Veintitrés Capítulo 21
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Capítulo 21

El cartel destacaba los beneficios del juego para el desarrollo mental, además de la trayectoria profesional de su fundador.

Marcó el número casi por instinto.

Para su sorpresa respondieron de inmediato.

—Buenas noches.

¿En qué puedo servirle?

La voz era grave y cordial.

—Busco al profesor Boris Dubov.

—Soy yo.

»Dígame.

»¿En qué puedo ayudarlo?

—Habla el detective James Miller, de la Policía de Bismarck.

»Necesito consultarle un asunto relacionado con el ajedrez.

»¿Podría recibirme esta misma noche?

—Por supuesto.

Minutos después Dubov le envió la ubicación.

Acordaron encontrarse a las 21:00 horas.

***

James llegó cinco minutos antes.

La vivienda se encontraba en una tranquila zona residencial de clase media.

Junto a la casa había un salón independiente que, desde el exterior, parecía una pequeña academia.

James caminó hacia la puerta principal.

Antes de tocar el timbre escuchó una voz.

—Buenas noches.

»Por aquí, por favor.

Siguió la indicación.

Al entrar observó al profesor.

—Bienvenido.

»Soy Boris Dubov.

»Pasemos al salón.

»Lo escucho.

El lugar estaba perfectamente organizado.

Había doce mesas de ajedrez distribuidas simétricamente.

Cuatro pizarrones, uno en cada pared.

Una pantalla de proyección.

Material didáctico perfectamente ordenado.

Y varios pósteres de campeones mundiales de distintas épocas.

Todo transmitía orden.

Disciplina.

Experiencia.

James tomó asiento.

Sacó el tablero magnético y el registro completo de las jugadas.

—Estoy investigando un caso donde cada movimiento de una partida de ajedrez determina la vida o la muerte de una persona.

Después explicó una a una las reglas adicionales impuestas por el Albañil.

Dubov permaneció completamente callado.

Escuchó.

Observó el tablero.

Analizó cada jugada.

Durante varios minutos no pronunció una sola palabra.

Finalmente levantó la vista.

—Sé quién es usted, detective.

»Seguí el campeonato de Bismarck.

»Permítame felicitarlo por aquella victoria.

James sonrió ligeramente.

—Precisamente esa victoria desencadenó todo esto.

Dubov volvió a mirar el tablero.

—Su adversario domina el espacio.

»Ha desarrollado la mayoría de sus piezas.

»Usted, en cambio, conserva una estructura mucho más sólida, pero aún tiene varias piezas sin desarrollar.

James asintió.

—Exactamente.

»Necesito recuperar la iniciativa.

»Pero aquí no puedo sacrificar material.

»Cada pieza representa una vida.

»Eso cambia por completo la forma de jugar.

Dubov sonrió.

—Me alegra que lo tenga tan claro.

Guardó unos segundos de silencio antes de continuar.

—Entonces...

»¿en qué cree que puedo ayudarlo?

James respondió sin vacilar.

—Quiero conocer su opinión.

»¿Cómo cree que evolucionará esta partida?

Dubov no respondió de inmediato.

En lugar de ello formuló otra pregunta.

—Antes dígame algo.

»¿Por qué decidió venir conmigo?

»Hoy existen módulos de análisis capaces de calcular millones de posiciones.

»Y usted es un excelente jugador.

James respondió con absoluta sinceridad.

—Lo investigué.

»Sé que nació en Rusia.

»Que es Gran Maestro FIDE.

»Y que colaboró como asesor de la Policía de Chicago gracias a su maestría en Ciencias Políticas.

»Creo que alguien con ese perfil puede comprender mejor este caso.

Dubov sonrió.

—Veo que hizo la tarea.

»Es cierto.

»Nací en Rusia.

»Pero vivo en Norteamérica desde los dos años.

»Mi padre me enseñó ajedrez siguiendo la escuela rusa.

Después volvió a mirar el tablero.

Permaneció varios segundos observando la posición.

Finalmente habló.

—Mi consejo sería buscar las tablas.

James levantó la vista sorprendido.

Dubov continuó.

—Normalmente unas tablas representan un resultado discreto.

»Aquí podrían significar salvar vidas.

Mi padre solía decir algo que nunca olvidé.

"Ganar también consiste en no perder."

James permaneció en silencio.

Si conseguía unas tablas...

el Albañil quizá abandonaría la partida.

Quizá iniciaría otra.

O quizá desaparecería para siempre.

Ninguna de esas posibilidades le garantizaba justicia para las víctimas.

Pero todas ofrecían algo muy valioso.

Tiempo.

Finalmente guardó el tablero.

—Gracias, profesor.

»Me gustaría seguir consultándolo.

»Si usted está de acuerdo.

Dubov sonrió.

—Acepto.

»Pero con una condición.

James lo observó sorprendido.

Por un instante creyó que hablarían de honorarios.

Dubov soltó una pequeña risa.

—La próxima vez deberá participar en uno de los torneos internos de la academia.

James sonrió.

—Acepto el reto.

Ambos estrecharon la mano.

Sin saberlo...

acababan de iniciar una colaboración que terminaría siendo mucho más importante de lo que cualquiera de los dos imaginaba.

***

Cuando James se marchó, Dubov volvió a sentarse frente al tablero.

Reescribió cuidadosamente las reglas especiales de aquella partida en el reverso del registro de movimientos.

Después comenzó a analizar nuevamente la posición.

Durante toda su carrera había sido conocido por un estilo creativo.

Nunca buscaba la jugada más evidente.

Prefería descubrir el plan estratégico oculto detrás de la posición.

Desde hacía dos años era viudo.

Su esposa había fallecido a los setenta y seis años mientras dormía.

Simplemente...

había llegado el final de su tiempo.

Tuvieron dos hijos.

Calvin y Marie.

Ninguno heredó la pasión por el ajedrez.

Aun así, ambos lo visitaban con frecuencia.

La academia ya no era únicamente un lugar para enseñar.

Se había convertido en la forma de mantenerse intelectualmente activo.

Y de seguir compartiendo la disciplina que había acompañado toda su vida.