Ups, he invocado a un demonio por error CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

De nuevo, noté un intenso mareo por el que estuve a punto de vomitar hasta la primera papilla.

Cuando aquello se detuvo y volví a sentir que había un suelo bajo nuestros pies abrí los ojos y…

acabé con la boca abierta. Al fin y al cabo, no todos los días te encuentras en medio de una orgía en la que hombres y mujeres lo estaban dando todo...

en busca de placer. Ya me entendéis, ¿no?

Pues eso, todos ahí mete-saca y de golpe, pluf, Astaroth y yo aparecemos en medio de esa locura de bacanal.

Los gritos no tardaron en llegar al reparar en nuestra presencia.

Unos se limitaron a señalarnos, otros se levantaron -sí, estaban todos en pelotas- y se largaron corriendo vete tú a saber dónde.

No me importaba. Yo solo quería saber dónde estábamos y si, allí, alguien era capaz de ayudar a mi demonio.

—Necesita ayuda, ¡está herido! —exclamé, sin mirar a nadie directamente, me negaba a quedarme con la boca abierta con tanto pecho XXL y esas... esas... ¿berenjenas? anormalmente grandes.

Más gritos, insultos, protestas... Estaba a punto de maldecir, pero todo quedó en silencio cuando un hombre se levantó de ¿un trono?

¿Y eso? Me quedé pasmada. Era... espectacular, alto, fuerte y con un aura de peligrosidad que te daban ganas de ponerte de rodillas y suplicar por su perdón.

Su rostro parecía cincelado por el mejor escultor; sus cabellos eran cortos, salvajes, sus ojos de un azul tan intenso que te atrapaban y no te soltaban.

Y su cuerpo... ejem, mejor no seguir bajando la mirada o acabaría chillando y avergonzándome todavía más.

Me aferré al cuerpo inerte de Astaroth, que seguía respirando, aunque no había recuperado la conciencia desde que usó sus últimas fuerzas para teletransportarnos lejos de aquella loca.

No quise mirarle o acabaría por derrumbarme.

Debería estar contenta por si... el vínculo que nos unía se rompía, sin embargo…

no tenía ni idea del porqué, pero no... no quería que se rompiera así.

Lo que nos unía era algo más que un vínculo mágico, nuestras almas estaban entrelazadas y, a cada minuto, ese enlace se fortalecía.

Contuve la respiración cuando ese hombre se detuvo a un paso de distancia de nosotros.

Durante un momento, nos miró y luego se puso a reír, salvajemente, echando la cabeza hacia atrás y colocando sus manos sobre sus caderas.

No levanté la mirada porque si lo hacía, me encontraría su berenjena-calabacín sobrenatural y extra XXL ante mi rostro.

¿Por qué narices Astaroth nos había traído a una orgía alocada?

¿Él también participaba en ese tipo de encuentros?

Un ramalazo de celos me recorrió por dentro y estuve tentada a golpearle el pecho, aunque me contuve a duras penas pues se hallaba malherido, pero en cuanto se recuperara le interrogaría.

«Ah, ahora tienes celos, ¿eh?», una voz resonó en mi mente. La ignoré.

En cambio, sí chillé cuando oí la de ese extraño preguntarme:

—¿Cómo has conseguido que este hijo de puta se encuentre así?

Miré hacia arriba, y me arrepentí en el mismo instante de hacerlo.

Me puse roja, no pude evitarlo. ¿Es que no tenía reparo por estar en pelotas ante una desconocida?

¿No podía ponerse algo por encima? Aunque sea taparse con la mano...

bueno, no sería capaz de taparse eso con las manos, pero algo. ¡Algo!

—Eh, yo no he sido —fue lo único que conseguí tartamudear mientras miraba una mancha del suelo. No quería ni pensar de qué era. ¡Mierda! Y yo de rodillas en ese suelo. Puaj. En cuanto pudiera, quemaría mi ropa.

—¿Y cómo acabó así?

—Nos atacó una... —¿Debía ser sincera? Al final opté por decir la verdad, ya que necesitaba ayuda, que alguien salvara a Astaroth—... demonio y Astaroth consiguió transportarnos hasta... ¿aquí? Necesita ayuda, está muy malherido.

El hombre volvió a carcajearse.

—Eso es evidente, el cabronazo está muy jodido. En fin, habrá que ayudarle. ¡Atención! —Golpeó las palmas y gritó—: Se acabó la fiesta. Desalojad la sala, ¡ya!

Miré de reojo y todos los presentes echaron a correr hacia las puertas de salida, era asombroso como -en cuestión de segundos- solo quedamos nosotros tres.

—Apártate, voy a curar a este cabrón.

Le obedecí, por supuesto que sí; me levanté con dificultad y contuve mis quejidos ante el dolor que me recorrió todo el cuerpo. Estaba vapuleada, dolorida y con ganas de quemar mi ropa, pero no era el momento de hacerlo.

Me separé unos pasos y el hombre extendió la mano hacia Astaroth, entonces un haz de luz comenzó a surgir entre sus dedos.

La intensidad fue creciendo hasta que tuve que volver a cerrar los ojos, y taparme la cara para que esa luz no me hiciera daño.

Noté un calor intenso, todo mi cuerpo se erizaba por esa muestra de poder.

Su magia era poderosa, peligrosa y era una suerte que estuviera atendiendo a Astaroth y no enfrentándose a él; si fuera así, acabaríamos muertos.

—Levántate, mamón y cuéntame qué coño ha pasado.

Abrí los ojos y tuve que parpadear. Me molestaban un poco los ojos, pero todo quedó olvidado cuando vi que Astaroth se levantaba del suelo.

Sin pensarlo, me lancé a sus brazos llorando y chillando.

Le insulté y le dije cosas que ni siquiera pensaba, dejándome llevar por todas las emociones que había contenido hasta ese momento, por todo el miedo, la preocupación y la ansiedad que sentía.

Ese demonio era el único culpable y merecía mis chillidos.