Capítulo 14
Bruno López llevaba doce años resolviendo casos difíciles en Boston.
Había participado en la resolución de casos de gran relevancia.
Era meticuloso en extremo y de una persistencia extraordinaria.
Decidió viajar a Springfield.
21 de marzo
13:30 horas
Al llegar al Parque Washington, no pensó en comer ni en descansar.
Su única prioridad consistía en comprobar si la intuición de James acerca de los gansos canadienses podía convertirse en una pista real.
El calor era intenso.
A López aquello le resultaba completamente indiferente.
Comenzó a recorrer lentamente la periferia del parque hasta localizar un grupo de gansos canadienses.
Caminó alrededor del lago buscando cámaras de seguridad.
Solo encontró una.
Estaba demasiado lejos para obtener una imagen útil del rostro de cualquier persona.
Una vez comprobado que no existían otras cámaras cercanas, sacó una botella de agua.
Estaba vacía.
Caminó hasta una pequeña farmacia ubicada frente al parque.
Compró otra botella y, mientras bebía, volvió a observar el lago desde la ventana.
Una mujer de edad avanzada se colocó junto a él.
—Son hermosos, ¿verdad? —preguntó.
López sonrió.
—Sí... realmente lo son.
La mujer continuó observando a las aves.
—Llegan todos los años. Cantan cuando llegan... y también cuando se marchan.
—Eso he escuchado.
Aún no lo sabía.
Pero aquella conversación aparentemente trivial cambiaría el rumbo de toda la investigación.
—Que tenga un excelente día.
—Igualmente.
López regresó al lago.
Solicitó las grabaciones de la cámara correspondientes al día y la hora indicados por James.
Después de revisar varios minutos de video apareció un hombre cuya silueta coincidía, de forma general, con la descripción del Albañil.
Se encontraba hablando por teléfono.
Justo antes de abandonar el encuadre apareció una mujer con la misma apariencia de quien López acababa de conversar en la farmacia.
Ambos se alejaron caminando juntos.
López regresó inmediatamente a la farmacia para pedir información sobre ella.
La respuesta fue inmediata.
—Lo siento, señor. Esa información es confidencial.
López comprendió que necesitaría una orden judicial.
Llamó a Boston para iniciar el trámite.
Sabía perfectamente que "urgente" significaba, como mínimo, un par de días.
Después llamó a James para compartir el nuevo hallazgo.
—Nos estamos acercando James.
James permaneció unos segundos en silencio.
—Sí.
»Y justamente ahora debemos movernos con mucho más cuidado.
»No podemos permitir que el Albañil descubra que empezamos a seguir su rastro.
Acordaron que López permaneciera algunos días más en Springfield.
James estaba a punto de salir a comer cuando Harold apareció.
—James... tu amigo vuelve a llamar.
James esperó unos segundos antes de descolgar.
—James Miller.
—Hola, policía —saludó Mophy con absoluta tranquilidad—. Empiezo a pensar que disfrutas esta partida tanto como yo.
Mientras hablaban, Harold inició el rastreo de la llamada.
James respondió con seguridad.
—Creo que nos conoceremos muy pronto.
Mophy soltó una leve risa.
—Lo dudo.
»Y menos jugando con tanta prisa.
James comprendía perfectamente que el Albañil intentaba sacarlo de concentración.
Estaba a punto de responder cuando Mophy continuó.
—Lo siento... debo irme.
»Espero que no termines arrepintiéndote de tu próxima jugada.
La llamada terminó.
James levantó inmediatamente la vista.
—¿Qué tienes?
Harold respondió resignado.
—Annapolis...
Maryland.
Nada más.
James golpeó suavemente el escritorio.
Sacó el tablero magnético.
Actualizó la posición.
«Me toca jugar... y justo ahora llama desde Annapolis.»
Permaneció observando las piezas durante varios minutos.
Cada vez estaba más convencido de que existía una relación entre las llamadas, las ciudades y las jugadas.
Solo que todavía era incapaz de verla completa.
«¿Por qué llama precisamente ahora?»
Pensó unos segundos.
«Si intenta distraerme, entonces la captura del peón forma parte de su plan.»
***
Durante el fin de semana López continuó vigilando discretamente el Parque Washington.
Vestía ropa deportiva, gorra y lentes oscuros.
Intentaba pasar inadvertido.
Sin éxito.
Después de varias horas caminó nuevamente por el mercado.
Pasó una y otra vez frente a la farmacia.
No encontró a la mujer.
Cerca de las 15:00 horas recibió la respuesta de Boston.
La orden judicial había sido rechazada.
Maldijo en voz alta.
Varias personas voltearon a verlo.
Respiró profundamente y recuperó la calma.
Mientras regresaba al hotel tuvo una idea.
Llamó inmediatamente a James.
—¿Qué tienes, López?
López explicó lo ocurrido y propuso organizar un torneo local de ajedrez para atraer al Albañil.
James reflexionó unos segundos.
—No.
»No organizaremos un torneo nuevo.
»Aprovecharemos uno que ya exista.
»Si improvisamos una trampa, el Albañil la detectará inmediatamente.
James colgó.
Continuó colocando la nueva cama de Rufus.
El perro permanecía sentado observando cada movimiento.
—Espero que esta dure bastante más que la anterior, amigo.
Empiezo a creer que tienes un talento para destruir camas.
En ese momento apareció Sofía.
—¿Ya terminaron de jugar los niños?
James sonrió.
—Sí.
»Intenté cansarlo para que esta cama sobreviva un poco más.
Tomó un largo trago de cerveza.
Sofía se sentó a su lado.
—Acabo de hablar con Greta.
»Jamal ya está mucho mejor.
»El lunes vuelve a trabajar.
—Es una excelente noticia.
Sofía lo observó con una sonrisa.
—Entonces...
»¿Ya resolviste todas tus dudas sobre Jamal, señor Miller?
James no pudo evitar reír.
—Sí, señora Miller.
»Caso cerrado.
Le dio un beso en la mejilla.
—Perfecto.
»Ahora date un baño y llévame a tomar un café al centro.
A James le pareció una magnífica idea.
Necesitaba dejar de pensar, aunque fuera un momento, en el Albañil.
Al llegar al Café Demetrio's fueron directamente a la terraza.
Era su lugar favorito.
Desde allí observaban pasar a la gente mientras el aroma de los lirios, las rosas y los girasoles se mezclaba con el del café recién preparado.
La temperatura era perfecta.
Durante varios minutos ninguno dijo una sola palabra.
Simplemente disfrutaron el momento.
Finalmente James preguntó por el viaje.
Sofía respondió que Greta se veía feliz, tranquila y completamente enamorada.
James respiró profundamente.
—Me alegra mucho.
»Jamal me parece un gran hombre.
»Y, si hace feliz a nuestra hija, entonces yo también estoy feliz.
Después cerró los ojos para disfrutar el aroma del café.
Sofía comenzó a hablarle de una nueva partitura que estaba escribiendo para una obra de teatro escolar.
—Debe comenzar alegre.
»Después generar suspenso.
»Tener un momento romántico...
»y terminar nuevamente con alegría.
James abrió mucho los ojos.
Aquello le parecía increíblemente complejo.
—Nunca dejarás de sorprenderme.
»¿Cómo logras escribir emociones?
Sofía sonrió.
Cerró los ojos unos segundos.
—Primero las siento.
»Después... simplemente las escribo.
Pidieron un segundo café.
Conversaron hasta que el atardecer se convirtió en noche.
Al día siguiente, como todos los domingos, James pasó por la Tribuna de Bismarck.
La nueva jugada era:
c6
Exactamente la que esperaba.
Sin perder tiempo llamó a Harold.
—Publica inmediatamente:
Ac4.