Capítulo 18
James llegó a la escena del crimen, donde Harold lo esperaba visiblemente alterado.
El ambiente permanecía en un silencio inquietante.
Incluso antes de cruzar el perímetro comprendió que el Albañil había vuelto a demostrar el alcance de su plan.
—¿Qué tenemos hasta ahora? —preguntó James sin apartar la vista de la vivienda.
Harold respondió de inmediato.
—Akeem, como ya sabes, fue tu rival en la final del campeonato de ajedrez. Era el gerente de esta obra. Llevaba más de quince años trabajando para la empresa y, según todos sus colaboradores, era extremadamente organizado y predecible debido a sus hábitos.
Hizo una breve pausa.
—No tenemos cámaras ni testigos que hayan visto a alguien extraño.
Harold entregó a James una bolsa de evidencia.
Dentro se encontraba la nota, protegida con plástico y seguramente libre de huellas.
El mensaje decía:
«Este es el precio por permitir que un policía nos humille.»
«cxd5»
De manera casi inconsciente, James volvió a fijarse en los tres puntos colocados en la esquina superior izquierda.
Las palabras del Albañil comenzaron a repetirse en su mente.
«Este es el precio por permitir que un policía nos humille.»
Ya no era únicamente el asesinato lo que le preocupaba.
Era el "nos".
¿Con quién hablaba el Albañil cuando escribía aquellas notas?
***
A la mañana siguiente, a las 07:30 horas, James desplegó nuevamente la plantilla junto al tablero magnético.
Necesitaba encontrar una grieta en la lógica del Albañil antes de que apareciera otra víctima.
La columna "e" acababa de abrirse.
Por primera vez disponía de una oportunidad real para presionar al rey enemigo y recuperar la iniciativa.
—Harold...
»Publica:
De2+
»Y añade el mensaje:
«Jaque.
»¿Y si te gano... qué pasará?»
»Quiero descubrir cómo responde.
»Cuando alguien desafía directamente sus convicciones.
***
Paul Mophy permaneció encerrado en la habitación durante todo el sábado.
No revisó el tablero.
No llamó a nadie.
Apenas salió para comer.
Necesitaba decidir si el riesgo de permanecer en Springfield era mayor que el de abandonar la ciudad.
Hasta ese momento siempre había creído controlar todas las variables de la partida.
Sin embargo, el torneo había demostrado algo inquietante.
Había estado peligrosamente cerca de James.
Más cerca de lo que jamás imaginó.
Finalmente tomó una decisión.
El domingo, muy temprano, viajaría por carretera hasta Washington en un automóvil alquilado.
No utilizaría aviones, autobuses ni estaciones ferroviarias.
No quería dejar un registro que pudiera facilitar su localización.
Mientras preparaba el equipaje apoyó la mano sobre el tablero magnético.
Permaneció varios minutos inmóvil.
Aceptó una posibilidad que hasta entonces consideraba imposible.
También él...
podía cometer errores.