CAPÍTULO 5
—¿Qué ha pasado? —pregunté cuando recobré el sentido. Parpadeé, me dolía la cabeza. Intenté reconocer dónde me encontraba, pero no pude, mi mente estaba nublada.
—Pues que casi te matas por no escucharme e intentar alejarte de mí, ya te dije que estamos unidos para siempre. Eres mía, debes aceptarlo de una vez.
Esa voz... Giré la cabeza y... ¡justo! Ahí estaba Astaroth.
Entonces me di cuenta de que seguía tumbada en el suelo, aunque medio recostada contra su cuerpo, tan pegados que noté su corazón bombear con fuerza.
De nuevo, mi cuerpo -el muy traidor- reaccionó al suyo con un intenso cosquilleo y temblando de deseo.
—¡Tú!
—Sí, yo. Ah, y te he salvado la vida, por cierto, así que de nada.
Intenté levantarme pero no pude, mi cuerpo no reaccionaba. Mi magia tampoco. Estaba... agotada.
—No vuelvas a huir de mí de esa forma, has estado a punto de morir.
—Eso es imposible.
Esbozó una sonrisa aunque esta no le llegó a sus ojos, semejaba como una mueca nerviosa.
—¿Tú crees? ¿No te dio la impresión de que el corazón estaba a punto de estallarte, como si el mundo fuera a consumirse a tu alrededor?
Eso mismo sentí yo cuando desapareciste.
Me volví loco. No sé cómo describírtelo, pero tu magia está atada a la mía; tu alma está enlazada con la mía.
Somos compañeros, lo quieras o no. Esta noche me invocaste y ya no hay vuelta atrás, cielo.
Tendrás un demonio a tu lado por toda la eternidad.
—No lo quiero, no pretendía provocar esto, yo solo...
Él soltó un suspiro largo, cansado, y me apretó un poco inconscientemente, acercándome más a él como si necesitara asegurarse de que seguía a su lado.
—Lo sé, yo tampoco te buscaba. Llevo toda la eternidad burlándome del amor para encontrarte así... Pero, ya no hay vuelta atrás. Estamos unidos, ¡acéptalo!
—¡Tiene que haber alguna forma de romper este enlace!
—Si das con ella, te convertirás en la Reina del Infierno pues Dios, como burla hacia todos nosotros, nos condenó a buscar eternamente a la única mujer que nos complementaría, que se uniría a nuestra alma, que...
—¡Me da igual! Soy una bruja, soy mortal, soy...
—Mi compañera, y ya has comprobado que no podemos alejarnos, a no ser que quieras morir joven, y te aseguro que si lo haces: iré a por ti y te traeré de vuelta.
Parpadeé y tragué con dificultad, ya que lo decía en serio.
Necesitaba alejarme de él porque cuanto más tiempo permanecía a su lado, más reaccionaba a él.
No sé cómo explicarlo, era como si... todo mi ser gritara que Astaroth era mío y que debía asegurarme de dejárselo claro, tanto al mundo como a él.
Nunca en mi vida me había sucedido algo parecido, mi cuerpo, mi corazón, mi magia, todo se estremecía con su presencia, con su mirada, con su voz, con su roce...
—¡Me has embrujado!
—Entonces los dos somos culpables, cielo, porque no tienes ni idea de cómo me estoy conteniendo para no follarte aquí mismo y asegurarme de que entiendas, de una maldita vez, que me perteneces.
Oí voces, intenté mirar de dónde provenían, pero él me lo impidió. Me levantó en brazos y me estrechó con fuerza, al tiempo que decía:
—Será mejor que nos vayamos, no quiero testigos ni que nadie ose impedírnoslo.
—Si piensas que voy a abrirme de piernas, estás muy...
No pude acabar la frase. Su magia nos envolvió y gemí de puro placer. ¿Cómo era posible? Ni puta idea, si os soy sincera, pero sentí un cosquilleo directo a mi corazón y me humedecí de deseo.
Si aún seguíamos ante las puertas de la Academia no tardamos en dejarla atrás, pues entramos en una especie de túnel de oscuridad en el que el sonido desapareció y el tiempo se detuvo.
Solo existíamos él y yo, y ahí lo supe. Sería complicado romper lo que nos unía... y mi cuerpo se negaba a ello, por mucho que mi mente racional lo deseara.
Ese demonio era una extensión de mi alma y de mi corazón, ese demonio... Astaroth había aparecido en mi vida sin desear encontrarle ni buscarle, pero estaba segura de que ahora sería incapaz de alejarlo de mí.