Ups, he invocado a un demonio por error CAPÍTULO 20
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CAPÍTULO 20

Tardé en el baño, realmente no sabía cuánto tiempo estuve allí, pero cuando salí Astaroth ya se había ido.

Suspiré aliviada al encontrarme sola. No podía hacerle frente en esos momentos, con las mejillas sonrosadas y los ojos inflamados pues, por mucha agua fría que me eché, esta no logró calmarlos.

Estaba agotada, física y mentalmente. No tenía ni ganas de acercarme a la ventana para averiguar qué se veía desde ella. Me hallaba en el Infierno... No todos los días te paseabas por ese Reino y aunque sentía algo de curiosidad, el cansancio hizo mella en mi cuerpo y me decidí por la cama.

Me lancé sobre el colchón y reboté, me acurruqué en un lado, dándole la espalda a los ventanales. Cerré los ojos y creí que no sería capaz de quedarme dormida.

Sin embargo, no tardé en hacerlo y sí, con ronquidos incluidos. Aunque al estar dormida, como no me entero, no... no existen.

***

—¡Despierta, humana!

Murmuré un insulto.

—¡Despierta de una puta vez!

Esta vez sí que me despertó esa irritante voz. Abrí los ojos de golpe y me incorporé hasta quedar sentada. Estaba un poco desorientada, me molestaba la luz que entraba por los cristales de la ventana y me costaba enfocar a quien me había despertado de esa manera.

—¿Quién eres? ¿Qué haces aquí?

La voz provenía de mi derecha, cerca de los ventanales. Miré hacia allí y me encontré a una mujer con cuernos, vestida de cuero, que me observaba como si me odiara.

No pude evitarlo. Me eché a reír. Era surrealista. ¿Otra ex de Astaroth que increpaba mi presencia? ¿En serio?

—¿Por qué te ríes, humana? ¡Responde a mis preguntas ahora mismo o te arrancaré la cabeza!

Dejé de reír al instante. De verdad, estaba ya cansada de recibir amenazas.

Necesitaba un arma o darle una patada en los huevos a Astaroth porque todo era culpa suya.

Pero ¿a cuántas exnovias había roto el corazón?

¿Tendría que poner un consultorio y cobrar por cada reclamación?

No sería un mal negocio, viendo el panorama que había.

—¿No sería más sensato que hablaras con Astaroth directamente? Es que no es normal que todas vengáis a pedirme explicaciones a mí. ¡No tengo nada que ver en esto!

La demonio se rio con fuerza y se burló, señalándome con un dedo.

—No me hagas reír, humana —«Pero si ya te estás riendo», pensé con sarcasmo—; has embrujado a Astaroth porque...

No escuché nada de su discurso. Era un bla, es culpa tuya; bla, pobre Astaroth; bla, bla...

Más de lo mismo. ¿Y dónde estaba el maldito demonio? Lejos, pululando tan feliz por el Infierno mientras a mí me abroncaba otra de sus exnovias. ¿En serio? En cuanto lo viera, le iba a llamar de todo.

Debió de ser evidente que no le estaba haciendo ni puto caso porque la demonio me lanzó una llamarada de fuego que, por suerte, pude esquivar. Eso sí, salté fuera de la cama y le grité:

—¡Estás loca! ¿Por qué me atacas? ¡Ve a buscar a Astaroth y pídele explicaciones a él! ¡Ya estoy cansada de todo esto!

—¿Ah, sí? Pues, ¡muere!

«Oh, oh», pensé al verla a punto de atacarme con todas sus fuerzas. «Maldito seas, Astaroth; si muero, mi fantasma te atormentará, ¡coño! Esto parece el Día de la Marmota, ¡otra vez más de lo mismo! Imbécil, todo es por culpa tuya».

Eso sí, si iba a morir no lo haría chillando ni pidiendo clemencia, sino que contratacaría. Forcé mi núcleo mágico y creé una barrera a mi alrededor, al tiempo que convocaba dagas de hielo para lanzarlas, y todo en cuestión de segundos mientras el fuego avanzaba hacia mí.

Pero como temía, mi magia no era suficiente para luchar contra una demonio y mis dagas fueron engullidas por el fuego. Iba a morir quemada.

Cerré los ojos y, en mi mente, chillé una y otra vez. No quería morir. No quería acabar así.