar con precisión.
La idea resultó prometedora.
James visitó varios comercios.
Los dos primeros no aportaron información útil.
En el tercero encontró algo distinto.
El dependiente recordaba perfectamente a un cliente.
Gorra.
Lentes oscuros.
Nunca miró directamente a nadie.
James comprendió inmediatamente que había encontrado la tienda correcta.
Solicitó los números de serie de todas las ballestas vendidas.
Más tarde comprobaría que una coincidía con la utilizada en el asesinato de Rizik.
No era suficiente para identificar al Albañil.
Pero sí para reconstruir parte de sus movimientos.
***
Al día siguiente apareció publicada la jugada:
**f5**
Acompañada del mensaje:
«Este caballo está muy bien defendido.
¿Te atreves a capturarlo?»
James permaneció largo rato observando el tablero.
Después abrió nuevamente los mapas de Dakota del Sur.
Buscó Sioux Falls.
Comparó nombres.
Idiomas.
Equivalencias.
Hipótesis.
Nada terminaba de convencerlo.
Salió a caminar.
Compró un café.
Y se sentó en un parque.
Durante varios minutos cerró los ojos.
Pensó únicamente en Rufus.
En el jardín de su casa.
Corriendo detrás de las aves.
Cuando volvió a abrirlos había recuperado la calma.
Envió un mensaje a Jamal.
Le pidió incorporar Sioux Falls al algoritmo para comprobar si existía alguna relación.
En ese momento sonó el teléfono.
Era Greta.
James se sorprendió por la casualidad, ¿cómo lo supo? Pensó.
Pero en realidad, Greta tenía un rato libre y solo quería saludarlo, ni idea de lo que le había solicitado a Jamal.
Conversaron algunos minutos sobre el torneo de ajedrez en Nueva Orleans.
Al regresar al Precinto 34, Harold confirmó una noticia importante.
El número de serie de la ballesta coincidía exactamente con una de las unidades vendidas por la tienda.
James sonrió ligeramente.
—Más que un albañil...
»debemos entenderlo como un auténtico arquitecto de la violencia.
»Todo lo calcula antes de actuar.
***
La noche del lunes, Paul regresaba al hospital.
El procedimiento médico de Basima había sido exitoso.
Sin embargo, los médicos decidieron mantenerla hospitalizada un par de semanas más por precaución.
Paul permaneció a su lado.
La tranquilizó.
Después volvió al hotel.
Analizó nuevamente el perfil de Louis Palmer.
Investigó en internet y encontró antiguos conflictos.
Descubrió el caso de Clay Williams.
Decidió llamarlo haciéndose pasar por periodista.
A la mañana siguiente antes de salir hacia el hospital a ver a Basima, Paul ya había obtenido el número actual del jugador Clay Williams, ahora dependiente de mostrador en una tienda departamental.
Marcó a Clay y este, al desconocer el número decidió no tomar la llamada.
Paul ahora le envió un mensaje de texto, diciendo que era reportero, que había encontrado su caso y quería validar la información.
—Llámame a las 15:30 —respondió por vía texto Clay.
Faltaban 3 minutos para las 15:30, cuando Paul le dijo a Basi que iba a la cafetería a traer algo de comer.
Una vez en la cafetería, le marcó a Clay.
—Hola Sr. Williams, soy Marcus Bratt y estoy conjuntando información de eventos de atletas que cambiaron drásticamente su profesión.
En su caso muy particular, no aparece una lesión o drogas u otra cosa, por lo que quiero pedirle si me pudiera compartir ¿qué pasó con su carrera?
Clay había perdido una carrera de millones de dólares y si bien ya lo había superado, no olvidaba que la arrogancia es un gran enemigo.
—Le contaré Sr. Bratt, en efecto mi carrera se fue al traste por no agachar la cabeza.
—¿Cómo es eso Clay? —dijo Paul con toda curiosidad.
—Bueno, yo tenía oferta de 3 casas comerciales, para utilizar sus marcas y la de Franquicias Palmer era la mejor oferta.
»Vi sus productos y si bien eran muy bonitos, la calidad no era la mejor, aún así, la propuesta económica era muy atractiva.
»Pelmazo, como solía llamarlo, es decir Palmer, me invitó a su casa y todo iba bien hasta que me preguntó si jugaba ajedrez.
»Le dije que sí, aunque no era muy bueno, él, por otro lado, me dijo que era muy bueno y que me daría dos piezas de ventaja, ¿qué más da? Pensé, así que jugamos.
»Estuvimos platicando mientras jugábamos, ya que yo era solo un aprendiz y no representaba peligro alguno, sin darnos cuenta me encontré con una jugada que daba mate.
»Pelmazo, se volvió loco, golpeó el tablero con la mano, arrojando todo al aire y dijo que había hecho trampa, traté de explicarle que fue casualidad, que podíamos reiniciar el juego ya que había sido pura casualidad.
»Pues, no lo tomó nada bien y me echó de su casa.
»Por mi parte también reaccioné de mala manera, he hice comentarios acerca de la mala calidad de sus productos.
»Pelmazo, movió todas sus influencias y me sacaron de la liga, primero estuve sentado media temporada y mi contrato no fue renovado, nadie me decía nada, la prensa parecía que me había olvidado.
»Años después me enteré de que Pelmazo, patrocinó a varios equipos y bueno a cambio, yo desaparecí del mapa, fin de la historia.
—Gracias por la información Sr. Clay, es detestable la prepotencia y arrogancia de algunas personas,
—Oiga, Bratt, no quiero tener problemas nuevamente, así que le pediré no mencione mi nombre como fuente en este asunto,
—No se preocupe, esto no lo afectará de ninguna manera, que tenga un excelente día.
—¿Para qué periódico trabaja usted Marcus?
—Paul colgó sin dar respuesta, como estaba habituado.
Clay, volteó a ver su celular y comprobar que se había acabado la llamada, se encogió de hombros; de alguna manera el contarle esto a Paul lo hacía sentirse mejor.
Paul se quedó un par de minutos con el celular en la mano y poco a poco la expresión de su rostro se iba tornando siniestra.
La conversación confirmó todas sus sospechas.
Palmer era incapaz de aceptar una derrota.
Una enfermera pasó junto a él.
Al verlo sonrió con cortesía.
Paul respondió del mismo modo.
Nadie habría imaginado que, detrás de aquella expresión tranquila, ya estaba preparando el siguiente movimiento de la partida.