Ups, he invocado a un demonio por error CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

—No —susurré, desde el suelo—. Esto no puede ser real.

En medio del círculo mágico había un hombre. Era alto, de hombros anchos y cintura estrecha, llevaba una chaqueta oscura impecable y su postura era relajada... demasiado para alguien que había cruzado un pentagrama de la nada.

«¿Quién es? ¿Por qué ha cruzado el pentagrama?», miles de pensamientos inundaron mi mente, pero no encontraba ninguna respuesta.

No pude apartar la mirada de él, aquel desconocido se cruzó de brazos y miró a su alrededor hasta que sus ojos se encontraron con los míos.

Entonces, en ese mismo instante, lo sentí.

Un dolor intenso se extendió en mi pecho, seguido de un ardor que parecía que iba a consumirme y reducirme a cenizas.

Chillé y me eché hacia delante, agarrándome el pecho, ahogándome de dolor.

—Por los cojones de los ángeles…

«Oh, Dioses», murmuré en silencio al oír la voz del intruso. Era puro fuego, un tono que conseguía que se te derritieran hasta los huesos.

Intenté moverme y levanté la cabeza, aun en medio de ese dolor intenso que experimentaba no pude evitar observarle. Sin embargo, casi hubiera sido mejor que no lo hiciera porque sus ojos me atraparon y ya no pude desviar la mirada.

«¿Quién eres?», chillé en mi mente, una y otra vez. «¿Qué tipo de magia es esta?», me pregunté incapaz de razonar, pues mi mente era un torbellino de emociones, de dolor, de... ¿deseo?

Jadeé cuando noté un ramalazo de deseo directo, sorpresivo y tan intenso que me obligó a gemir.

Y mi gemido... le hizo sonreír.

«Maldito», lo insulté, aunque no logré hacerlo en voz alta.

Esa sonrisa debía considerarse pecado. El muy imbécil era demasiado alto, demasiado sexy , demasiado...

—No esperaba encontrarte, pero ahora que te tengo... no te perderé de vista en toda la eternidad.

—¡No! —conseguí gritar con todas mis fuerzas, rompiendo un poco la magia que me envolvía y me ataba.

Mi negativa hizo que esbozara una sonrisa confiada, que me recordó a la de un lobo a punto de saltar sobre su presa.

Su rostro era perfecto, como salido de mis mejores sueños húmedos, y tenía un porte que gritaba poder por todos los poros de su piel.

Su postura resultaba relajada, como si tuviera el control del mundo.

Era... sexy y peligroso, al mismo tiempo.

—Niégalo todo lo que quieras, preciosa, pero tú también lo percibes, ¿verdad? Lo veo en tus ojos y... —Inspiró hondo y su sonrisa se amplió todavía más—. Huelo tu excitación. Eres perfecta para mí.

Debía atacarle, intentar echarle de mi casa a golpe de hechizo, lanzarle algo a la cabeza, gritar a Rowan para que reaccionara de una puta vez y lo atacara ella, pero lo único que hice fue abrir la boca como una idiota, negar con la cabeza y humedecerme toda. Sí, me excité, ¡maldita sea!

—¿Quién eres? —susurré sin dar crédito a lo que estaba pasando. Aquello parecía una pesadilla, o un sueño húmedo, y no era capaz de despertar.

—Tengo muchos nombres, ¿cuál prefieres? —respondió el muy maldito con una enorme y burlona sonrisa.

Estaba harta de tanta sonrisita. Jugaba conmigo, como si supiera algo que yo desconocía, y necesitaba respuestas.

—Tu nombre real, ¡coño!

Sus carcajadas me desarmaron, se echó hacia atrás y rio con fuerza, por lo que sus risotadas resonaron en el silencio del salón. Si os soy sincera, ni siquiera recordaba que Rowan estaba allí, pues solo tenía ojos para aquel extraño hombre.

—Qué boca tienes, eso me... excita. Imagino esos labios en...

—¡Tu nombre! —volví a exigir, lanzando un hechizo de ataque, un haz de luz capaz de desintegrar todo lo que tocaba.

Contuve el aliento al ver al intruso disolverlo con un simple movimiento de su mano. Sus ojos brillaron de una tonalidad rojiza apenas unos segundos, justo antes de regresar a su color turquesa. Aquello me alertó. Ese hombre era un brujo o...

—Cielo, si quieres darme duro tendrás que hacerlo mejor. Pero bueno, antes de que vuelvas a insistir, me llamo Astaroth, pero tú puedes llamarme como quieras.

Jadeé de la sorpresa y Rowan chilló de puro terror. ¿El motivo? Muy sencillo.

Astaroth era el nombre de uno de los demonios del círculo más íntimo del Rey del Infierno, Lucifer.

¿Había invocado a un demonio cuando lanzaba un hechizo para atraer el amor para mi amiga?

La respuesta estaba ante mí, quien en ese preciso momento me devoraba con la mirada, mientras no dejaba de sonreír, quien...

¡Maldición!