Ups, he invocado a un demonio por error CAPÍTULO 18
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CAPÍTULO 18

No podía contenerme, era incapaz de dejar de llorar, de chillar, de insultarle de todas las maneras posibles. Estaba muerta de miedo, tenía los nervios a flor de piel y un nivel de estrés que ni todo el yoga del mundo lograría calmarme.

—Tranquila, estamos a salvo.

Ahí, Astaroth la cagó. ¿Cómo se atrevía a decirme eso? Le golpeé en el pecho una y otra vez mientras le insultaba en todos los idiomas que conocía -bueno, soy un poco exagerada, tampoco conozco tantos idiomas-.

Estuve así unos segundos, minutos... no sé cuánto tiempo, aunque da igual, ya que ese imbécil me había asustado y se merecía toda mi rabia.

Eso sí, todo se detuvo cuando oí unas carcajadas. Miré hacia un lado y volví a encontrarme a ese extraño en pelotas, con las manos en las caderas y riéndose como loco, echando un poco hacia atrás su cabeza. No pude seguir mirando porque Astaroth me giró y me abrazó, cubriéndome con su cuerpo.

—No mires a ese desgraciado.

—¿Desgraciado? Si he sido yo quien ha curado tu culo herido. ¿Así me lo agradeces? —se burló el hombre, riéndose de nuevo; sus carcajadas resonaban en aquel extraño lugar.

—¡Vístete, coño! No quiero que te muestres así ante mi compañera.

Iba a intervenir para recordarle que no era su compañera, que realmente lo que los unía era un hechizo desastroso de San Valentín, pero no tuve oportunidad porque me quedé sin palabras cuando oí:

—¿Compañera? ¿En serio? ¿Mi general ha conseguido una compañera? —Otra vez volvió a reírse; de verdad, además de ser un exhibicionista estaba mal de la cabeza—. ¿Te estás quedando conmigo?

Pude notar que el corazón de Astaroth latía con fuerza, retumbando de manera alocada en su pecho, podía notar su calor, podía notar cómo había recuperado su fuerza, podía notar su magia rozar la mía, envolverme, y asegurarse de que me encontraba bien.

No era la única que estaba alterada, eso era evidente.

—No, “jefe” —aquella palabra la soltó con un deje de sarcasmo—; nunca me quedaría contigo, de ninguna manera.

Esta bruja es mi compañera. —Me apartó un poco y me miró a los ojos con una emoción que me dejó sin aliento.

¿Cómo narices se atrevía a mirarme así? Maldito embaucador sexy que era capaz de alterar mi alma y mi magia con una sola mirada—.

Compañera, ese imbécil de ahí, y no, no hace falta que te gires —me aseguró, interponiéndose entre aquel hombre y yo para que no fuera capaz de observarlo—, es mi jefe.

—Se oyó un fuerte carraspeo, al que Astaroth correspondió con un hondo suspiro antes de continuar—.

Sí, es mi jefe y quien lleva la voz cantante en este lugar.

—Se giró para mirar al otro hombre antes de decir—: ¿Contento con esta presentación oficial de mi compañera?

Ahora, si no te importa, jefe, ponte algo de ropa; da repelús verte con esa cosita colgando por...

—¿Cosita? Quieres ver cuál de los dos la tiene más...

No quise oír nada más, me daba igual esa lucha de egos sobre quién la tenía más grande, más gorda o más larga. ¡Eso daba igual! Si lo que Astaroth me había dicho era verdad...

Ese maldito loco en pelotas era... era...

—¡Lucifer! —susurré sin ser consciente de ello, deteniendo esa batalla de “gallos”.

Percibí la mirada de ambos demonios, sintiendo el poder que irradiaban esos dos, intentando asimilar que me encontraba en el Infierno y, entonces... me desmayé. Sí, eso fue lo mejor, dejarme mecer por la oscuridad y sucumbir a los nervios que llevaban horas atacándome sin piedad.

¿Cómo reaccionaríais vosotras si os encontrarais ante el Rey del Infierno y uno de sus generales?

Os recomiendo que os desmayéis, así no os enterareis de nada. Es lo que hice yo.