Ups, he invocado a un demonio por error CAPÍTULO 21
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CAPÍTULO 21

—¡Oh! —susurré al ver que los segundos pasaban, no sentía dolor y no había muerto.

Abrí los ojos y me quedé sin palabras. La habitación estaba medio quemada, había salpicaduras de sangre por todos lados y... ¿eso eran trozos de carne? Puaj, estuve a punto de vomitar, pero desvié la vista de ese charco de sangre y...

—¿Estás bien? ¡Mírame! —Astaroth se materializó frente a mí, asustándome. No me dejó ni hablar, me sujetaba con delicadeza la cara, moviéndomela de un lado a otro para comprobar mi estado—. Maldición, debí torturarla, ¡te ha quemado! ¡Desnúdate ahora mismo!

—¿Quieres follar en estos momentos? ¿En serio? —solté sin pensarlo; sí, aún seguía en shock , no me lo tengáis en cuenta. Casi había muerto dos veces o tres -ya perdí la cuenta- desde que conocí a ese demonio.

Astaroth me fulminó con la mirada y me respondió, con voz enronquecida:

—¡Quiero ver hasta dónde llegan tus quemaduras, maldita cabezota! Quítate la ropa, ya o te la arrancaré yo.

—Estoy bien, mi único problema eres tú. Esta es la segunda loca que me pide explicaciones de por qué estoy en tu vida. ¿Cuántas más tengo que conocer? ¿Cuántas veces más me encontraré al borde de la muerte por tu culpa? ¡Estoy harta!

Astaroth guardó silencio unos segundos, ya creía que iba a decirme que él no tenía culpa ninguna, pero me sorprendió al reconocer:

—Tienes razón, debo acabar con todas antes de que vengan a por ti.

No lo pensé. —Sus ojos se volvieron más rojos, más brillantes, reflejo de una promesa de muerte que...

me atemorizó. Menos mal que no me dirigía a mí esa mirada.

Ahí sí que mostraba que era un demonio, que era una criatura inmortal con un poder inmenso y aterrador.

—¡Estás loco! —susurré sin darme cuenta.

—Sí, loco por ti, loco desde que sentí cómo me invocabas.

Eres mía, mi compañera, mi todo, mi alma está atada a ti.

Estoy loco porque te deseo con una intensidad que me desgarra por dentro; estoy loco porque quiero encerrarte en una burbuja para protegerte del mundo; estoy loco porque no quiero compartirte con nadie; estoy loco porque quiero arrancarle los ojos a quien ose mirarte; estoy loco...

porque me perteneces y yo te pertenezco a ti; estoy loco, bruja, porque me hechizaste con tu mera presencia y no puedo controlar lo que siento por ti, y tampoco quiero.

Te deseo, maldita sea, y me estás volviendo loco.

Me agarró la mano y la colocó en su erección. Estaba duro como una piedra y era demasiado grande, ¡inmenso!

—¿Lo ves? Estoy así todo el maldito día por tu culpa.

Pero no, no quiero follar ahora contigo; quiero curar tus heridas, quiero protegerte, quiero castigarme por ponerte en riesgo y quiero acabar con todas las mujeres que se atrevan a atacarte.

No te lo repetiré dos veces, bruja: quítate la ropa, necesito comprobar el daño real de tus heridas.

No sabes lo que me estoy conteniendo por ti.

Sí, no era normal que me pusiera cachonda con esas palabras de loco, Astaroth era una red flag con piernas, pero las emociones a veces eran ciegas, sordas y alocadas. Y, en mi caso, eran todo eso y más.

Me excité. Mi cuerpo reaccionó a él, mi corazón latió desbocado y mi magia chisporroteó, rodeando la suya, como si le diera permiso para...

Asentí, era mejor calmarle, y, de paso, calmarme yo, pues no quería dejarme llevar por lo que sentía. El fuego resultaba tentador, pero una vez que te lanzabas a él, acababas consumida del todo y no había vuelta atrás.

¿Qué haríais vosotras en mi lugar?

Comencé a quitarme la ropa, aunque no del todo, solo mostrándole el pecho para que viera que sí estaba enrojecida pero no sufría quemaduras graves. Ignoré sus gruñidos, también que se removió en el sitio y que alzó las manos para acariciarme, quedando suspendidas en el aire.

No le miré, seguí con la vista clavada en el suelo mientras me daba la vuelta y levantaba la camiseta para que viera mi espalda. Iba a girarme para desabrochar los pantalones y mostrarle un poco los muslos cuando él se abalanzó sobre mí, aplastándome contra la pared.

—¿Qué haces? —pregunté con voz enronquecida.

Me estaba aplastando con suavidad contra la pared, su erección me rozaba entre mis muslos y sus manos comenzaron a acariciarme la espalda.

—Voy a follarte.

Su voz era grave, y su magia me envolvió caldeándome desde dentro, entrelazándose con mi núcleo mágico. Fue un asalto inesperado que me tomó desprevenida y que provocó que estuviera a punto de gemir y de caer de rodillas por la intensidad del placer que sentí.

La magia era parte de mí, de mi alma, de mi esencia y notar que la de Astaroth me abrazaba, me acariciaba, me quemaba... hizo que mi cuerpo reaccionara como si estuviera al borde del orgasmo. Esa sería la descripción perfecta de lo que estaba sintiendo.

—¡Acabas de decirme que no ibas a hacerlo, que solo querías comprobar si estaba herida…! ¡La habitación está salpicada de sangre y huele a quemada! Dijiste que...

—He cambiado de opinión, bruja; soy un demonio, he llegado a mi límite, y el olor a sangre y a quemado no me molesta.

Estamos en el Infierno, cielo. —Se agachó, depositó un beso en mi nuca que sí que hizo que gimiera y me revolviera, y, sin dejar de pasar sus manos por mi espalda, me susurró—.

Y, por tu aroma, sé que tú también estás excitada pero para que luego no me lo eches en cara...

—Chasqueó los dedos y una ráfaga de luz los envolvió y, cuando desapareció la habitación estaba limpia y olía a flores—.

¡Listo! Limpita, bruja, así que, no nos niegues lo que el destino tenía planeado para nosotros; no te niegues este enlace, mi Morgana, mi compañera, la única dueña de mi alma.

Sí, voy a devorarte hasta que grites mi nombre, voy a follarte hasta que tu cuerpo estalle y me aprietes con fuerza, voy a llenarte con mi semilla hasta que no quede ni un centímetro de tu cuerpo que no huela a mí.

Eres mía, Morgana, siempre lo has sido, pero no lo has sabido hasta ahora.

Eres mía porque el destino te creó para mí.

—¿Y tú? —pregunté mientras todo mi cuerpo temblar sin control. Estaba mojada, estremecida, no podía respirar, no podía moverme, solo quería...

—¿Yo? —Astaroth se echó hacia delante y movió su cadera para rozarme con más fuerza con su erección.

Podía sentirlo como si no hubiera ropa entre nosotros y era malditamente erótico, una tortura que no tenía fin—, vivo por ti.

Ahora comprendo que todos estos siglos de agonía solo fueron la larga espera para poder conocerte.

Soy tuyo, Morgana; desde mi primer aliento hasta el último, te pertenezco, aunque he tenido que vivir un infierno para conocerte.

Ahora, cielo —Volvió a besarme en el cuello y a mordisqueármelo antes de separarse—, voy a arrancarte esta ropa y a follarte.

Se acabaron las palabras, se acabaron las dudas.

Deseaba responderle, bueno... no... sí...

¡no lo sé! No era capaz de pensar con claridad.

Pero todo quedó olvidado cuando él me dio la vuelta y me besó de una manera que dejaba claro que la urgencia que sentía lo atormentaba.

No tuvo piedad, sus labios impactaron con los míos y su lengua avanzó en mi boca conquistándome, acallando mis gemidos y provocando que mi mundo se estremeciera y explotara a mi alrededor.

¡Un beso! ¿Qué sería de mí cuando Astaroth fuera más allá? Estaba... No, no podía hablar, solo quería sentir.