CAPÍTULO 11
Pude orinar con calma, eso sí, lo hice sin mirar al espejo. El muy imbécil había “apagado” a esa irritante mujer, pero su imagen seguía plasmada en el espejo.
Tendría que hablar con él de nuevo. Aquella idea me sorprendió.
¿Por qué debería hacerlo? ¿No sería mejor contactar con Rowan e intentar romper lo que me unía al demonio antes de que fuera a más?
No podía creer que mi destino estuviera ligado a él, ¡para siempre!
Aquella frase me daba escalofríos. El amor tenía que ser otra cosa, no un fallo de un hechizo y ¡plaf! Ya tienes compañero, lo quisieras o no.
Me lavé las manos sin levantar la cabeza y me las sequé con rapidez, a pesar de que aún no quería salir del baño. Intentaría contactar con Rowan.
Me coloqué en el centro del baño y cerré los ojos. Respiré hondo y me concentré en mi núcleo mágico. Podía ver la magia del demonio rodeándolo. No quise tocarlo, así que actué con cuidado para que Astaroth no se percatara de nada.
Hice vibrar mi núcleo al amplificar su poder, de una manera constante y muy suave. Murmuré un hechizo y realicé un gesto con la mano sin perder la concentración.
Poco a poco lo sentí, mi magia se extendía como un chicle y se movía por el espacio hasta alcanzar su objetivo.
Era sencillo localizar a Rowan después de tantos años de amistad, nuestros núcleos se reconocían y se encontraban con facilidad.
Teníamos afinidad entre las dos, además de ser capaces de soportarnos pese a los cabreos que nos pillábamos.
Aguanté la respiración cuando noté cómo Rowan dudó.
«¡Acepta, coño!», pensé con intranquilidad. No sabía de cuánto tiempo disponía.
«¿Morgana?», inquirió dudosa.
«¡Rowan, por fin! ¿Por qué has tardado tanto?», exclamé.
«¡Pero si acabas de contactarme, yo...!», contestó.
«No dispongo de tiempo. Escucha. Sigo con el demonio, estoy en una isla de su propiedad y dice que la invocación y el hechizo han provocado que estemos enlazados como compañeros para siempre.
¡Busca un modo de romperlo! Ve a la escuela y revisa la biblioteca, tiene que haber algo.
¡Esto no puede ser verdad! Necesito ayuda».
No logré oír la respuesta de Rowan porque, de pronto, empecé a toser y a convulsionar, hasta que caí de rodillas. Me eché hacia delante y escupí sangre.
—¡Maldición! —susurré.
¿Cómo iba a justificar al demonio que me desmayara, en un charco de sangre, en su cuarto de baño? No me dio tiempo ni a preocuparme, ya que colapsé. Era la primera vez que me sucedía algo semejante y solo por contactar con Rowan.
«Estar unida a un demonio apesta», me lamenté antes de dejarme llevar por la oscuridad, notando la frialdad del suelo bajo mi cuerpo y volviendo a toser sangre.