Capítulo 24
—¿Detective Miller? —preguntó mientras recorría la oficina con la mirada.
—Aquí.
Soy yo.
El mensajero se acercó.
—Traigo un paquete para usted.
Me pidieron entregarlo únicamente en sus manos.
James observó la etiqueta.
—¿Quién lo envía?
—No lo sé, señor.
Solo veo que fue remitido desde una oficina en Connecticut.
James volvió a mirar la guía de envío.
Entonces leyó el nombre del remitente.
**Akeem Rizik.**
Durante un instante sintió un presentimiento.
Precisamente aquel día vencía el plazo para la siguiente jugada del Albañil.
—¿Qué sucede? —preguntó el mensajero.
James reaccionó de inmediato.
—Nada.
»Disculpe.
—Firme aquí, por favor.
El mensajero se marchó algo desconcertado por el cambio de expresión del detective.
Durante unos segundos James pensó en detenerlo para interrogarlo.
Después comprendió que no obtendría ninguna información útil.
***
Llevó el paquete directamente al laboratorio forense.
Solicitó que revisaran huellas, sustancias químicas y cualquier elemento fuera de lo normal.
Dos horas después recibió el informe.
No encontraron explosivos.
Ni sustancias peligrosas.
Las huellas pertenecían, al menos, a siete personas diferentes.
La mayoría correspondía al proceso normal de transporte.
Nada útil.
James decidió abrir finalmente el paquete.
Harold y Lucas permanecían junto a él.
Dentro encontró una nota.
Solo decía:
**Ce4**
Y debajo:
«Te envío un regalito para que tengas en qué pensar.
Las mentes pequeñas deben ser eliminadas.»
Junto a la nota había una memoria USB.
James la conectó inmediatamente.
Nadie dijo una sola palabra.
En la pantalla apareció el interior de una vivienda.
Segundos después una flecha atravesó el aire.
Impactó exactamente en el centro de la frente de Akeem Rizik.
Durante unos instantes él permaneció de pie.
Parpadeó varias veces.
Se llevó la mano al rostro.
Miró la sangre.
Todavía no comprendía qué acababa de ocurrir.
Cayó al suelo.
Con los ojos abiertos.
La grabación terminó.
El silencio dentro de la sala reflejaba el impacto emocional que les causaba el video.
—¡Harold! —
»¿Por qué nunca mencionaste que existía una cámara?
Harold seguía observando la pantalla.
—Porque no lo sabía.
»Lo estoy descubriendo igual que tú.
James señaló nuevamente el monitor.
—Quiero que averigüen cómo funciona esa cámara.
»Y también esa ballesta.
»Necesito saber absolutamente todo.
Después sacó el tablero magnético.
Actualizó la posición.
Observó el caballo situado en e4.
Permaneció varios segundos en silencio.
Finalmente habló.
—Ha colocado un caballo lechuguero dentro de mi territorio.
Lucas frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
James señaló la posición.
—No es únicamente una buena jugada.
»Es una amenaza permanente.
»Obliga al rival a pensar en ese caballo en cada movimiento.
Se pasó lentamente la mano por el cabello.
—Lo peor es que no puede expulsarse con peones.
»Controla muchas casillas.
»Y limita todas mis opciones.
Guardó silencio unos segundos.
—Traducido a nuestra realidad...
»significa muchas posibilidades de muerte.
Comprendía perfectamente que aquel caballo debía desaparecer.
Pero hacerlo implicaría un sacrificio.
Y, en aquella partida,
“Cada sacrificio equivalía a una vida humana”.
James miró a Lucas.
—No podemos seguir esperando.
»Ahora que sabe que estamos cerca debemos presionarlo.
»Esta vez no llamó por teléfono.
»Aprendió de sus errores.
»Haré la jugada más lógica de la posición.
»Y volveré a provocarlo.
»Necesitamos que recupere la confianza y vuelva a comunicarse.
Lucas dio un paso al frente.
—Si entiendo bien...
»cuando empiecen a caer piezas mayores...
»también empezarán a morir personas más importantes, es decir, más conocidas o preparadas.
»¿Es correcto?
James asintió.
—Exactamente.
»Peones.
»Después alfiles y caballos.
»Más tarde torres.
»Luego la dama.
»Y finalmente...
»el rey.
»Mientras más avanza la partida...
»más grave será cada asesinato.
Nadie añadió una sola palabra.
James regresó lentamente a su escritorio.
Harold y Lucas comprendían que el peso de aquella decisión recaía únicamente sobre él.
***
Una vez solo, James volvió a desplegar la plantilla.
La respuesta no estaba únicamente en el video.
También debía estar en el patrón.
Registró nuevamente Connecticut.
Las ciudades.
Las piezas.
Y las jugadas.
Esta vez confirmó que existía una relación consistente entre todos aquellos elementos.
Todavía no comprendía el algoritmo completo.
Pero el Albañil sí estaba dejando pistas.
Solo que nunca eran tan evidentes como parecían.
En ese momento tomó el teléfono.
Marcó el número de Greta.
—Hola, hija.
»¿Cómo están?
»¿Y cómo sigue Jamal?
—Muy bien, papá.
»Ya está completamente recuperado.
»Además capturaron a los responsables del ataque.
»Resultaron ser exalumnos que pretendían vender respuestas de los exámenes.
James sonrió.
—Me alegra muchísimo.
Después cambió deliberadamente de tema.
—¿Qué te parece si vienen este fin de semana a Dakota?
»Hace tiempo que no los vemos.
Hubo unos segundos de silencio.
—¿Ocurre algo, papá?
—No.
»Solo quiero verlos.
»Bueno, sí, hay algo…
»necesito pedirle ayuda a Jamal.
Greta sonrió.
—¿Ayuda?
—Sí.
»Recuerdo que me dijiste que es profesor de Matemáticas.
»Necesito su opinión sobre un problema.
»Y también quiero reivindicarme por la última visita.
—Déjame revisar su agenda.
»Te llamo en un par de horas.
***
Greta le marcó a Jamal por videollamada,
Jamal apareció en pantalla frente a una pizarra llena de ecuaciones.
—¿Interrumpo?
Él sonrió.
—Solo estaba peleando con unas transformadas de Laplace.
—No fundas ese cerebro privilegiado.
Los dos rieron.
Después Greta le explicó la invitación de James.
Jamal permaneció pensativo unos segundos.
—Creo que no puedo dejar pasar la oportunidad de ganarme al suegro.
Greta soltó una carcajada.
—Una oportunidad entre un millón.
»Y, si lo consigues...
»será para toda la vida.
Ambos rieron nuevamente.
Poco después Greta llamó a James.
—Todo listo, papá.
»Mañana volamos a Bismarck.
—Excelente.
»Envíame el número del vuelo.
»Yo pasaré por ustedes al aeropuerto.
—Claro.
»Te lo mando enseguida.
»Te quiero.
—Yo también, hija.
»Hasta mañana.