Ups, he invocado a un demonio por error CAPÍTULO 25
83%

CAPÍTULO 25

Al día siguiente

—¡Me muero!

A mi lado oí un resoplido antes de que Rowan me respondiera:

—No exageres, anda. Nadie se muere por esto.

Entreabrí los ojos, la miré de reojo -más bien, intenté fulminarla con la mirada, pero seguro que hice una mueca más parecida a un bizqueo- y tuve que cerrarlos de nuevo, el mareo que sentía era demasiado intenso y, al abrirlos, notaba como el mundo giraba velozmente a mi alrededor.

—Te odio.

—Ya somos dos, chica. Gracias a ti, tendré que cambiar el colchón de la habitación de invitados, la alfombra nueva del baño y la del salón. ¡Vomitaste hasta en la encimera de la cocina! No me lo explico.

Ante las quejas de Rowan, abrí de nuevo los ojos y saqué fuerzas de la rabia que sentía.

—La culpa es tuya por envenenarme. Ese mejunje que me diste es veneno puro. La que no se explica cómo puedes estar tan bien, soy yo. ¿Por qué no estás para el arrastre, como me sucede a mí?

Rowan se encogió de hombros, antes de darle un sorbo al café bien cargado que había preparado en su cafetera italiana.

Al menos, el olor a café no me daba ganas de expulsar hasta mi primera papilla -además, ya no tenía nada en el estómago y me dolía de las veces que vomité-.

—Tal vez aguante más que tú, aunque… Ahora que lo pienso, la verdad es que nunca he tenido resaca.

—Volvió a encogerse de hombros, dio otro sorbo y continuó—.

Pero, si llego a saber que eso provocaría que, por tu culpa, me dejaré mi próximo sueldo en amueblar de nuevo la casa, te habría dado manzanilla para que ahogaras las penas por ese imbécil de demonio.

Gruñí y me contuve para no contestarle de malos modos.

Sé bien que ella no tenía culpa de no sufrir resaca.

Ni tampoco tenía culpa de que el alcohol de los elfos me hubiera sentado como una patada en el culo -bueno, más bien, como si un ácido me hubiera destrozado el estómago-, además de provocarme la peor migraña del siglo y un mareo intenso del que parecía que no me recuperaría nunca.

Sí, la culpa era suya por emborracharse; sí, la culpa era del demonio por romperle el corazón y sí...

—Putos elfos.

Rowan soltó una carcajada antes de dejar la taza vacía sobre la mesa de centro.

—Eso sí, saben hacer bebidas fuertes. Aunque, la próxima vez, te invitaré a manzanilla.

—Prefiero el chocolate, Rowan —le contesté mientras me tapaba hasta los ojos con la manta.

Estaba tumbada en el sofá del salón, frente a la mesita de madera y frente a ella, mi amiga, mi hermana, que ocupaba una de las sillas de la cocina.

No había más sitios donde sentarse, así que me cedió el sofá para que estuviera cómoda, y ella se conformó con una silla.

—Lo recordaré. Ahora descansa, Morgana, e intenta no moverte. No tengo presupuesto para cambiar de sofá —su voz sonó con sorna y preocupación.

—Je, je, je —exclamé irónica—, ¡qué graciosa eres! Ya haré un hechizo de limpieza para que no tengas que comprar nada.

La oí levantarse y acercarse hasta mí. Me tocó el cabello y abrí los ojos. Rowan me miraba con cariño y negó con la cabeza.

—Sabes bien que ese hechizo no quitará el olor.

—Exagerada.

Rowan se movió hasta la silla y la agarró. Seguro que iba a llevarla a la cocina.

—¡¿Y me lo dices tú?!, menos mal que ayer por la noche te impedí salir porque estabas dispuesta a conquistar el Infierno montada en mi aspiradora último modelo.

—Chasqueó la lengua con burla antes de irse del salón—.

Ni siquiera en una escoba, como antes, ¡en una aspiradora de pie! Vaya bruja estás hecha.

—Imbécil —murmuré, acurrucándome en el sofá. Los pasos de Rowan se alejaron y se internaron en otra habitación. Volvía a estar sola, sola con mis pensamientos, con mi dolor, con mi resaca del infierno... y hablando del Infierno. ¡Qué coño! Si tenía que culpar a alguien era a Astaroth.

Intentaría dormir algo y, tal vez, probaría suerte con uno de los elixires para la resaca, no hacían mucho, y sabían a huevo podrido, así que eran lo último que me apetecía tomar.

Quise llorar, quise vomitar, quise... aunque me quedé dormida, sintiéndome derrotada, angustiada, y... sin esperanza. ¿Creéis que soy exagerada? Tal vez, no lo sé. Pero no me encontraba bien, no entendía lo que había sucedido y el brebaje de los elfos me había rematado.