Veintitrés Capítulo 22
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Capítulo 22

El domingo por la mañana, James pasó por la Tribuna de Bismarck acompañado de Sofía.

A diferencia de otras ocasiones, sabía que…

el periódico podía contener mucho más que una simple jugada,

podía anticipar el siguiente movimiento del Albañil.

—¿Quieres hot cakes o frutas tropicales? —preguntó James.

—Hoy quiero hot cakes... y un riquísimo chocolate bien frío —respondió Sofía.

—Perfecto.

Entonces vayamos antes de que se llenen las mesas.

Mientras desayunaban, James le explicó cómo avanzaba la investigación y lo cerca que habían estado de capturar al Albañil.

Sofía escuchaba con la misma atención con la que disfrutaba el desayuno.

—Dime, James...

»¿Ya encontraron la casa de la mujer que lo acompañaba en Springfield?

James negó lentamente.

—No.

»Hasta eso lo tiene perfectamente protegido.

»En ajedrez no basta con atacar.

»También hay que proteger las piezas.

»Y él lo ha hecho muy bien.

»La verdad es que estuvimos muy cerca de atraparlo.

»Aunque todavía habría sido necesario demostrar que realmente era él.

—¿Y ahora a quién le toca mover? —preguntó Sofía.

James levantó el periódico.

—Al Albañil.

»Por eso pasé a comprar la Tribuna.

»Su siguiente jugada ya debe estar publicada.

—¿Y estás tan tranquilo?

»¿Y si esta vez asesinó a alguien?

James sostuvo el periódico unos segundos antes de responder.

La serenidad que transmitía era fruto de la disciplina.

—No lo creo.

»El Albañil está jugando una partida real.

»Los asesinatos representan castigos por errores, al menos desde su manera de entender el mundo.

»En este momento no tendría sentido matar a nadie.

»Pienso que todavía desarrollará su estrategia durante varias jugadas más.

»Y ese tiempo debemos aprovecharlo para detenerlo.

»Porque, si no lo conseguimos, las próximas víctimas probablemente serán personas con mayor preparación o notoriedad.

»Él mismo dejó claro que los peones son la infantería que cae primero.

»Mientras más tranquilo permanezca...

»menos errores cometeré al elegir mis movimientos.

»Necesito pensar con absoluta frialdad.

»Sin miedo.

»Y sin prejuicios.

Sofía permaneció unos segundos en silencio, asimilando lo que James le decía.

Después formuló una pregunta inesperada.

—¿Por qué crees que deja tres días entre muchas de sus jugadas?

James levantó lentamente la vista.

Nunca había reflexionado sobre aquello.

—¿Por qué lo preguntas?

—Porque, si es tan metódico como dices, seguramente ya tiene calculada la fecha en la que pretende terminar la partida.

»Y, si el jaque mate está dirigido al rey...

»quizá también tenga elegida desde hace tiempo a la persona que representa ese rey.

James permaneció inmóvil.

La observación modificaba completamente su perspectiva.

—Es una excelente idea.

»Si controla el calendario...

»También controla el momento de cada crimen.

»No lo había pensado.

***

Después del desayuno hablaron de Greta.

Coincidieron en que les gustaría verla con mayor frecuencia.

James comentó que llamaría directamente a Jamal para invitarlos a pasar unos días con ellos.

Sofía sonrió y le dio un beso.

Regresaron a casa.

James pasó la tarde jugando con Rufus, haciendo pequeñas reparaciones domésticas y durmiendo una breve siesta.

A las 19:30 horas entró en su estudio.

Sacó el tablero magnético.

Abrió la sección de clasificados.

La jugada publicada era:

O-O

No había ningún comentario.

James permaneció observando el periódico durante varios segundos.

El enroque era completamente lógico.

El silencio, en cambio...

no.

Comprendió inmediatamente que su provocación había surtido efecto.

Por primera vez el Albañil había preferido callar.

Y aquel silencio decía mucho más que cualquiera de sus mensajes anteriores.

James volvió al tablero.

Analizó cuidadosamente la posición.

El alfil de b3 había quedado retrasado.

Los alfiles negros dominaban largas diagonales.

El caballo de f6 amenazaba con saltar a g4.

La dama negra podía incorporarse al ataque en cualquier momento.

Aquella posición era un verdadero campo minado.

Debía jugar con absoluta precisión.

Sin asumir riesgos innecesarios.

En ese momento sonó el teléfono.

Era López.

—James...

»Ya entrevisté a los dos jugadores que enfrentaron al Albañil en Illinois.

»Donald Bufford lo describió como un hombre tranquilo y amable.

»Alcanzó a ver una cicatriz en la mano derecha

»Parecía una quemadura.

»La segunda jugadora, Diana Simpson, no recordó rasgos físicos importantes.

»Pero sí comentó que evitaba mirarla directamente.

»Parecía preocupado.

»En ese momento creyó que simplemente estaba incómodo por haber perdido contra una mujer.

James lo interrumpió.

—No perdió de manera natural.

»Estoy convencido de que descubrió el operativo y decidió dejarse vencer para abandonar el torneo sin levantar sospechas.

López continuó.

—También localizamos a varias personas que conocían a Basima Mophy.

»Gracias a ellas obtuvimos la dirección actual de su casa.

»Pero cuando llegamos ya no había nadie.

»Los vecinos aseguran que se marchó el mismo día en que visitamos la antigua vivienda.

»No saben hacia dónde.

»Ya dejé vigilancia permanente.

James permaneció pensativo.

—El problema es decidir si debemos acelerar la partida para atraparlo...

»o seguir jugando con prudencia.

»¿Tú qué harías?

López respondió sin dudar.

—Creo que debemos conservar la iniciativa.

»Si logramos obligarlo a pensar más tiempo en cada jugada...

»ganaremos tiempo para encontrarlo.

James asintió.

—Coincido.

»Pero el susto que se llevó en Illinois fue real.

»Por eso dejó de escribir mensajes.

»Estoy convencido de que estuvo allí.

»Necesitamos obligarlo a volver a hablar.

Cuando terminó la llamada envió inmediatamente la siguiente jugada a Harold:

d4

Acompañada del mensaje:

«Creo que te dejaste vencer en la biblioteca.»

También insistió en que verificara cuidadosamente la publicación.

Harold sonrió con resignación.

Sabía que el error cometido semanas atrás seguiría persiguiéndolo durante mucho tiempo.

***

A la mañana siguiente James volvió a reunirse con Harold.

—¿Descubrimos algo nuevo sobre las llamadas o las publicaciones?

Harold negó con la cabeza.

—Bueno, en realidad sí...

pero no sirve de mucho.

Las publicaciones se realizan electrónicamente desde teléfonos celulares adquiridos en distintas ciudades.

Una vez utilizados...

son destruidos.

Las tarjetas de prepago tampoco vuelven a registrar movimientos.

Todo está diseñado para desaparecer.

James golpeó suavemente el escritorio.

—Necesito algo más, Harold.

Lo que sea.

Harold consultó otra carpeta.

—Del asesinato de Akeem Rizik sabemos que tres días antes sostuvo una reunión con un agente de ventas.

Recorrieron juntos la obra.

Después regresaron.

Y nunca volvió a verse a ese hombre.

James reaccionó de inmediato.

—¿Tenemos imágenes?

—No.

»Solo había vigilancia privada.

»Nadie sabe quién era.

»Ni siquiera para qué empresa trabajaba.

James guardó silencio unos segundos.

Después preguntó:

—¿Y la pieza de ajedrez?

Harold respondió:

—Igual que la de Marla.

»Aspecto de madera.

»Fabricada con mezcla de cemento ligero.

»Lo impresionante es la precisión.

»Entró exactamente por el centro de la frente sin romperse.

James levantó lentamente la vista.

—Eso exige conocer muy bien los materiales.

Harold asintió.

—Constructores.

»Fabricantes.

»Y agentes de ventas especializados.

James desplegó nuevamente su plantilla.

Señaló una tras otra las ciudades relacionadas con la investigación.

—Empieza por las empresas distribuidoras de materiales de construcción en Bismarck.

»Después compáralas con Boston, Connecticut, Annapolis, Washington y Olympia.

Mientras hablaba formulaba preguntas…

que obligaban a sus interlocutores a reflexionar.

Era una técnica que llevaba años utilizando.

Y que, en más de una ocasión, había permitido descubrir respuestas que nadie había considerado.