Capítulo 5
Tres días después del asesinato de Marla Pendleton, Mophy cumplía su rutina matinal: ocho kilómetros de trote a ritmo constante antes de tomar un vuelo hacia su siguiente destino. La disciplina era uno de los pocos aspectos de su vida que nunca dejaba al azar.
De camino se detuvo en un parque y sacó su celular, como si hubiera tenido un presentimiento. Acababa de publicarse la versión electrónica de la Tribuna de Bismarck. Leyó lo siguiente:
Mophy pensó:
«Creo que te asustaste, James, y juegas con precaución. No está mal. Vamos a hacer crecer tu miedo».
La excitación que sentía al percibir que tenía la atención y la preocupación del cuerpo de policía, por no saber qué pasaría después, lo llenaba de energía.
Configuró una alerta para recibir notificaciones de las nuevas ediciones digitales de la Tribuna de Bismarck.
Regresó a paso veloz a su cuarto de hotel y preparó lo que enviaría a James en los próximos días.
Después dijo en voz alta:
—Papá, voy a humillar a estos policías como lo hicieron con nosotros.
Nadie respondió.
Mophy permanecía erguido y orgulloso. No esperaba respuesta a sus palabras; aquello era una afirmación, un anuncio de lo que estaba por suceder.
James permanecía inmóvil frente a la ventana junto a su escritorio. Las aves que cruzaban el cielo dibujaban figuras cambiantes, pero su atención estaba lejos de ellas. El sonido del teléfono rompió el silencio justo cuando empezaba a preguntarse qué movimiento prepararía ahora el Albañil.
—Detective Miller —respondió.
—Hola, James. Soy López. Tengo información de las cámaras de video.
Se confirma un sospechoso masculino. Pudimos ver que Marla estuvo hablando con un hombre en el parque.
No se aprecia su rostro, pero tiene entre treinta y cuarenta años aproximadamente, complexión atlética, piel morena y alrededor de 1.
80 metros de estatura. Aunque pudiera ser una mujer, sus ademanes y su forma de caminar corresponden claramente a un hombre.
No podemos determinar si Marla ya conocía a este sujeto o si se vieron por primera vez, ya que el trato fue muy cordial y ella estuvo sonriendo todo el tiempo.
Hizo una breve pausa antes de continuar.
—Revisando las cámaras de las calles aledañas al domicilio de Marla se aprecia al mismo sujeto, o a alguien muy parecido, con la misma ropa deportiva y los mismos tenis, lo que podría explicar la tierra encontrada sobre la cama.
Creo que en el parque acordaron verse y por eso Marla le abrió la puerta cuando él llegó al departamento.
López concluyó:
—Este tipo es metódico. No creo en las casualidades: cámaras fuera de servicio, ángulos muertos y ningún rostro identificable. Alguien planificó cada detalle.
—Gracias, López. Con esta información podremos ampliar la búsqueda.
James entró a la oficina de Lucas.
—He ordenado revisar todas las salidas del aeropuerto de Bismarck con destino a Boston y comparar las grabaciones con la descripción del sospechoso. Si cometió un error, debe aparecer en algún punto.
Lucas permaneció pensativo unos segundos.
—Este tipo no es un aficionado ni un loco cualquiera. En Boston tenía todo preparado para impedir que pudiéramos identificarlo y, al mismo tiempo, dejó muy claro que era él. Además, de alguna forma nos está vigilando.
Se sentó detrás de su escritorio y añadió:
—Hay que atraerlo. Debemos tomar la iniciativa. Hacer que se muestre, que se equivoque o que pase por alto algún detalle. ¿Me dices que ya tenemos información sobre su aspecto? Entonces crea una distracción para obligarlo a acercarse y poder identificarlo plenamente.
—López sugirió exactamente lo mismo. Lo he pensado, pero todavía no tengo clara la estrategia. Tiene que ser algo que rete su intelecto; de lo contrario, podría jugar a su favor.
James salió de la oficina de Lucas.
Mientras caminaba recordó el peón encontrado en la garganta de Marla.
De inmediato llamó nuevamente a López para preguntarle si ya habían examinado la pieza.
—Justamente acaban de entregarnos el resultado —respondió López—. El peón, que a simple vista parecía de madera, en realidad está hecho de concreto ligero y pintado para simular ese material. No tiene huellas ni marcas de fabricación. Todo indica que fue elaborado artesanalmente.
James tomó nota y se despidió.
Se acercó a Harold.
—Investiga dónde o quién fabrica piezas de ajedrez de concreto ligero en todo el país.
Harold levantó la vista con incredulidad.
—¿Cómo vamos a averiguar algo así?
James respondió con una mirada severa.
—Usa el cerebro. ¿De verdad crees que vas a encontrar muchas opciones?
Harold sonrió ligeramente.
—Claro que no. Deben ser muy pocas.
—Entonces date prisa.
Aunque no lo dijera, James seguía irritado con Harold por el comentario que hizo durante el torneo de ajedrez. Sin embargo, también sabía que no era culpa suya que un demente hubiera decidido descargar su odio contra personas inocentes.
James abandonó el precinto sin despedirse. Nadie intentó detenerlo. El silencio que dejó tras de sí decía mucho más que el regaño a Harold.
Decidió ir a casa para concentrarse mejor. Sentía que en la oficina ya no conseguía ordenar sus ideas.
Como era de esperarse, Rufus salió a recibirlo. Rufus conseguía arrancarle una sonrisa incluso en los peores días, sin importar cuántas veces se repitiera. El perro celebraba cada llegada como si hubiera pasado una eternidad sin verlo.
James decidió ducharse.
Sofía no se encontraba en casa.
«Seguramente fue a su sesión de lectura con sus amigas», pensó.
Después de la ducha se sentó en su escritorio, un espacio que había acondicionado para trabajar y estudiar ajedrez. Todo era minimalista: solo lo indispensable. Cada objeto tenía un lugar perfectamente definido. No había distracciones.
Comenzó a enlazar mentalmente todas las pistas como si armara un rompecabezas.
«¿Qué tiene que ver Boston con un peón?».
Pensó… en inglés.
«Pawn».
Después en francés.
«Pion».
Entonces recordó el texto grabado en el tablero.
Abrió el navegador y escribió:
«Eamil Binaa».
El resultado fue inmediato:
«Albañil» en árabe.
Después buscó la traducción de «peón» al árabe.
«Baidaq».
Aquello no le decía nada todavía.
Sin embargo, tenía la sensación de estar pasando por alto un detalle importante.
Repasó mentalmente todo lo que sabía.
Tenemos a un supuesto albañil de origen árabe.
El peón utilizado para asesinar a Marla estaba hecho de concreto, lo que refuerza la referencia al albañil.
Probablemente es una persona bien parecida, porque Marla le abrió la puerta con total confianza.
Estuvo frente a ella antes de matarla. Eso requiere un fuerte móvil de odio o resentimiento.
James tomó nota de sus conclusiones.
Por ese día decidió no continuar.
Necesitaba más información antes de seguir moviendo piezas.