Capítulo 6
El sábado por la mañana, James y Sofía desayunaban con tranquilidad cuando Rufus comenzó a ladrar con insistencia.
James se asomó por la ventana y vio un Ford Focus azul acercándose lentamente. Algo en su instinto le hizo incorporarse incluso antes de reconocer a Greta al volante y a un acompañante.
James y Sofía salieron a recibirlos.
Greta, entre contenta y nerviosa, bajó rápidamente del automóvil y los saludó con abrazos y besos.
Segundos después descendió del lado del conductor un hombre de poco más de treinta años.
En ese momento, Greta tomó a James de la mano y dijo:
—Quiero presentarte a un amigo muy especial. Se llama Jamal.
James lo saludó con cortesía y lo invitó a pasar.
Jamal saludó a Sofía con cierta familiaridad, detalle que James notó de inmediato.
Mientras caminaban hacia la casa, Rufus olfateaba a Jamal.
Greta observaba fijamente la expresión de James.
Sin embargo, este se mantenía cordial y educado con Jamal.
Sofía también trataba de percibir alguna reacción adicional.
Sin éxito.
Ya dentro de la casa, Greta comentó que Jamal era profesor de Matemáticas en Nueva Orleans y un gran aficionado al ajedrez.
Nuevamente, ni Greta ni Sofía consiguieron descubrir emoción alguna en James.
Finalmente dijo:
—Excelente. Muy pronto podremos organizar un torneo en casa.
Jamal tomó la palabra.
—Estoy muy feliz de conocerlos. Será un gusto participar en ese torneo de ajedrez.
Después de un par de horas de conversación, James se acercó discretamente a Sofía.
—Dime, ¿qué opinas?
Sofía sonrió.
—Me parece muy guapo.
—No me refiero a eso.
La expresión de James seguía siendo completamente seria.
Sofía soltó una risa.
—Lo sé. Me parece educado e inteligente. Entiendo perfectamente por qué le gusta a Greta.
James permaneció pensativo.
—¿Sabes si es estadounidense o extranjero?
—Es estadounidense. Sus padres son árabes, pero él nació en Boston.
James permaneció inmóvil.
Y el pulso se aceleró.
No era suficiente, pero tampoco podía ignorarlo.
Durante un instante, todas las piezas del caso parecieron acomodarse de golpe.
No dijo nada.
Respiró profundamente antes de acercarse a Greta.
Un detective impulsivo podía cometer errores.
Y un padre también.
—¡Greta! —llamó James con cierta exaltación.
—¿Qué pasa, papá?
—Ven un momento, por favor.
James la rodeó con un brazo por los hombros y caminaron algunos metros alejándose del resto.
Necesitaba calmarse antes de hacer las preguntas.
—Dime una cosa. ¿Jamal vive permanentemente en Nueva Orleans o viaja con frecuencia?
—Bueno... a veces viaja a otras sedes por temas de investigación. ¿Por qué?
La voz de Greta comenzaba a reflejar nerviosismo.
—Otra cosa. El fin de semana pasado... ¿estuviste con Jamal?
Greta frunció el ceño.
—¿Por qué me preguntas eso?
—Solo contéstame, por favor. ¿Estuvieron juntos sábado y domingo?
—Sí, papá. Todo el fin de semana.
James respiró aliviado.
—Discúlpame, hija. Por un momento dejé que hablara el detective antes que el padre.
—Pero... ¿qué tiene que ver Jamal con todo esto?
—Absolutamente nada. Fue un error mío.
Con intención de suavizar el momento, James regresó caminando junto a Greta.
—¿Qué les parece si tomamos unas cervezas? El día está perfecto.
En ese momento Sofía se acercó.
—¿Todo bien?
—Sí. Tuve una idea un poco loca y necesitaba la opinión de Greta. No tiene mayor importancia. Vamos por esas cervezas.
James sabía que la jugada del Albañil debería estar publicada ese día, pero decidió no verla hasta la noche «no había piezas amenazadas en ese momento».
Abrió el periódico en la sección de clasificados.
Ahí estaba.
La nueva jugada era:
g5
El mensaje decía:
«Ya has visto lo poderoso que puede ser un peón. Ten cuidado o perderás una pieza».
James sacó el tablero magnético del bolsillo y actualizó la posición.
El tablero se había convertido en una parte de él.
Permaneció unos minutos observando la posición, finalmente pensó:
—Bien... De momento no amenaza ninguna pieza. Debo concentrarme en descubrir su patrón para anticipar sus movimientos.
En ese instante sonó el teléfono.
Era Harold.
—James, finalmente investigué lo de las piezas de concreto. No existe un lugar específico que las fabrique. Generalmente las hacían trabajadores de la construcción utilizando restos de concreto y moldes de madera. No hay un origen específico que podamos identificar.
James sonrió ligeramente.
—Gracias, Harold. Con esta información el perfil del asesino comienza a tomar forma. Gracias. Mañana nos vemos en la oficina.
Colgó.
La tarde del domingo al igual que el sábado seguía siendo cálida.
Greta y Jamal se despedían para dirigirse al aeropuerto.
Todos, incluido Rufus, rodeaban el Ford Focus rentado.
En cuanto el automóvil desapareció al final de la calle, Sofía rompió el silencio.
—Muy bien... ahora sí. ¿Me puedes explicar qué pasó ayer?
James conocía demasiado bien a Sofía.
Sabía que no preguntaba por curiosidad.
Observaba.
Escuchaba.
Y unía las piezas igual que él.
—¿Recuerdas mi viaje a Boston?
—Sí.
—Ese caso surgió a raíz del campeonato de ajedrez. Un loco se sintió ofendido por el comentario de Harold y decidió retarme a jugar una partida. Al principio decidimos no responder... y mató a una joven en Boston.
Sofía palideció.
—¿Cómo saben que fue esa misma persona?
James exhaló lentamente.
—Porque él mismo nos lo demostró. Me envió un tablero de ajedrez. En él aparecía escrita la palabra "Albañil" en árabe y "Policía" en español. Además... ahogó a la víctima con un peón de ajedrez.
Sofía permaneció unos segundos en silencio.
—¿Y qué tiene que ver todo eso con tu reacción de ayer?
James eligió cuidadosamente sus palabras.
—La descripción física del sospechoso coincidía bastante con Jamal.
Sé que puede haber miles de personas con características similares, pero necesitaba descartarlo de inmediato.
Este asesino está haciendo que todo sea personal.
Quiere obligarme a jugar y hacerme responsable de cada muerte.
Con personas así no puedes darte el lujo de perder tiempo.
James miró el cielo.
—Entremos. Ya empieza a refrescar.
Lanzó un silbido.
Rufus llegó corriendo.
Lo acarició mientras entraban en la casa.
Durante la cena, James notó esa expresión que conocía perfectamente.
Sofía estaba pensando.
—Dilo de una vez —comentó sonriendo—. O esta noche va a ser muy larga.
Sofía tomó un sorbo de vino.
—Si este criminal te envía jugadas y pistas... es una persona extremadamente arrogante. Se siente muy superior.
James asintió.
—Exactamente. Necesito comprender su patrón. Pero todavía tenemos muy poca información. Por ahora solo puedo seguir jugando... a la defensiva... para evitar más asesinatos.
Después sonrió ligeramente.
—Olvidemos esto por hoy. Mejor dime una cosa...
¿Desde cuándo sabes de Jamal?
Sofía sonrió.
—Desde hace algunas semanas. Greta está muy ilusionada con él. Me lo presentó por videollamada. Aunque le lleva varios años de diferencia, parece muy atento y respetuoso con la familia. Tu hija ha tenido otros novios, pero, al parecer, le gustan mayores.
James respiró lentamente.
Jamal le había causado una buena impresión.
Pero el momento no podía haber sido peor.
Por primera vez desde que comenzó la partida con el Albañil, comprendió que su vida personal empezaba a mezclarse peligrosamente con la investigación.